Lobos disfrazados de ovejas

07.02.2020 | 16:20

Imagino la zozobra que albergará a mis amigos brasileños de la CONTAG tras la victoria política de Bolsonaro. Hace un par de semanas, en los pasillos de la FAO en Roma, su vicepresidente Alberto Broch, me trasladaba la inquietud que les generaba la sola posibilidad de imaginar la victoria de un personaje así al que definía, no como ultraderechista, sino como, lisa y llanamente, fascista. Veremos en qué y cómo les afecta a los millones de campesinos de este gigantesco país donde la agricultura tiene un gran peso.Más cerca, la zozobra ha llegado a los numerosos ganaderos vascos que practican una ganadería extensiva o semi-extensiva, combinando los pastos colindantes al caserío con los pastos montanos, al conocer por la prensa que el Gobierno Vasco ha aceptado incluir el lobo en el Catálogo de Especies Amenazadas de Fauna y Flora del País Vasco. Indagando un poco en la inquietante noticia compruebo que no es que el Gobierno haya incluido el lobo en dicho Catálogo sino que ha aceptado iniciar, tras un cierto impass sin dar respuesta a la solicitud del Grupo Lobo, el trámite administrativo que, finalmente, acabará con la inclusión, o no, del Lobo en dicho Catálogo.

Como se imaginarán, las fuerzas vivas del sector primario, e incluso las moribundas, están con los pelos como escarpias ante semejante amenaza que se cierne sobre sus cabezas puesto que ante el insistencialismo de este tipo de grupos ecologistas que campan a sus anchas ante el pasotismo de unos muchos y la complicidad de otros, la sensación reinante es que la sentencia está dictada y que una vez más, los ganaderos, serán los paganos de una sociedad que disfruta y goza observando animales como el lobo que, mal menor según ellos, hacen la puñeta a esta gente que se dedica a gobernar su ganado, como afirman sus detractores, "tumbados a la bartola y forrados a subvenciones".

La mera inclusión en el Catálogo, por muy inocente que parezca, conlleva pareja la aprobación de un plan de gestión del bicho donde se asienten las bases para impulsar su pervivencia cuando no, su crecimiento exponencial, por lo que se imaginarán que los ganaderos, especialmente los pastores, están saltando de alegría imaginando que de aquí en adelante, ojalá me confunda, deberán convivir con el lobo (además de con el jabalí, con el corzo, con el buitre, con los perros sueltos, ?) y vivir en una pesadilla permanente además de aprender a dormir con un ojo abierto toda la noche.

Les anticipo, lo tienen crudo. Los que viven cómodamente en la ciudad y disfrutan los findes paseándose por el monte son legión pero se permiten la licencia de dictar lo autorizado y los prohibido en el monte "de todos" mientras que los que viven de su trabajo en el monte son una minoría y además no cuentan con el respaldo ni social ni político suficiente para darle la vuelta a la situación.

Los cómodos, más técnicos, asesores, consultores, políticos de medio pelo y buenistas que pueblan nuestra sociedad les dirán que deben aprender a convivir con la alimaña, que deben proveerse de mastines, que el turismo de observación impulsará el desarrollo rural, que los pocos daños ocasionados serán resarcidos con subvenciones y así, suma y sigue, en una especie de rosario que los ganaderos deberán tragar, muy a su pesar, para iniciar el camino descendente que nos lleva al abandono o hacia un modelo de ganadería intensivo que, paradójicamente, tampoco quieren los previamente citados.

En esas estamos cuando medio país se alarma con las imágenes de unos pastores que rescatan su rebaño hundido en la nieve en las estribaciones del Gorbea tras salir despavoridas por el ataque de tres perros, como siempre, sueltos, propiedad de unos paseantes que, seguramente, llevaban los perros sueltos para que se desfogasen en el monte que, lamentablemente, consideran que es de todos.

Lo repito hasta la saciedad. El monte privado, como dice el propio término, es propiedad de una persona-familia determinada y por lo tanto, si usted quiere acceder o utilizar dichos terrenos debiera contar con su autorización previa. El monte público, en su gran mayoría, tiene unos gestores y a través de concesiones de uso, son utilizados por ganaderos que, mayoritariamente, abonan el canon establecido por la administración propietaria de dichos montes de utilidad pública, por lo que, una vez más, si usted quiere acceder y/o hacer uso de esos montes, cuando menos, debiera tener en cuenta que hay unos usuarios autorizados que viven de la actividad ganadera.

Como ven, el monte, pero muy especialmente, el mundo urbano se halla repleto de lobos disfrazados de inocentes ovejas que van por delante con su discurso teórico de que están a favor del mundo ganadero, del campo, de la práctica extensiva de la ganadería, de la convivencia del ganado con otras faunas salvajes pero, en mi opinión, a estos lobos se les ve rápida y fácilmente la temible patita de lobo que lo único que busca es la aminoración, cuando no erradicación, del ganado en las montañas para que la fauna salvaje campe a sus anchas. Sé que suena cruel pero, cada vez estoy más convencido que es la cruda realidad.