El anuncio de que EEUU e Irán han alcanzado un acuerdo de paz que firmarán el viernes en Ginebra ha servido de momento para reducir el precio del barril de petróleo e impulsar los mercados, donde el Ibex ha roto su techo histórico de 19.000 puntos. Se supone que el acuerdo incluye también la reapertura de Ormuz, aunque su control y la política nuclear de Irán siguen en el aire. Y tampoco está claro el futuro de Líbano, que Trump e Irán han anunciado como parte del pacto, pero varios ministros de Israel y el propio Nertanyahu lo han desmentido. De hecho, no parece posible el fin de la guerra mientras el Líbano esté en llamas y continúe la matanza, la limpieza étnica y el robo de tierras en Palestina, tanto en Gaza como en Cisjordania.
Tras más de 40 anuncios de paz por parte de Trump y casi cuatro meses de bombardeos, muerte y destrucción, las incógnitas y cautelas siguen siendo mayores que las certezas, aunque parece evidente que Trump necesita esta paz para frenar el deterioro de su imagen en EEUU y frenar el precio de los combustibles y la energía con la vista puesta en las elecciones de noviembre. Si pensó en una guerra rápida y en una intervención como la de Venezuela, el fracaso es real y total. Pero igualmente Irán anhelaba la paz para reordenar el poder interno, reparar todo lo destruido por los bombardeos y renovar los sistemas de defensa y armamento. El anuncio coincide con el comienzo de la Cumbre del G-7 –Estados Unidos, Japón, Alemania, Italia, Reino Unido, Francia, Canadá e Italia –, que acoge este año la ciudad francesa de Evian con la mala época que atraviesan las relaciones entre la UE y EEUU, el aumento constante de los precios de la energía, materias primas y alimentos, la cada vez mayor sombra del poder económico de China y el resto de países que forman los Brics y los conflictos de Ucrania y Oriente Medio.
No saldrá nada mejor de esta Cumbre del G-7. El belicismo seguirá en auge, seguirá habiendo campos de refugiados y miles de personas huyendo del hambre y las guerras, continuará la explotación de otros seres humanos y el expolio de los recursos naturales de la Tierra y crecerá la especulación de los mercados con el clima, la tecnología, la energía, los alimentos y el agua. Al contrario, porque el diseño del nuevo modelo económico y social del mundo no se hace en función de los intereses de la Humanidad.