La visita del Papa León XIV a Canarias en su periplo por el Estado español con el tema de la política migratoria como asunto de fondo coincide en el tiempo con la entrada en vigor hoy del Pacto sobre Inmigración que aprobó hace dos años la UE. Una estrategia de control y seguridad de los flujos de llegada de personas migrantes que apuesta por respuestas punitivas y policiales y por una mercantilización de la acogida –incluida la apertura de centros de expulsión para las personas que entre ilegalmente en las fronteras europeas a cambio de pagar a los países que acepten esas instalaciones–, que ha sido duramente cuestionada por las organizaciones de derechos humanos. Y que tampoco tiene mucho que ver con las palabras y los mensajes que dejó ayer en Canarias, la ruta más mortífera de la inmigración hacia la UE hoy, León XIV.
Lo cierto es que dejando de lado las actitudes simplistas y buenistas y la muy escasa información que el Gobierno central ha trasladado a las comunidades sobre la aplicación de la nueva normativa europea, la inmigración necesita soluciones efectivas que aborden los flujos de llegada o la seguridad de las personas que vienen a vivir a las fronteras. Pero no puede abordarse esa política a costa de dejar de lado los propios valores de la UE y vulnerando derechos humanos como el derecho al asilo.
La fuerte presión de la ultraderecha en todo el mundo está llevando a la migración, el asilo y el refugio –derechos reconocidos internacionalmente– a una inaceptable equiparación con lo delictivo y una persecución violenta de las personas migrantes y refugiadas. El caso de la violencia desatada ahora en Belfast es el último de una larga lista. Un discursos que avanza –en el estado español de la mano de los gobiernos de PP y Vox y lo que denominan prioridad nacional–, asentado cómodamente en el egoísmo creciente de las deshumanizadas sociedades avanzadas, capaces de ignorar el drama diario a sus puertas o, en el mejor de los casos, de limitar sus esfuerzos frente al mismo con políticas economicistas o, peor aún, populistas.
Un asunto clave también para territorios como Navarra y la CAV, ubicados en una parte importante por su localización de la frontera norte del Estado y al que las administraciones forales deberían aplicar un seguimiento especial en estos tiempos confusos de una crisis humanitaria de dimensiones y consecuencias tanto sociales, como laborales y económicas indescifrables. l