Tormentas e inundaciones repentinas

09.02.2020 | 20:18

Uno de los parecidos a los que más recurrimos los meteorólogos para explicar la dificultad de la predicción de las tormentas lo encontramos en una olla llena de agua hirviendo. El calentamiento por debajo provoca que se active el movimiento del fluido mediante remolinos verticales, que se mezcle el calor mediante lo que llamamos convección y que se formen burbujas. Aunque sabes que las burbujas acabarán llegando a la parte de arriba, no puedes anticipar ni en qué momento ni en qué posición exacta lo harán. Sólo cabe un tratamiento estadístico. Algo similar ocurre con las tormentas, uno de los fenómenos meteorológicos más difíciles de predecir. Conocemos bien cuáles son las condiciones favorables a su ocurrencia pero no podemos, hoy por hoy, predecir con exactitud el lugar, la hora y la intensidad que tendrán. Necesitaríamos un nivel de detalle en nuestras observaciones y nuestros modelos físico matemáticos que es, seguramente, inabordable. Sin duda llegarán avances en los próximos años y la mejora en la predicción de este tipo de fenómenos vendrá, por un lado, de una cobertura más amplia en nuestra red de estaciones e instrumentos de teledetección que nos permitan identificar cuanto antes el inicio de este tipo de fenómenos y, por otra parte, de una mejora en nuestros sistemas de predicción a corto plazo, orientada a lo que llamamos "sistemas de predicción por conjuntos" que nos permita afinar, en términos probabilistas, en cuanto al nivel de riesgo de que ocurran estos fenómenos en una zona y periodo de tiempo determinados. En cualquier caso, un modelo no deja de ser una simplificación de la realidad y sus resultados no dejan de ser pronósticos, procesos por los cuales se estiman situaciones de incertidumbre.

En Aemet ejecutamos el modelo meteorológico de alta resolución Harmonie-arome de manera operativa 4 veces al día, esto quiere decir que cada 6 horas actualizamos la información disponible que ofrece el modelo. Contribuimos a su desarrollo y financiación dentro de un consorcio europeo en colaboración con otros servicios meteorológicos nacionales. Es un modelo que ya llevamos utilizando varios años y podríamos destacar muchas cosas, aunque quizá lo más relevante es el claro valor añadido que nos aporta en la predicción de las variables junto a la superficie (temperatura, viento, etcétera), comparado con modelos de mayor escala, y también una clara mejora de la predicción de nieblas de gran extensión espacial (si bien todavía hay bastantes falsas alarmas). Además de lo anterior, hemos comprobado una mejoría significativa de las predicciones de precipitación, tanto en distribución como en cantidad, aunque aún nos enfrentamos a muchas incertidumbres en la representación de la pequeña escala. Esto último es fundamental para entender por qué no podemos prever del todo el fenómeno de las inundaciones repentinas, como las que ocurrieron en la Zona Media el 8 de julio, u otras que hemos vivido en Navarra en los últimos años (Pamplona en junio de 2013, Elizondo en julio de 2014, Caparroso en septiembre de 2014, laguna de Pitillas en septiembre de 2017...). Como se ha mencionado antes, afinar hasta llegar a tal punto de precisar con suficientes horas de antelación el número de litros que dejarán las precipitaciones, las horas a las que se van a producir y las pequeñas cuencas que van a canalizar inicialmente los chubascos, no es actualmente posible. Además, el hecho de que la precipitación pueda alcanzar valores próximos a 200 litros por metro cuadrado en pocas horas es algo que se le escapa al mejor modelo numérico del mundo, debido precisamente a la excepcionalidad y extraordinariedad de un fenómeno así (no sucede sin embargo lo mismo con otros fenómenos extremos de mayor extensión geográfica y temporal, como la reciente ola de calor que también ha afectado a Navarra, o los vientos huracanados de borrascas muy profundas).

En el episodio del 8 de julio se activó por parte de Aemet un aviso amarillo por tormentas y precipitaciones intensas dos días antes, y se decidió vigilarlo ante la posibilidad de elevar el nivel de aviso, cosa que se hizo en cuanto se tuvo constancia de que las tormentas eran peligrosas por su intensidad y, sobre todo, por su persistencia, al quedarse aproximadamente estáticas sobre los mismos puntos. Este es un procedimiento que empleamos habitualmente. Se cuenta con menos tiempo de reacción en el caso de actualizar el nivel de aviso, pero tienes mayor probabilidad de no emitir una falsa alarma, circunstancia que tiene mayor importancia de lo que se pueda pensar. Un aviso naranja nos previene de que puede haber precipitaciones en el rango de entre 30 y 60 litros por metro cuadrado y hora, así que en ningún caso se triplicaron los niveles del aviso como se dijo inicialmente porque, a pesar de que llegó a llover el triple de esas cantidades en bastantes zonas, no sucedió en una hora, sino en toda la tarde. Nuestros avisos se envían a Protección Civil, a las delegaciones del Gobierno y a las salas de emergencias (112), entre otros, quienes se encargarán de actuar según sus protocolos y, en su caso, hacer extensible los avisos a los diferentes usuarios afectados. En el caso de Pamplona, también las enviamos al Área de Seguridad del Ayuntamiento. Y algo que no es menos importante es que el aviso por tormentas de nivel amarillo implica que pueden formarse tormentas generalizadas y darse lluvias y vientos localmente fuertes, además de granizo inferior a 2 cm. También advertimos que, dado el carácter de estos fenómenos, no se excluye la posibilidad de que se puedan producir tormentas de intensidad superior de forma puntual.

En cualquier caso, las inundaciones repentinas se repiten en todo el mundo cientos de veces al año. Sin ir más lejos han afectado también en los últimos días a zonas de Nepal, México o Italia, con fatales consecuencias. De nuestros colegas hidrólogos sabemos que la respuesta de una cuenca hídrica es muy dependiente de su tamaño, orografía, vegetación, suelo, estado de sus cauces y tiempo de concentración. También, en el nuevo enfoque de un análisis multiriesgo que va ganando protagonismo paulatinamente, hay que hacer hincapié en la exposición y la vulnerabilidad de la población. Es cierto que lo más rápido es mirar al cielo para saber cuánta agua nos ha caído, pero también hay que analizar lo que tenemos en el suelo para poder determinar la rapidez y la energía que adquiere el agua en su curso. Por ejemplo, desde un punto de vista hidrológico, no se modelizará igual una cuenca muy rápida, pequeña y de fuerte pendiente como puede ser la del barranco Gardalain (y en la que lamentablemente una persona fue arrastrada con su coche cuando se producían las precipitaciones torrenciales), que otra de mayor escala como puede ser la del Cidacos por encima de Tafalla, donde su margen izquierdo comprende aproximadamente 200 km2 y donde cada una de sus subcuencas puede responder de distinta manera.

Desde el punto de vista meteorológico, que es lo que nos compete, tenemos claro que el futuro debe centrarse en lo que denominamos técnicas de nowcasting y muy corto alcance, que agrupan la información de los modelos con la de otras fuentes, principalmente las observaciones de pluviometría en superficie pero, cada vez más, también los datos de teledetección provenientes del radar, del satélite o la detección de descargas eléctricas. Volvemos a lo de antes, el margen de reacción es mínimo en situaciones como la de la pasada semana, ya que sólo puedes avisar cuando el fenómeno comienza a producirse o, como mucho, unos minutos o incluso una hora antes. Por tanto, lo fundamental será establecer canales de comunicación ágiles, eficaces y basados en las tecnologías de la información. En el marco del proyecto Life NAdapta, adjudicado al Gobierno de Navarra, se pretende diseñar un sistema de alertas tempranas para situaciones como la del 8 de julio. Por interés común, nos parece fundamental colaborar con todos los actores involucrados, servicios y sociedades públicas adscritas a Medio Ambiente, el Servicio de Protección Civil y las Confederaciones Hidrográficas, tanto la del Ebro como la del Cantábrico.

Los autores son: delegado de Aemet en Navarra y coportavoz de Aemet, respectivamente