La red ciudadana Sare tiene más de una década y continúa defendiendo, desde el primer día, algo muy lógico desde el punto de vista democrático: los presos y presas vascos, condenados por su pertenencia o colaboración con una organización ya desaparecida en la práctica hace ya 15 años, son objetos de derechos que no pueden ser vulnerados por un Estado que se dice democrático y de derecho.

Contrariamente a ello, en el transcurso de este mes de agosto, hemos asistido al intento de criminalizar reivindicaciones tan justas como la exigencia de la aplicación de legislaciones jurídicas –penitenciarias ordinarias– a estas personas privadas de libertad.

Ha sido una persecución que ha rayado en el esperpento. Atónitos hemos observado a la Policía municipal de Gasteiz que, por mandato de su alcaldesa, se dedicaba a arrancar banderolas en las txosnas del recinto festivo de Gasteiz, cuando son signos y lemas utilizados por esta asociación en todas sus manifestaciones y son, también, tan legales, como lo pueden ser cualquiera de las organizaciones políticas enfrascadas en esta persecución. Y vergonzoso ha sido el debate que se ha suscitado en torno a Txiki y Otaegi y su naturaleza de víctimas del franquismo, que es tanto como negar el carácter político de quienes fueron juzgados y condenados en el denominado juicio de Burgos.

Curiosamente, en estos días en Galicia se ha tributado un homenaje a dos maquis asesinados por la Guardia Civil. ¿Qué diferencia existe entre estas dos personas y el carácter político de la lucha por la libertad de Txiki y Otaegi?

Si algo no se le puede negar a Sare es que continúa hablando en voz alta, a pesar de los ataques o del silencio de aquellos que callan ante una reivindicación ajustada a derecho.

Sin embargo, la palabra derecho, que hace referencia a lo justo, se suele pronunciar según convenga. Es por ello que habría que recordar que los teóricamente reconocidos derechos humanos son de tres tipos: cívicos, económicos y sociales. Quiere esto decir que hay que tomarlos, no solo en términos de simple literalidad, o lo que es lo mismo, reducidos a simple seguridad, sino que habría que insertarlos en el contexto social correspondiente, que es lo que reivindica la Red Ciudadana Sare, cuando exige que se cumpla la legislación penitenciaria, sin excepciones y por tanto sin que se aplique el denominado Código Penal del enemigo.

Por ejemplo, cuando Sare exige que se cumplan las normas para con los presos y presas vascas no solo se refiere a que estén cerca de sus familias, sino a que se les aplique la normativa penitenciaria ordinaria, sin excepciones. No se está pidiendo la luna. Se está reivindicando que progresen de grado, que disfruten de permisos y/ o salidas programadas, que se les apliquen formas de cumplimiento de las penas, al margen de estar encerrados en una celda…, al igual que se hace con otra tipología de presos.

En suma, lo nuestro es un toque de atención contra la indiferencia ante las vulneraciones de derechos de personas que llevan privadas de libertad más de 20 años en su mayoría, y en algunos casos más de 30. Algo que sin duda es una cadena perpetua encubierta, con las consecuencias físicas y psíquicas que ello comporta.

Y es también una defensa en aras de un sistema penitenciario democrático y humano, no enfocado en alargar el sufrimiento de los presos y sus familias, sino basado en el respeto a los Derechos Humanos y en su finalidad resocializadora.

Y es por ello que nos rebelamos cuando, en el colmo de la desfachatez, se acusa a quienes defendemos estos derechos de mancillar la dignidad de las víctimas.

Déjese de utilizarlas políticamente. Tras tantos años de confrontación y sufrimiento, cada una de ellas tiene sus propias vivencias y sufrimientos. Pero, primero, nadie puede arrogarse la representación de las víctimas, y segundo, defender los derechos de las personas privadas de libertad es compatible con la defensa de la dignidad de las víctimas y la exigencia de apoyo y reparación.

Es obvio que el sufrimiento lo hay en otros muchos lugares, pero como decía Bergamín, la mejor manera que hay de ser universal es ser particular, pues son muchas las veces que nos preocupamos de lo lejano, que está muy bien, pero en ocasiones lo hacemos para no comprometernos ni con lo de allí, ni con lo de aquí.

Ya es hora de que, al margen de adscripciones políticas partidistas, seamos capaces de comprometernos en serio para poder alcanzar ese grado de convivencia que la sociedad nos demanda, pero para ello, es necesario que se cumpla una exigencia básica: todos los agentes sociales y políticos debemos comprometernos a apoyar sin fisuras a todas y cada una de las víctimas de cualquiera de las violencias ejercidas en Euskal Herria, y, por supuesto, a no utilizarlas para obtener réditos políticos.

Las tareas diarias nos absorben, pero no es de recibo dar de lado al compromiso moral que a todos y todas nos atañe. Y nos atañe como miembros de un pueblo, Euskal Herria.

Por último, nadie debe pensar que esto ya lo solucionarán otros. Que esto no me compete. Eso es un error. De lo que hagamos hoy, dependerá mucho el tipo de sociedad que dejemos a nuestros hijos e hijas y, en nuestro caso, a nuestros nietos y nietas.

Los autores son filósofo y portavoz de Sare, respectivamente