Cuéntame un cuento

19.05.2020 | 17:39

Les voy a contar un cuento. Esto era una cuadrilla de amigos, cuyo germen eran tres amigos del cole, al que posteriormente se unieron algunos en el instituto y las últimas incorporaciones fueran en la Universidad. Como en todos los grupos cada uno tenía sus virtudes y sus defectos y todos aportaban al grupo en función de sus posibilidades. De manera que a veces el más retraído sorprendía gratamente al resto.

Juan, no era de estos, le gustaba estar en todas las salsas, tenía maneras de líder, era extrovertido y con un puntito chulesco que en esos primeros minutos iniciales algunos lo etiquetaban de fanfarrón y pensaban que era un jatorra del Botxo. Venía de familia de clase media acomodada y le iba bien en la vida, era trabajador, pero nunca decía que no a una fiesta. La crisis del 2008 le propinó una buena cornada y aunque tenía algo de patrimonio, se quedó sin efectivo.

Para salir del paso busco un préstamo en su habitual Caja de Ahorros, él era de cajas no de bancos, pero los políticos que se sentaban en el Consejo de Administración la habían quebrado. Y en los bancos la situación no estaba para prestar a desconocidos. Sus amigos decidieron dejarle el dinero con lo condición de que cuando le fuera bien lo devolviera.

En 2015 Juan empezó a ver la luz, las cosas le iban bien. Y retomo su tren de vida. Se compró un coche nuevo, uno de esos SUV que se habían puesto de moda y del cual presumía en las quedadas con los amigos, volvió a viajar al extranjero, se cambió de móvil, redecoró su apartamento de la playa, y si le sobraba devolvía poco a poco el dinero que debía. Entre sus amigos había quienes lo conocían de siempre le perdonaban su forma de ser, pero otros empezaban estar cansados de sus aires de niño de posibles y que todavía no les hubiera devuelto lo prestado

Y de repente en la primavera del 2020 apareció el maldito coronavirus, Juan tuvo que ir a un ERTE como casi muchos de sus amigos a excepción de Cristina que era enfermera y que no paro de trabajar en pésimas condiciones y con temor de contagiar a Javier, su marido, que trabaja en el sector de la alimentación y que tampoco paró. Mientras Ana hacía maratonianas jornadas de teletrabajo y Paco se encargaba de la prole y la casa. Quien si se libro fue Pedro que era funcionario de Hacienda cobraba su sueldo íntegro y además no tenía que atender al público a pesar de iniciarse la campaña de la renta. Quien lo paso muy mal fue Manolo, policia, que estuvo ingresado, se contagió por ir a rescatar a unos descerebrados que se habían ido de acampada en Semana Santa. Joselú, sacerdote, le faltaban horas entre asistir virtualmente a la feligresía y junto con Montxo organizar las Caritas para atender las nuevas y urgentes necesidades del barrio. Los servicios sociales sólo atendían en horario de 8 a 3. A Maite se le había acabado el contrato temporal el día 13 de marzo y todavía tras dos meses, sigue peleando con el SEPE para cobrar su desempleo. Y quienes andaban sin terminar de remontar eran Blanca y Alfonso habían perdido a sus padres y no les dejaron despedirse, ni asistir a su funeral por las restricciones.

Con la desescalada Juan había sido de los primeros en salir a tomar unas cervezas. Pero las noticias de ayer le hicieron que se le atragantasen, la empresa donde trabaja anunciaba recortes; y Juan iba a tener que volver a pedir dinero.

Ahora le pregunto estimado lector: ¿le dejaría dinero ahora a Juan?

Y si le digo que esto es una metáfora y que Juan es España y la cuadrilla la Unión Europa. ¿Qué piensa? Normal que ahora si nuestro gobierno pide dinero nos pongan condiciones a la devolución y sean serios y exigentes en los plazos. No se puede presumir de sistema económico y sanitario, de crecimiento del PIB y luego pedir€

Es cierto que Europa no ha funcionado como muchos esperábamos y deseábamos en esta crisis sanitaria, tampoco termina de despegar como adalid en un mundo de cambios e incertidumbres. Los intereses nacionales priman sobre los comunes de todos los miembros. Hemos asistido a miserables confiscaciones de cargamentos en los aeropuertos y a un sálvese quien pueda. Es ahora o nunca, su momento. ¿Pero hay alguien capaz para guiar este proyecto?

A nivel mundial los dirigentes que hay son vivo reflejo de sus sociedades desnortadas y enfermas de codicia, Trump, Johnson, Bolsonaro, Putin, Xi Jinping o el escondido Kim Jong-un, menuda banda. Empero nuestros políticos nacionales y autonómicos con sus multitudinarios ejecutivos y sus numerosos asesores dejan también mucho que desear.

Y viendo las imágenes de las terrazas parece que los españoles hemos pasado del Resistiré a la canción de Celtas Cortos: "Cuéntame un cuento. Y veras que contento. Me voy a la cama. Y tengo lindos sueños".

Lo último Lo más leído