La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, aprovechando la cumbre hispano-alemana de A Coruña, ha urgido a Pedro Sánchez que “reclame” del canciller alemán, Olaf Scholz, “una reprobación pública por la actuación del ejército nazi en España durante la Guerra Civil causante de miles de asesinatos”.

Nada que objetar. Pero lo que nos gustaría de verdad es que Pedro Sánchez de manera simultánea pidiese esa misma censura pública a los herederos ideológicos del franquismo contra sus homólogos en el pasado. Y, ¿por qué el presidente de Gobierno debería solicitar esa reprobación pública a los herederos ideológicos del franquismo? Pues por la misma razón que se la pide hacer al canciller alemán con relación al ejército nazi. Tan responsable fue el franquismo como el nazismo de la masacre perpetrada. Uno por pedir ayuda y el otro por prestarla. A fin de cuentas, ellos y sus herederos fueron quienes sacaron tajada de esa ayuda nazi durante y después de terminada la contienda.

De la connivencia entre nazismo y franquismo existen muestras más que suficientes para sostener que la unanimidad de planteamientos y fines políticos entre ambos fue idéntica. Si malos fueron los nazis, peores quienes recibieron su apoyo. Y, sin agotar el catálogo de esa connivencia criminal, reparemos en algunos hechos que la confirman. Hechos que la prensa golpista de la época no tuvo escrúpulos en airearlos como muestra orgullosa de su afinidad con el nazismo. Algunos de ellos, sucedidos en Navarra, fueron los siguientes.

El 1 de julio de 1941, en el Teatro Gayarre se celebró un acto de adhesión a Alemania, organizado por el Frente de Juventudes. El teatro se engalanó con las banderas de Alemania, Italia y la nacional. Asistió el jefe provincial del movimiento y el gobernador civil, acompañados por miembros de las colonias de Alemania e Italia. El acto “lo abrió el camarada José María Pérez Salazar” quien sostuvo que “cuando se ha conocido en Europa un momento imperial y magnífico es cuando España y Alemania formaban juntas el mayor imperio. Pues, ahora, unidos Hitler y el Caudillo sucede lo mismo, cuya talla gigantesca se extiende a todo el mundo que viene a dar unidad a todo el mundo” (Diario de Navarra).

En 1942, Diario de Navarra, gran defensor de Hitler desde que este se convirtió en Führer e, incluso, después de muerto, dirá en titular: “Traslado de los restos de los aviadores alemanes caídos en nuestra Cruzada” (Diario de Navarra, 3-7-1942). Una deferencia que nunca hizo con los asesinados en los pueblos de Navarra, ni con los republicanos muertos en el frente. La noticia describía que “desde el cementerio de la Almudena se hizo la operación. Los aviadores pertenecían a la Legión Cóndor. Y se trasladaron a un panteón elevado a espaldas de la capilla del cementerio, erigido por el Ministerio del Aire. El acto lo presidió el ministro del Aire, general Vigón, acompañado por el embajador alemán, Von Sthorer. El traslado se realizó a hombros de oficiales del Ejército español”. Respecto al panteón erigido dirá que “consiste en un basamento en el cual figuran siete lápidas con los nombres de los siete héroes caídos de la Legión Cóndor, acompañados por una inscripción que dice: A los héroes de la Legión Cóndor caídos por Dios y por España”, en alemán y español. (Idem).

A los dos días de este acontecimiento, misma fecha en que se reunió el Consejo Foral para decidir el comienzo de las obras del Monumento a “los Caídos”, Diario de Navarra comunicaría que “el gobierno alemán concede pensiones a los mutilados de la División Azul y a las viudas e hijos de los caídos en Rusia luchando contra el comunismo”. Dicha pensión estaría reglada por “el empleo, estado civil y gravedad de la lesión sufrida” y sus beneficios alcanzaban “a las viudas, hijos legítimos e hijastros de los que cayeron en la lucha contra el comunismo”.

Las afinidades ideológicas llegaron a ser tan consustanciales entre nazis y golpistas que el embajador alemán en Pamplona comunicó por escrito a las autoridades navarras que “en lugar de felicitar por escrito las Navidades que se avecinan, tienen en su país la costumbre de entregar donativos. Así que siguiendo esta costumbre he entregado a la institución benéfica de Auxilio Social una suma destinada a socorrer a los necesitados; lo mismo han hecho los miembros de esta Embajada” (Diario de Navarra, 14-12-1943). En un momento determinado, “se correrá por Pamplona la noticia”, absurda noticia la calificará Diario de Navarra, “de que las piezas de las bombas volantes que utilizaban los aviones nazis se fabricaban en Pamplona” (6-7-1944). Ya se sabe que, cuando el río suena, agua lleva.

Tras la muerte de Hitler, se le rendirá un homenaje en el centro alemán de cultura de Pamplona, “en el que ondeaban a media asta las banderas del Reich y de España, y se expusieron pliegos en los que numerosas personas de toda categoría, sexo y edad estamparon sus firmas por la muerte heroica del Führer que en suprema lealtad a su palabra ha sabido morir en el puesto de mando combatiendo contra la horda soviética. Los pliegos seguirán también hoy expuestos en el piso primero de Cultura avenida del Generalísimo” (Diario de Navarra, 4-5-1945).

Y, en fin, para que se vea la ligazón estrechísima entre el ejército alemán y las fuerzas vivas de Navarra que “intentaron hacerse ricas durante la contienda”, pero que salieron escaldadas, Diario anunciaba en 1948 que “las firmas industriales y mercantiles de Navarra que tuvieran formuladas reclamaciones contra casas alemanas por incumplimiento de contratos, compra de mercancías pagadas y no suministradas, depósito de valores y valores y cuentas corrientes en bancos germanos, contratos de seguros, hipotecas, pueden acudir a la Cámara Oficial de Comercio e Industria, a rellenar impresos de reclamación” (Diario de Navarra, 28-10-1948). Un hecho que ilustraría a la perfección qué tejemanejes se llevó entre manos el “corralito foral golpista” con la Alemania nazi.

Si el ejército nazi fue culpable de la masacre y eso es lo que reprobará el actual canciller alemán, ¿no lo fueron también quienes la consintieron? De hecho, y como decía Séneca, el crimen lo comete, no quien lo hace, sino quien se aprovecha de él. Y es evidente quiénes fueron los que se beneficiaron de los bombardeos de la Legión Cóndor y del apoyo logístico nazi a los golpistas de 1936, en España y en Navarra. ¿No habría que pedirles, en consecuencia, una reprobación pública por ello?

Firman este artículo: Víctor Moreno, José Ramón Urtasun, Clemente Bernad, Laura Pérez, Pablo Ibáñez, Ángel Zoco, Carlos Martínez, Carolina Martínez, Jesús Arbizu y Txema Aranaz Del Ateneo Basilio Lacort