Dice el diccionario que privar significa que algo nos gusta extraordinariamente. Cuando utilizamos ese verbo para referirnos a un hecho o asunto, expresamos la satisfacción de disfrutarlo.
Nosotros, aunque no sentimos esa dicha, tuvimos que recurrir al programa PRIVA porque ninguna otra puerta se abría. Sin embargo, lo hicimos con confianza y responsabilidad.
Nuestra Asociación de Víctimas de Pederastia en Instituciones religiosas de Navarra se decantó por acogerse al Programa de Reparación Integral de Víctimas de Abusos (PRIVA), promovido por la Conferencia Episcopal Española.
Nuestra experiencia con Francisco Pérez, el anterior episcopado, había sido dolorosa, sin embargo, Florencio Roselló, por su currículo como capellán carcelario, anticipaba una disposición favorable. Confiamos en emprender ese camino de reivindicación y reparación recogiendo todos nuestros testimonios para entregárselos al arzobispado de Pamplona.
Lo hicimos porque considerábamos que era la forma más segura de que la Iglesia asumiera en exclusiva su responsabilidad por los abusos sexuales a los que sus miembros nos sometieron en nuestra infancia.
El Parlamento español había encargado al Defensor del Pueblo el informe que puso sobre la mesa la enorme cantidad de personas que se declararon niños abusados. La proposición de Ángel Gabilondo de crear una comisión Iglesia Estado con la constitución de un fondo común nos pareció muy mal. Fondo sugiere dinero y parecía que las indemnizaciones se iban a pagar por ambas partes. Así se reflejaba en su informe al Parlamento que en el apartado K decía: “La creación de un fondo estatal para el pago de las compensaciones a favor de las víctimas que acuerde el órgano especial mencionado en el punto anterior, en medida que la reparación corresponda al Estado (sic)”.
Recurrimos al PRIVA porque así el Estado no asumía ninguna responsabilidad en los abusos cometidos en la Iglesia. Ni siquiera en su papel de “invigilando”, como se afirmaba en el informe anterior. Tampoco se podía justificar su intervención como responsable civil subsidiario. Eso solamente se aplica cuando el acusado condenado no tiene medios para hacer frente a las reparaciones que precisa la víctima.
Esta semana han terminado de comunicarnos a las víctimas de nuestra asociación las indemnizaciones que nos corresponden a cada uno. Así que no es que estemos precisamente emocionados a la vista de los resultados que hemos conseguido los miembros de nuestra asociación. Nosotros, los abusados que representa AVIPIREN, nuestra asociación, profundamente indignados con las reparaciones emitidas por la comisión eclesiástica PRIVA, nos proponemos apelar a esa futura acordada por la Iglesia y el Estado.
Volviendo al título de este artículo, “el PRIVA nos priva”, intentamos dar otra visión al asunto que nos ocupa. Privar, según la RAE es despojar a alguien de algo que poseía. Seguro que la Academia de la Lengua Española no pensó en que, a nosotros, de niños, nos iban a quitar la dignidad que no hemos recuperado completamente de mayores. Tampoco sospechamos en ningún momento que lograríamos hacer que la Iglesia asumiera la responsabilidad de la reparación de los delitos de pederastia que cometió. Era demasiado grande y distante, sus primeras reacciones fueron decepcionantes. Monseñor Argüello, como miembro de la comisión permanente dijo que eran solamente cuatro manzanas podridas las causantes de los escasos abusos sexuales a niños en el seno de la Iglesia española. Monseñor Omella, cuando era presidente de la Conferencia Episcopal Española, negó verosimilitud al informe del Defensor del Pueblo presentado al Parlamento español, lo tachó de falso y tendencioso. Bueno, en este momento el primeramente citado, monseñor Argüello, ha firmado por parte de la Iglesia el convenio con el Estado por el que la Oficina del Defensor del Pueblo se encargará de recoger las denuncias de las víctimas. La Iglesia se encargará en exclusiva del pago de las indemnizaciones. Parece que el proceso pasará por una primera comisión mixta que analizará cada caso y trasladará a la comisión PRIVA su decisión.
Esta segunda emitirá la suya y, en caso de discrepancia de la víctima en la decisión final, el Defensor del Pueblo dará el veredicto. Esperamos que corrijan las injustas indemnizaciones que nos han fijado. Que apliquen el derecho comparado por el que a igual delito se apliquen las mismas penas.
Por último, desen prisa porque cada día que pasa es una nueva revictimización y, por nuestra edad, no nos queda mucho tiempo.
Nos veríamos privados de justicia y eso no nos encanta ni priva, más bien nos disgusta, porque nos roba, nos priva de una reparación justa y completa.
En nombre de AVIPIREN (Asociación de Víctimas de Pederastia en Instituciones Religiosas de Navarra)