Somos los humanos muy de refranes. Nos gusta mucho utilizar frases hechas, máximas morales o, mejor, éticas. En castellano y en las demás lenguas cooficiales del Estado. Son consignas, reglas de juego, muchas de ellas dictadas por los clásicos. A mí me gustan por lo que entrañan de reconocimiento y culto al clasicismo, a las bases culturales de Europa. Al usarlas hacemos un viaje de siglos al pasado, pero las necesitamos para ganar el porvenir. Europa camina sin lugar a dudas hacia un nuevo renacer de las artes, las ciencias, la Cultura, con mayúscula. Ya se está empezando por meoras en museos, que se estaban convirtiendo en algarabía, más que en lugares de recogimiento.
Bueno, vamos al meollo. Nos aferramos a dichos como: “más vale prevenir que curar”. “En sanidad y educación no hay gasto, es inversión”. “Los dineros que van a impuestos, vuelven”. “Hagamos la movilidad sostenible”. Y pasamos, en un segundo, de los deseos a la cruda realidad: los recursos son finitos.
¿Es pesimismo reconocer que estamos en la agonía de una civilización tan moderna que, como se predijo en los 70, la máquina ha desplazado ya al hombre?. Nos asaltan tentaciones diarias de tirar nuestro móvil lo más lejos posible, cual txapela, azada o hueso de aceituna. No lo hacemos porque controlamos la visceralidad. La Inteligencia Artificial es la inteligencia humana de siempre pero sometida al mercado. Los que estamos poco preparados, tendremos que estudiar. Son las nuevas alfabetizaciones.
“Ciencia de datos” estudian ahora muchos jóvenes en las universidades. En nuevos campus privados, más bien on-line, que no precisan suelos naturales. Cada clic en vuestro móvil es un dato que alguien recoge para conoceros mejor. Es por vuestro bien que después recibiréis propaganda constante sobre todos aquellos productos por los que os habéis interesado. Piensa antes de clicar. La salud mental preocupa. ¡Cómo no!. ¡Menudo panorama!. Prevenir siempre, curar también.
El próximo 19 de enero, la UPNA va a inaugurar la joya más preciada de su corona: el nuevo edificio de Ciencias de la Salud, en el campus del Complejo Hospitalario de Navarra. Ha sido un proceso largo. El profesorado de Ciencias de Bachillerato veía con buenos ojos que una parte de su alumnado de Biología contribuyera desde lo público a la mejora de la salud de todos los humanos. El 30 de junio de 2009 escribí mi primer artículo de opinión. Insistí el 11 de noviembre de 2016 y el 18 de octubre de 2018. Para quienes no apoyan los estudios de Medicina en la UPNA quiero matizar dos cosas.
1. No es cierto que los estudios de Medicina en universidad pública sean más baratos en Andalucía que en Navarra. Lo será el gasto de matrícula, porque el resto lo ponemos todos los contribuyentes. Un día alguien nos explicará con detalle el proceso para la fijación de las tasas. Tampoco es cierto que se haya hecho para los navarros. Como universidad pública asigna las plazas a quienes presentan solicitud y por rigurosa aplicación de la nota tras la PAU. Es de justicia. Toda universidad pública que se precie quiere recibir a los mejores expedientes académicos. La cúspide del sistema recoge el trabajo previo desde la infantil hasta la PAU. Maestros de Infantil y Primaria y profesorado de Secundaria valorarán positivamente esta oferta de Medicina.
2. Se debe valorar el trabajo diario y riguroso de la Facultad de Ciencias de la Salud de la UPNA y el esfuerzo de su alumnado por conseguir la mejor formación. Lo prevengo ante el juicio popular de la primera promoción tras la prueba MIR a comienzos de este 2026. Los exámenes personalizados tipo PAU, MIR, BIR, FIR…califican a quien los hace. En nuestro sistema educativo actual no hay pruebas, exámenes, ajenos a los colegios e institutos, hasta la PAU. Hemos de mejorar la formación y la selección de quienes atiendan la sanidad futura. Me consta el compromiso firme de colaboración de las dos universidades presenciales que ofertan Medicina en Pamplona.
Termino mandando tarea. Ciertos políticos no cumplen en sus puestos institucionales. Mientras no dispongamos de listas electorales abiertas, debemos castigarles negando el voto a su partido. Y propongo algo mejor: cumplir con nuestras obligaciones diarias, desde el rol social que cada uno ocupa. Paguemos nuestros impuestos y vigilemos para ver cuándo y cómo vuelven; en forma de qué servicios públicos. Y sobre todo actuar desde la sociedad civil cuando no vuelven. Por mucho que gastemos en prevenir, lo más costoso es curar.