La factura de la guerra

17.03.2022 | 00:33
Una lampara refleja el importe de una factura de la luz

Si algo hemos aprendido a fuego en este país es que de las crisis se sale con una sociedad más cohesionada y más integrada si se impone una mirada social que refuerce los servicios públicos y las políticas sociales de empleo. Repartir los costes de las crisis, desarrollar medidas basadas en la equidad y ensanchar el colchón social son iniciativas necesarias en momentos de dificultades.

En España, tradicionalmente, ante los periodos de crisis, se ha respondido con una presión salarial a la baja, lo que ha ido empobreciendo a las mayorías sociales y ha facilitado la concentración de la riqueza y la extensión de la precariedad, convirtiéndose en un problema crónico de nuestro mercado laboral.

Hoy volvemos a estar en una situación económica y socialmente delicada a raíz de la invasión de Ucrania por parte del gobierno de Putin. Y las élites económicas, una vez más, vuelven a poner el foco en la austeridad salarial.

En CCOO somos conscientes de que la situación es delicada. Pero también somos conscientes de que los trabajadores y trabajadoras no pueden ser quienes, otra vez, paguen las consecuencias de esta nueva crisis. El tiempo que atravesamos nos obliga a estar a la altura de las circunstancias, como ya hicimos durante la pandemia, pero los salarios no pueden ser los paganos de una situación difícil e incierta.

Ante un IPC muy elevado, necesitamos acuerdos salariales que garanticen el poder adquisitivo durante un ciclo amplio. De tal manera que acordemos subidas salariales para el corto plazo, y para los próximos años, evitando así que se pierda poder adquisitivo.

Asimismo, necesitamos que se intervenga el mercado eléctrico. El actual sistema no responde a las necesidades reales de las sociedades ni de la economía. Las grandes eléctricas tienen que entender que es necesario que ajusten, ellos y no nosotros, sus cuentas de resultados en sus beneficios y sus dividendos. El año pasado las grandes eléctricas ganaron más de 6.500 millones de euros mientras el precio de la luz se duplicaba para hogares y empresas. Muchas empresas navarras tienen contratos eléctricos viejos y les toca ahora renovarlos, si no hay una intervención pública en el mercado energético algunas tendrán dificultades fuertes.

No todas las subidas del precio de las materias primas se producen por la guerra, ni todas las subidas se producen en el momento de la invasión. La guerra es al mismo tiempo causa y coartada. Por eso, como ya se hizo con el precio de las mascarillas, hay que fijar un tope para el precio de la luz, el gas, la gasolina y los productos de primera necesidad. Las grandes empresas energéticas tienen que tener visión de sociedad, y si no la tienen hay que obligarles a que la tengan.

La intervención regulatoria pactada con los agentes sociales y la inversión pública ha hecho que tras la pandemia los niveles de empleo se hayan recuperado de forma rápida a pesar del confinamiento y la paralización de la economía.

Ahora el debate no es si se abordan las consecuencias de la crisis, sino cómo se abordan. En CCOO lo tenemos claro; los salarios no pueden volver a ser quienes paguen las consecuencias de la crisis. Actualmente en Navarra estamos negociando las condiciones de varios convenios, todos ellos afectan a unas 80.000 personas. Asegurar el poder adquisitivo en el próximo ciclo económico, introducir cláusulas de revisión salarial y que los gobiernos aprueben medidas para amortiguar la situación económica es central. El foco del debate, por lo tanto, no debe ponerse en el recorte de los salarios.

Lo que desestabiliza especialmente a las empresas navarras es el precio de las materias primas, no el coste de los salarios. En este sentido, parece razonable creer que la autonomía energética es hoy una necesidad evidente. Y CCOO consideramos que Navarra puede jugar un liderazgo importante en ello. Tenemos que acelerar la transición energética, utilizando los fondos europeos para ello.

Tener la tentación de aplicar viejas recetas a las nuevas crisis, no actuar frente a las burbujas especulativas o dejar que las mayorías sociales pierdan poder adquisitivo mientras que las grandes eléctricas amplían sus enormes beneficios hará que el descontento social y el miedo vayan a más.

Por eso necesitamos tener una mirada estratégica, de largo plazo, para afrontar esta nueva fase económica desde el compromiso ante lo público, desde la mirada de sociedad y desde la ambición social. Quienes formamos parte del andamiaje institucional, frente al miedo y la incertidumbre, tenemos que ofrecer acuerdos de calado y medidas pensadas en el beneficio de la mayoría social trabajadora.

El autor es secretario general de CCOO Navarra

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