Covid en Navarra | Si necesita saber dónde estamos

23.10.2020 | 00:44
Fernando Domínguez Cunchillos

Hace unos días un periodista me preguntaba a qué atribuía la elevada incidencia de contagiados por covid en Navarra. No es posible dar una razón única ni una respuesta concluyente. Muchos factores la favorecen pero no se puede afirmar con certeza que uno de ellos sea más responsable que los otros. Es un fenómeno multifactorial y las posibles soluciones se deberán abordar desde distintos puntos de vista.

Algunos factores favorecedores de la transmisión del coronavirus los comparte Navarra con el resto del Estado pero hay otros que podríamos denominar específicos de nuestra Comunidad porque aun dándose también en el resto, en Navarra están íntimamente ligados a la idiosincrasia de sus gentes. Los que afectan a todo el Estado justificarían la alta incidencia en España en relación con otros países de su entorno pero no la elevada incidencia de contagios en Navarra respecto a otras comunidades, que podría estar justificada por la existencia de factores, unos inevitables y otros corregibles, que le son propios y diferenciales.

Poco puede hacerse, a corto plazo, frente a los que no son evitables ahora. Pero sobre los corregibles se puede, y se debe, actuar para aplanar y revertir la curva de contagios.

Se conoce poco del coronavirus, pero ya se va sabiendo algo, como por ejemplo que algunos comportamientos podrían ser compartidos con el virus de la gripe y otros virus respiratorios. En Navarra suele haber más gripe que en el sur del Estado y es una de las autonomías en las que todos los años antes se empiezan a detectar casos de gripe. Este hecho es atribuible a condiciones climáticas y ambientales que lo favorecen: humedad, menos sol y menos calor, contrastes térmicos, etcétera... Quizás en estas mismas circunstancias medioambientales será más fácil la difusión del coronavirus.

Tampoco debemos perder de vista ante qué tipo de enfermedad estamos y cuál es su estado actual: ambos hechos son determinantes para establecer estrategias de afrontamiento que, en cualquier momento y lugar, deben ser proporcionadas. Se trata de una enfermedad con tasas de mortalidad y gravedad parecidas a otras, e incluso menor, que algunas de las que habitualmente se padecen en nuestro entorno. Lo que ocurre es que la especie humana no tiene inmunidad previa por tratarse de un virus desconocido y el contagio se produce con rapidez pudiendo provocar que puedan acumularse enfermos en número tal que colapsen los sistemas sanitarios, mucho más cuanto peor preparados estén. También hay que considerar que en estos momentos se contabilizan casos, que incluyen contagiados, infectados y enfermos, sintomáticos de mayor o menor gravedad y asintomáticos. En la primera ola fueron excepción las personas asintomáticas a las que se le realizó PCR, reservándose éstas para los enfermos. Detectar mediante test de antígenos o PCR a personas contagiadas asintomáticas es fundamental para evitar la difusión y reducir el número de enfermos, pero no hay que olvidar que la PCR es "sólo" un medio diagnóstico y que sólo con hacer la determinación de PCR no se consigue nada. Para ralentizar la difusión del virus y evitar el colapso sanitario se precisa que se complemente con un detallado rastreo de contactos de las personas PCR (+) y educar, concienciar y responsabilizar a la población sobre las que se deban aplicar las correspondientes medidas de aislamiento.

La mayor tasa de contagiados en España está relacionada con el comportamiento de la ciudadanía; relaciones personales y sociales constituyen el mayor foco de transmisión actualmente. En este sentido, Navarra no ha sido un ejemplo a seguir. La irresponsabilidad de muchas personas haciendo botellones, provocando aglomeraciones en calles estrechas, concentraciones por distintos motivos, celebraciones deportivas y familiares, no usar mascarilla o usarla mal, considerar a la cuadrilla como si fuesen convivientes sobretodo en las denominadas no fiestas, etcétera, han creado el caldo de cultivo ideal para la propagación del virus. Era previsible que durante este verano, coincidiendo con las fechas en las que se deberían haber celebrado las fiestas patronales de cada población, las denominadas no fiestas serían una invitación para que se hiciese lo mismo que en las fiestas ordinarias pero sin programa oficial. Desafortunada idea esta de las no fiestas, que empezaron en los no Sanfermines y que, como todos los años, Pamplona fue el espejo en el que se miraron el resto de poblaciones navarras para imitar, en este caso, en sus no fiestas a los no Sanfermines. Compartir espacios cerrados con cuadrillas y organizar fiestas privadas, más o menos numerosas, ha sido una práctica habitual. Las no fiestas han sido seguidas de un alto número de contagiados en muchos pueblos, porque en esas celebraciones nadie era consciente de que también debía mantener las repetidas y conocidas normas de seguridad. El uso de mascarilla, el lavado de manos, la distancia de seguridad, ventilar las estancias, etcétera, se olvidaron y se dejaron para cuando acabasen las no fiestas. Demasiado tarde. Además de estos factores, se ha argumentado que Navarra tiene una población envejecida y que las condiciones de vida de las clases más vulnerables favorecen el contagio. Siendo esto cierto, ni Navarra tiene una población significativamente más envejecida que otras CCAA, ni es la comunidad en la que más pobreza existe. Estos factores podrían justificar diferencias entre pueblos y zonas básicas de salud, pero no la alta incidencia que globalmente afecta a Navarra.

Otro factor muy relevante es que Navarra es la comunidad que está haciendo más test por habitante de toda España y, según el ministro Illa, incluso de Europa, y por lo tanto, a mayor número de PCR mayor número de casos. Siendo esto cierto, para que la ciudadanía tuviera una fotografía más cercana a la realidad, debería darse a conocer el número de asintomáticos y el de enfermos de mayor o menor gravedad detectados cada día. Del número de casos que haya hoy dependerá el número de ingresos que haya dentro de 7- 10 días, pero un elevado número de casos asintomáticos debería tranquilizar porque, aunque es cierto que pueden evolucionar y convertirse en enfermos graves, constituyen un buen comienzo para hacer un rastreo eficiente.

En Navarra el procedimiento utilizado para la realización de PCR parece la correcta, ya que las determinaciones se están haciendo mayoritariamente a personas que son contactos estrechos de los casos, lo que ocasiona que el número de PCR (+) sea mayor que en otras CCAA en las que se hacen cribados aleatorios. Del mismo modo el trabajo de los profesionales sanitarios está siendo excelente.

Pero también, como es lógico ante una situación nueva y desconocida, se han cometido errores, algunos repetidos y, por tanto, evitables. Lo más llamativo ha sido implantar medidas que no se han cumplido por falta de responsabilidad ciudadana y, lo que parece más grave, por un control aparentemente insuficiente hasta ahora por parte de algunas autoridades responsables. Por ejemplo, parecen insuficientes los controles preventivos para evitar concentraciones durante las no fiestas, botellones, etcétera. Pero, sin duda, un grave error es la falta de información inteligible a la ciudadanía, al menos hasta el momento de redactar estas líneas. No se le puede exigir responsabilidad a quien no tiene claro qué puede y qué debe hacer en cada momento, hasta cuándo, qué se pretende conseguir con nuevas medidas, etcétera, porque no se obedecen de buen grado consignas que no se entienden. Y quedan muchas dudas que deberían aclararse.

¿Por qué se han adoptado todas las medidas que se han ido decidiendo?; ¿por qué se han anulado medidas implantadas sin dar tiempo a valorar si eran eficaces?; ¿qué se espera y por qué se ha adoptado el confinamiento perimetral de Navarra cuando la lógica dicta que no evitará la difusión del virus dentro de la Comunidad Foral?; ¿por qué sistemáticamente en el mismo momento en el que se anuncian nuevas medidas los ciudadanos se sienten amenazados con otras más duras si no se obtienen los resultados esperados?; ¿qué beneficio sanitario se espera obtener cerrando la hostelería todo el día?; ¿tiene alguna ventaja sobre el toque de queda nocturno?; ¿por qué no se explica que el toque de queda se podría haber adoptado solicitando previamente el estado de alarma para la Comunidad?; ¿por qué se han confinado algunas poblaciones cuando los contagios ya estaban bajando, provocando a sus habitantes la sensación de que es más un castigo que una medida preventiva?, etcétera.

La ciudadanía tiene la impresión de que se va por detrás de la pandemia desde que comenzó, lo cual al principio estaba más que justificado pero es dudoso que en este momento no pueda ser de otro modo. Sería interesante, en cualquier caso, explicar si realmente es así, si no se puede ir por delante, si las medidas tomadas recientemente no llegan tarde, si son desproporcionadas o no... Y todo ello, utilizando los cauces de comunicación más adecuados para llegar a cada uno de los grupos de edad. El ciudadano, que ya está hastiado, para seguir siendo responsable necesita que le resuelvan sus dudas, conocer cuál es la situación real y, sobre todo, por qué su esfuerzo sirve para algo. Información que sólo pueden ofrecer quienes imponen las normas, ya que para eso se deben tener las ideas claras.

El autor es exconsejero de Salud del Gobierno de Navarra