Uno de los problemas más importantes en la generación de residuos son los plásticos y es uno de los ejemplos más socorridos a los que nos está llevando el actual modelo de economía lineal basado en producir-usar-tirar. Últimamente oímos que “hay que desplastificar el Planeta”, porque si seguimos con el actual ritmo de producción y consumo de plásticos, los océanos seguirán colmando hasta convertirse en auténticos vertederos.
Además, la contaminación por plásticos no afecta tan solo al medio ambiente, sino que representa una seria amenaza para nuestra propia salud. Cada vez hay más estudios que certifican la presencia de los microplásticos, que se filtran hasta acabar incorporándose al organismo de los seres humanos.
Ha llegado el momento de pasar a la acción y sumar esfuerzos para frenar la expansión de los plásticos, y entre ellos, muchos de los envases que nos encontramos en la compra. La sección de frutas y verduras, como manzanas, lechugas, mangos y otras muchas frutas y verduras enteras, de los comercios y superficies, son uno de los mejores lugares en los que comprobar el disparatado uso que estamos haciendo del plástico como material de envasado. Nos encontramos en muchas ocasiones con cajitas de plástico, pero también, incluso, racimos de uva en cajas de polietileno, o un puñado de limones en una malla de plástico. Es decir, con las frutas y verduras a la venta embolsadas y plastificadas de mil y una formas diferentes.
No se ha conseguido frenar esta tendencia, y los consumidores nos llevamos a nuestras casas muchos residuos plásticos, aunque siempre está la posibilidad de comprar la verdura y otros productos frescos en el mercado municipal del barrio o de tu pueblo a granel, o cuando no queda más remedio que comprarlos, aunque es mejor evitarlo, desembalarlos y meter los envases en bolsas de tela, llevar todo a caja para que el cajero o la cajera pueda cobrar sin problemas, y después llevar los embalajes al punto de atención al cliente y dejar una nota para el jefe de compras.
El Real Decreto 1055/2022, de 27 de diciembre, de envases y residuos de envases, venía a plantear que los establecimientos de alimentación debían adoptar las medidas oportunas para presentar a granel las frutas y las verduras, aunque con algunas excepciones. Y, entre sus motivos, estaba el tratar de poner límites a la proliferación de plásticos en contacto directo con los alimentos y los llamados plásticos superfluos, aquellos plásticos innecesarios cuya misión ya no es la de competir en el lineal ni proteger al contenido, sino que obedece a razones de marketing de marca.
Este exigencia tenía como excepción las frutas y hortalizas envasadas en lotes de 1,5 kilogramos o más, así como las frutas y hortalizas de una variedad protegida, con una indicación geográfica de calidad diferenciada o de agricultura ecológica. También se establecía como excepción las frutas y hortalizas que pudieran sufrir riesgo de deterioro o merma. Para definir estos casos, una orden del Ministerio de Agricultura debía elaborar la lista de excepciones. Pero dicho ministerio no ha hecho los deberes. Los plazos finalizaron en 2023 y la norma sigue sin adoptarse.
Pero, llueve sobre mojado, y tampoco se ha cumplido la obligación establecida en ese mismo decreto del Ministerio para la Transición Ecológica de introducir en los establecimientos los envases reutilizados de bebidas de cara a reducir los residuos. Desde el 1 de enero de 2025 los comercios minoristas con una superficie igual o superior a 300 metros cuadrados estaban obligados a ofrecer al menos cuatro tipos de productos con envases reutilizables de bebidas, por ejemplo, una cerveza de 1 litro, y estos objetivos progresivamente se ampliarían en el tiempo a más establecimientos. La reutilización, ambiental y económicamente es mucho mejor que el reciclaje, y como tal, figura en segundo lugar en la jerarquía europea en materia de gestión de residuos, y, por tanto, también aquí, en Navarra, cuyo orden de prioridad es: prevención, reutilización, reciclado, valorización energética o incineración y eliminación.
El Gobierno español podría haber introducido, tal como indica el propio real decreto, mejoras e implementado medidas de reutilización mediante orden ministerial para reforzar de esta forma el compromiso con ello; sin embargo, no lo ha hecho y ha optado por dar una patada adelante en base al reglamento europeo de envases.
Otra cuestión a destacar también las situaciones que se dan en diversos acontecimientos festivos, culturales o deportivos al ofrecer vasos reutilizables. Esto se ve en la cantidad de fiestas en nuestros pueblos y ciudades, por poner un ejemplo, en los que se dan por parte de sus organizadores determinadas prácticas como la venta de vasos reutilizables, pero sin dar la opción a su retorno o dificultando mucho esa devolución.
En Navarra, disponemos de un nuevo decreto foral 36/2024 para eventos públicos y su sostenibilidad, donde se han de garantizar la implantación de alternativas que fomenten la reutilización, tales como los sistemas de depósito, devolución y retorno (SDDR); además, la norma señala que deben ser los afectados los que deben disponer de capacidad financiera suficiente para realizar la gestión integral de este vaso reutilizable, cosa que hasta ahora por ejemplo en las fiestas de San Fermín en Pamplona-Iruña no se ha dado.
Nos estamos aproximando de forma acelerada a los límites planetarios, y esto implica que no queda otro remedio que reducir drásticamente el consumo y los envases y residuos asociados, y es fundamental preparar y educar a la sociedad en que hay que cambiar el modelo, y no se puede crecer indefinidamente en un planeta con recursos finitos.
El autor es experto en temas ambientales y Premio Nacional de Medio Ambiente