En el Día de la Biodiversidad

22.05.2020 | 01:19

La especie humana, en su conjunto, se comporta como esos turistas que viajan a sitios exóticos lejos de su casa y, cámara en ristre, fotografían todo a troche y moche. Así, tras ir unas pocas veces a la Luna, ahora ya estamos planeando y planificando el viaje a Marte. Lo desolador es que, como muchos de esos turistas, ni siquiera conocemos nuestro entorno (cultural, histórico y natural) más cercano, en este caso me refiero a nuestro planeta.

Las estimaciones más ajustadas afirman que, con un margen de error de 1,3 millones, hay 8,7 millones de especies sobre la faz de la Tierra; de las cuales faltan por describir y catalogar el 86% de las terrestres y el 91% de las marinas.

Además de curiosidad científica, ahora es especialmente importante conocer la cantidad de especies porque la actividad humana y su influencia tienen un impacto en la aceleración de la extinción, y si no sabemos cuántas especies hay, no podremos actuar para su conservación.

Los investigadores constatan que nuestro planeta está entrando en una nueva época geológica, que llaman Antropoceno, caracterizada por las grandes transformaciones que está causando el ser humano: el colapso de la vida silvestre, las poblaciones de animales se han desplomado un 58% entre 1970 y 2012, junto con el cambio climático, son visibles en una sola generación. El informe Planeta Vivo de WWF señala que la extinción parcial de especies está destruyendo el sustento biológico del que depende la humanidad.

El profesor Johan Rockström apunta: "Ya no somos un pequeño mundo en un gran planeta. Ahora somos un gran mundo en un pequeño planeta, en donde hemos alcanzado el punto de saturación".

La huella ecológica indica que, para satisfacer las necesidades actuales, la humanidad está consumiendo una cantidad de recursos naturales equivalente a 1,6 planetas.

En tan solo 20 años hemos sufrido las siguientes pandemias: 2002 síndrome respiratorio agudo causado por el SARS-Cov, 2005 gripe aviar tipo H5N1 y 2010 el tipo H1N1, 2012 el síndrome respiratorio de Oriente Medio por el MERS-Cov, 2014 el Ébola, 2015-16 el Zika y ahora el covid-19 causada por el virus SARS-Cov-2.

Por lo tanto, las pandemias han venido para quedarse y no son un castigo divino ni una venganza de la Madre Tierra y sí son consecuencia de una deforestación en busca de un aumento de terrenos para monocultivos, de una ordenación y/o explotación forestal encubierta de una pésima gestión de conservación, una sobreexplotación agrícola que busca un mayor rendimiento con una menor inversión mediante el abandono de los agrosistemas tradicionales de rotación de cultivos y barbechos y un abuso de productos químicos (pesticidas, herbicidas, complementos químicos), una irracional gestión del agua que no tiene en cuenta al agua como un ente vivo con ciclos o sus cambios debidos al cambio climático, un incremento de la contaminación del aire que favorece enfermedades respiratorias por no controlar las emisiones o no poner remedio para intentar compensarlas, una agricultura y ganadería intensivas en la que priman variedades y razas de transformación rápida y cuya variabilidad genética es mínima y fundamentada en el aprovechamiento de cuatro especies, por ejemplo vaca, oveja, cerdo y pollo o trigo, arroz, maíz y soja.

Tampoco podemos olvidar el tráfico de animales exóticos y la introducción de especies invasoras bien por negligencia, bien por intereses comerciales, bien por actuaciones descabezadas de ecologistas que en realidad son ecologeros.

Si a esto le unimos que el origen de algunas de estas pandemias es por hábitos alimentarios provocados por la necesidad (caso del ébola y la ingesta de monos) y relacionados a su vez con una deficiente, por no decir nula gestión de la calidad en la cadena alimentaria, sin ningún tipo de control sobre los alimentos ingeridos, en muchos casos crudos o mal cocinados (gripes aviares y algunos coronavirus). Lo que permite y favorece el contacto con especies huéspedes desconocidas que aprovechan para dar un salto adaptativo.

Por otra parte, el dedicarse al estudio taxonómico y profundizar en la biodiversidad es la cenicienta de cualquier rama de las ciencias (Zoología, Botánica, Microbiología, Virología €), pues la sociedad cortoplacista en la que vivimos lo que busca en la ciencia y la tecnología es su aplicación inmediata, ya tenemos el cóctel perfecto para una crisis. A pesar de todo esto, hoy 22 de mayo, es el Día Internacional de la Biodiversidad, ¿valdrá para algo?, ¿o es otro hito en el nuevo calendario donde sustituimos el tradicional santoral por el progre día internacional de?

El autor es vocal del Colegio Oficial de Biologos-COB

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