Juventud, viralización y telebasura

14.02.2020 | 02:20

"No hay jóvenes malos, sino jóvenes mal orientados" (San Juan Bosco).

"En el futuro todo el mundo será famoso durante 15 minutos" (Andy Warhol).

No vamos a descubrir nada si decimos que Tele5 y Antena3 son canales televisivos que emiten basura. Su objetivo es el de mantener entretenidas a las masas a través del morbo y el sensacionalismo. Programas de cotilleo, debates absurdos y concursos denigrantes para el común de los humanos son los ingredientes de una televisión que puede llegar a hipnotizarnos. El que suscribe se incluye entre los que han caído alguna vez en esa red, resultando atrapado en un limbo en el que uno se convierte en un ser más básico y elemental, más dócil y maleable. Está claro que esta televisión no nos hace mejores personas.

Cierto es que habrá quien diga que todo el mundo es libre para derrochar su tiempo en dichos menesteres y dedicar sus momentos de ocio a lo que le plazca. Vivir aletargado es una opción de vida, claro está, pero de igual forma quien está en frente también es libre para señalar que resulta enormemente doloroso saber que el voto de un ser humano cuasi mononeural tiene el mismo peso que el de aquel que tiene dos dedos de frente. ¿Por qué lo digo? Porque el crecimiento y desarrollo de la telebasura ha llegado ya hasta los propios programas de noticias, en donde en cierto modo se sobreentendía hasta hace bien poco que debería existir cierto rigor y profesionalidad al respecto. Que la política y los intereses económicos dominan los canales públicos y privados es algo que está al orden del día, por lo que la objetividad en los medios es ya una rara avis. Por ello, los programas de noticias ya no son para nada un refugio.

Sandra Golpe es la directora y presentadora del telediario del mediodía en Antena3. La forma en que traslada los contenidos a los televidentes la diferencia enormemente de la mayoría de los demás profesionales de las noticias. Gesticula, dramatiza, enfatiza con vehemencia, se sirve de las manos para comunicar, deambula por el plató? pareciéndose este espacio más a un programa de espectáculos y variedades que a un noticiero en sí mismo. Y el problema es que da la sensación de que está creando tendencia.

Esta forma de trasladarnos las noticias provoca que el espectador se muestre más predispuesto a aceptar las directrices ideológicas que se le proponen (por muy sibilinas que sean) porque le tensionan, le aceleran el ritmo cardiaco, rompen su sosiego, hacen que afloren sus emociones y dificultan su interpretación sobre lo que acaba de ver. Despierta pasiones y aviva instintos a la par que ahoga juicios y silencia críticas. Es que lo "dice la tele".

Además, este telediario tiene entre sus señas de identidad que no para de emitir grabaciones de escaso o nulo valor informativo pero que poseen un altísimo valor narrativo y visual, siguiendo así la línea del programa y de la cadena: vender basura a quienes consumen basura. Este programa de noticias es una auténtica máquina de propagar videos virales con imágenes de violencia gratuita, retos estúpidos que ponen en peligro a quienes participan en ellos, grabaciones deportivas que acaban en desgracia, personas cometiendo delitos? Un sinfín de sinsentidos que cabrían en un cajón llamado: cosas que nunca deberías hacer, y que por supuesto no deberían tener cabida en un programa de noticias.

Sirva como ejemplo algunos de los últimos videos o fotografías virales que han emitido en este horario: jóvenes que escalan edificios o se colocan en sus cornisas, niños que golpean a otros para que se caigan de cabeza al suelo, peleas callejeras en las que todos graban y nadie interviene, autolesiones, novatadas y acosos, palizas a compañeros de clase o profesores, insultos y menosprecios a personas sin hogar, chavales que saltan desde altísimos puentes o acantilados, descerebrados que se colocan en las vías del tren para que éste les pase por encima, el juego de ver quién es más valiente y se aparta más tarde cuando pasa el tranvía, retirar el oxigeno de una bolsa de plástico con tu cabeza dentro, dejar inconsciente a alguien con la llave del mata león, bailar fuera del coche con él en marcha? y para finalizar nuestra propia propuesta foral: grabarse corriendo delante de los toros en San Fermín.

Todas estas grabaciones tienen una serie de denominadores comunes: 1) Son ejecutadas por jóvenes, 2) el público al que va dirigido también es joven, 3) se alejan de los parámetros que el resto de generaciones consideramos normales éticamente hablando, 4) suelen poner en peligro a sus protagonistas y 5) el objetivo final es conseguir la mayor difusión posible para conseguir más seguidores. No voy a ser yo quien actúe como el abuelo cebolleta aludiendo que la juventud de hoy es peor que la de la generación que le antecede. Para nada, puesto que ésa es una discusión de cuñados que siempre estará ahí. Pero lo que sí que quiero denunciar es que este tipo de programaciones en estos canales televisivos están ayudando a perpetuar precisamente algunos de los problemas que sí que tiene frente a sí la juventud: que están enviando mensajes equívocos sobre modelos de conducta. Además, el propio hecho de que esto lo realice un telediario lo hace aún más vergonzoso por la responsabilidad pública que este tipo de programas tiene.

Vivimos en un mundo en el que obviamente todo está interrelacionado, puesto que tenemos todo al alcance de un solo click del móvil o del ordenador. Con ello las distancias y los tiempos se han reducido a la más mínima expresión. Estamos inmersos en la cultura de la inmediatez llevada al extremo y podemos conseguirlo todo sin necesidad de tener que contar con nadie, tan sólo sirviéndonos de las herramientas tecnológicas que tenemos a nuestro alcance. Y los jóvenes se mueven en estos ámbitos de forma más ágil que nosotros.

Es ahí donde la viralización de los contenidos de los que hemos hablado se hace peligrosa, porque hasta en algo tan importante para los jóvenes influye este asunto: en la amistad. Y es que hasta el propio sentido de la amistad, los grupos de pertenencia y de referencia han cambiado gracias a las nuevas tecnologías. Ahora no sólo se tiene un grupo de amigos, sino que se tienen miles de nuevos amigos en las redes sociales denominados seguidores. Y cuantos más posees más asciendes socialmente. Si no tienes likes (me gusta) no eres nadie, así que se compite de esa forma tratando de ser el más popular.

Así, para poder llegar bien lejos hay quien decide dar un paso hacia delante y hacer una animalada como las que antes hemos comentado. Los videos se graban, se envían, viajan por las redes sociales y los likes empiezan a multiplicarse. Ahí están los 15 minutos de gloria de los que hablaba Warhol. Pero, ¿a qué precio hemos vendido esa gloria? En este tema quienes podrían ser parte de la solución haciendo caso omiso a lo que supone la proliferación de estos videos se han convertido en parte del problema precisamente por los mismos motivos por los que los jóvenes difunden estas grabaciones: por la audiencia. Y todo esto no hace sino agravarlo todo, porque los patrones que reproducen los medios se convierten en modelos para ellos, los más jóvenes.

Lo más probable es que sea un ingenuo pidiendo que estos canales pongan su pequeño granito de arena en el desarrollo educativo de los más jóvenes haciendo un poco de autocrítica, porque no quiero pensar que el objetivo sea precisamente ése, el de convertir a esta joven generación en una banda de borregos y adormilados cuyo afán sea buscar seguidores a través de una pantalla sin saber que fuera de esas redes sociales se teje la verdadera sociedad, la que les espera para que lleven las riendas de este mundo en un futuro.

El autor es sociólogo