1 de mayo, La Internacional

29.04.2022 | 00:05
1 de mayo, La Internacional

La coincidencia de fechas nos sirve para conmemorar diversas experiencias del pasado, que deben ser examinadas de forma crítica.

El santoral cristiano despliega sus festividades a lo largo de todos los días del año. Destacan las fechas más importante: el nacimiento de Jesús, la Adoración de los Reyes Magos o, meses más, tarde la Semana Santa. Hay también diversas festividades de carácter doctrinal, como la Anunciación o el Miércoles de Ceniza. Finalmente se halla todo el santoral. A estas alturas, pocos creen en las explicaciones de la Biblia sobre el origen del mundo. Parece que ha quedado descartado ya que la primera mujer fuera creada a partir de una costilla de Adán. Pero hay valores que perduran, como el mandamiento del amor al prójimo y todos aquellos que recomiendan la bondad (dentro de los modestos límites con que podemos hacerlo el común de las personas).

A estas conmemoraciones religiosas se le sumaron otras laicas. Están las que marcan los distintos patriotismos: fiestas locales, regionales y nacionales. Algunas tienen un significado más complejo, como el 14 de julio, que recuerda el inicio de la Revolución francesa. Tuvo en otros países un carácter ideológico, de lucha por la libertad. La Marsellesa se ha cantado en otros idiomas (entre elllos el castellano), y en Rusia llegó a ser el himno nacional durante unos meses el año 1917.

Después se han unido otras fechas, como el 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer), 14 de abril (república, en España), el 25 de dicho mes (esa hermosa y casi incruenta revolución de los claveles en Portugal) o el 7 de noviembre, por la Revolución rusa, que tantas esperanzas suscitó para muchos y tan amargos frutos produjo. Hay además un sinfín de conmemoraciones de todo tipo a lo largo del año.

El Primero de Mayo es, a partir de 1889, el día mundial de los obreros. En conexión con ello, al movimiento socialista le fue asociado un himno que aún permancece: La Internacional. Pero como consecuencia de la Revolución rusa aquel se escindió en dos grandes corrientes.

La mayoritaria daría lugar a la socialdemocracia, que asume el sistema electoral. Ese respeto al voto de la mayoría y el deseo de alcanzar el poder para transformar la sociedad, llevan a aceptar la propiedad privada y también el sistema capitalista, aunque intente –continuamente y en todos los campos– corregir sus deficiencias, de forma que esa ambición humana se traduzca en creación de empleo e innovación, pero sin producir perjuicios a las personas. El objetivo es, desde luego, mucho más modesto que el inicialmente previsto.

La otra gran versión fue el comunismo. Pero se ha demostrado que en una sociedad amplia resulta imposible obtener la igualdad económica por medios democráticos, ya que la mayoría de la población no la apoya. La vía para lograrlo sería una dictadura. Pero esto, además de éticamente rechazable, resulta inviable, ya que se pierde la posibilidad de controlar a quien ejerce el poder. Así fueron contruidos férreos sistemas totalitarios, que se volvieron también contra muchos de quienes habían impulsado las correspondientes revoluciones. Hay que recordar que Stalin mátó a más comunistas en la URSS que Hitler, Mussolini o Franco en sus respectivos países. El Partido Comunista fue dirigido allí, cada vez en mayor medida, por gente carente de valores de ningún tipo. Sería ingenuo pensar que las actuaciones de la mayoría de sus jerarcas estuvieran impulsadas por la búsqueda del bien común. En este sentido, hay que recordar que la URSS o China no han sido derrotadas militarmente por otras potencias. Pero en ambos casos, desde el interior del país, impulsado por su clase dirigente, se ha vuelto a imponer el capitalismo.

La Internacional sigue sonando hoy en día. Por lo que respecta a la socialdemocracia, en internet puede verse, a título de ejemplo, la grabación correspodiente al congreso federal del Partido Socialista Obrero Español el año 2017. La cantan sin agresividad. Pedro Sánchez, secretario general y presidente del Gobierno de España lo hace sonriendo, sin levantar el puño.

También se mantiene en la República Popular China. El año 2018, para conmemorar el segundo centenario del nacimiento de Karl Marx, en el Gran Salón del Pueblo colocaron un enorme retrato del filósofo alemán. Los miles de asistentes oyen (no cantan) La Internacional de pie, con la solemnidad propia de una misa mayor. Oficia el acto Xi Jinping, secretario del Partido Comunista y actual presidente de la república. Todo ello resulta curioso en un país que tiene uno de los capitalismos más exitosos del mundo.

En muchos campos (extensión de las democracias, igualdad de la mujer, eliminación del racismo o en el ámbito cultural), la humanidad ha logrado avances muy notables. Pero el de la lucha contra la eliminación de la pobreza es en el que mayores fracasos hemos cosechado. Lo mismo que ha sucedido con otros movimientos igualitarios (como el cristianismo), en la aplicación de sus ideas se deja sentir la permanente tensión entre la búsqueda del interés personal y el trabajo a favor de los demás. Esto deriva de las propias bases biológicas de la conducta humana. Pero hay que lograr un equilibrio valorando la austeridad. El horizonte de cambio climático nos impulsa también a ello.

Sabemos que eso de que "la tierra será un paraiso, patria de la humanidad", como dice una de las versiones del himno, es un buen propósito aunque no sea realizable. Pero sí es necesario trabajar por conseguirlo en la medida de lo posible. La lucha contra la pobreza debe ser siempre una prioridad y tiene que realizarse en todo el mundo desde una perspectiva (valga la redundancia) internacional.

Por ello conviene que de vez en cuando (como el 1 de mayo) suene ese himno. Necesitamos mantener los símbolos de todos aquellos movimientos del pasado que han tenido algún componente altruista. Ayuda a meditar sobre estos problemas y lo realizado para intentar solucionarlos. Hay que tener presentes los resultados del gran laboratorio que es la historia a fin de hacerlo mejor en el futuro. Finalmente, y como sucede en las democracias, el grado de plasmación de esas ideas dependerá de los resultados electorales.

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