Mesa de Redacción

Al ministro y ¿juez? Marlaska

18.03.2021 | 00:22
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, durante una sesión de Control al Gobierno.

marlaska está empeñado en pasar a la historia –la historia siempre acaba llegando antes o después y después nunca es tarde aunque en el pretencioso presente lo parezca– como uno de los peores personajes de toga de la judicatura española. Y eso que lo tiene difícil, la verdad, pero o ha tenido muy mala suerte o ha sido muy malo en su trabajo o le han utilizado como un sumiso tonto útil a cambio de una carrera judicial mediática y política en la que el tiempo solo dejará como currículo el desprestigio. El caso del asesinato por torturas en Intxaurrondo del joven navarro Mikel Zabalza llegó de nuevo al Congreso de la mano en este caso del diputado del PNV Aitor Esteban. Se lo planteó fácil Esteban al ministro Marlaska: tan solo que lleve personalmente ante el Consejo de Ministros la petición para desclasificar los documentos sobre esta muerte vinculada a casos de tortura, lo que permitiría ordenar la reapertura del procedimiento judicial. Y el juez Marlaska, ahora en el sillón de ministro de Interior –lo que ya dice mucho, porque para ministro de Justicia al parecer no le daban los méritos adquiridos–, mira para los Cerros de Úbeda, afirma que desconoce que haya información clasificada sobre el caso, lo contrario sería acumular varios delitos, y que la instrucción judicial de 20 años ha sido "impecable". Impecable, dice supongo que poniéndose rojo. Jode, que a Mikel Zabalza lo asesinaron en mitad de un interrogatorio con torturas en Intxaurrondo es público y documentado. Que Mikel Zabalza era un joven ajeno a ETA, un conductor de autobús –aunque eso no quite ni ponga nada a los hechos ilegales y antidemocráticos–, también. Que después de ser asesinado con el infame método de la bolsa fue arrojado al río Bidasoa, también. Que ministros, altos cargos policiales y jueces y fiscales miraron para otro lado, si no se rieron de la familia de Zabalza, de sus abogados, del Estado de Derecho garantista y democrático y de la democracia en estos 35 años, también. Que quienes participaron en aquellas torturas fueron protegidos, cuando no ascendidos en sus carreras como funcionarios, también. No sé, ya he escrito antes que un tipo con la ventaja profesional de ser funcionario, blindado laboralmente para siempre, que acumula –ya he perdido la cuenta– al menos siete condenas del Tribunal de Derechos Humanos de la UE por no investigar denuncias por torturas e incumplir así las obligaciones de su cargo según la propia legislación española –lo que para cualquier otro ciudadano sería un delito–, ocupe un cargo de ministro en un Gobierno democrático es incalificacble. Que se ría de los ciudadanos, piensen a lo que piensen, desde su escaño azul de ministro en el Congreso y de los valores de la democracia y de los derechos humanos, es propio de un reportaje humano sobre cualquier personaje bananero, sea el modelo político cual sea, inaceptable en una democracia avanzada.