El más reciente informe de Cuentas Financieras del Banco de España revela datos sobre el papel una evolución positiva de la salud financiera de las familias y empresas del Estado: la deuda de los hogares y empresas cae al 42,8% y 62,6% del PIB, respectivamente, mínimos en 25 años. La riqueza financiera neta familiar equivale al 156,8% del PIB y la tasa de ahorro se sitúa en el 5,6% en relación al mismo parámetro. La estadística dice, en consecuencia, que las familias tienen el mayor colchón de su historia moderna y las empresas balances sólidamente capitalizados, lo que despeja el temor a una crisis por sobreendeudamiento privado. Una menor carga financiera aporta soporte ante el marco de incertidumbre que nos rodea y hace a las familias menos vulnerables a subidas de tipos.
No obstante, es imprescindible significar algunos otros factores. El ahorro de empresas y familias nace de la prudencia –incluso el miedo–, no de la confianza. Es una respuesta a esa incertidumbre percibida. En segundo lugar, es un riqueza condicionada por la revalorización de activos (fondos, participaciones) y no tanto por nuevo ahorro real. Adicionalmente, cada hogar que ahorra por precaución debilita la demanda y esto condiciona la continuidad del crecimiento. Sin contar con el mero factor estadístico de que esa riqueza no está equilibrada en el tejido familiar y muestra severas diferencias de renta.
En el ámbito empresarial, la relación con el PIB es más directamente virtuosa, en tanto crece más rápido que la deuda y aporta solidez a los balances, configurando un sector productivo financieramente robusto. Pero cerra el círculo ventajoso reclama que ese capital financiero se movilice, porque si el miedo congela el gasto familiar y la inversión empresarial se cortará el crecimiento. Además, el ahorro famliar depositado en fondos y participaciones se evaporaría, o al menos mermaría, si estos productos –que ahora concentran la capacidad de los hogares de generar excedente de recursos financieros– caen por una corrección de mercados. En consecuencia, una buena salud financiera coyuntural siempre es una fortaleza añadida. Pero el colchón no se sostendrá si los capitales se guardan debajo de él y ese dinero no se transforma en inversión y consumo cuando mejore la confianza.