Me llegan y leo noticias preocupantes sobre el futuro de la ganadería y el campo en Navarra, España y Europa. Escucho a agricultores y ganaderos navarros y los veo preocupados y angustiados. Muchos hogares de nuestra comunidad foral que dependen del campo y de la ganadería y ven el futuro incierto. Esta pasada semana se ha firmado un acuerdo comercial entre la Unión Europea y los países del Mercosur, un tratado de gran alcance económico y político que plantea serias dudas éticas y sociales en lo que respecta a la justicia, la equidad y la protección de los productos de nuestros campos y ganados. Aunque las últimas noticias hablan de la paralización del acuerdo por parte de la Eurocámara, no significa su anulación, y sospecho que será cuestión de tiempo que se apruebe definitivamente.
Quiero dejar al margen toda ideología política y reflexionar como una persona que creció en una familia agrícola y que todo lo que es, se lo debe al campo y al trabajo de su familia. Al reflexionar sobre esta firma me vienen a la mente las palabras del profeta Isaías: “¡Ay de los que llaman bien al mal y mal al bien! (Is. 5, 20). El mismo hecho, la firma entre la Unión Europea y Mercosur, unos lo ven muy positivo, los políticos, y otros, los agricultores y ganaderos, muy negativo para su futuro. En las palabras del profeta Isaías se ve que uno de los grandes males de una sociedad es la confusión moral deliberada. No es la simple ignorancia, sino la manipulación consciente del lenguaje y de los criterios éticos, hasta el punto de justificar el mal y desacreditar el bien. Cuando esto sucede, la conciencia se adormece y la injusticia se normaliza. Esto es lo que parece que ocurre con esta firma: que nos la quieren vender como muy positiva y en cambio la gente de nuestra tierra, del campo y la ganadería, la ven como negativa y consideran que puede suponer la muerte de sus negocios y explotaciones.
La solidaridad internacional es un principio fundamental de la Doctrina Social de la Iglesia. Estamos abiertos a esta solidaridad, que además es un principio evangélico, pero hay que hacerlo con las mismas condiciones que nuestros agricultores y ganaderos. Desde una lectura creyente, Isaías nos recuerda que no todo lo legal es justo ni todo lo rentable es bueno. La preocupación surge cuando constatamos que los productos procedentes de países del Mercosur pueden acceder a los mercados europeos sin estar sujetos a las mismas condiciones y controles que se exigen a nuestros productores. Esta permisividad crea una competencia desleal que amenaza directamente el sustento de miles de familias navarras. Se exige a unos sacrificios desproporcionados, que suponen medidas económicas desbordantes, mientras se beneficia a Mercosur con condiciones más favorables. Ante esta situación, se corre el riesgo de “llamar bien al mal”, como nos ha dicho el profeta Isaías.
Porque la solidaridad, nacional o internacional, nunca puede construirse sobre la injusticia hacia otros. En Navarra, el mundo rural atraviesa ya desde hace años, recordemos febrero de 2024, una situación delicada: abandono de pueblos y del trabajo agrícola, envejecimiento de la población, falta de relevo generacional, aumento de costes, burocracia creciente y una presión económica que pone en riesgo la viabilidad de muchas explotaciones familiares agrícolas y ganaderas.
Nuestros agricultores y ganaderos están sometidos a normas medioambientales y sanitarias que no se exigen en este acuerdo con Mercosur. Condiciones laborales muy diferentes, que encarecen la producción, lo que nos obliga a competir en un ambiente desigual. Estas condiciones responden al legítimo deseo de proteger la calidad de la producción para proteger la salud y el medio ambiente, valores que defendemos y apoyamos, pero también exigimos que estos requisitos sean cumplidos por todos los actores de esta situación
Este trato diferenciado en favor de Mercosur y en detrimento de los productos españoles y navarros, no es justo. Defender al mundo rural navarro no es un acto de egoísmo localista, sino una apuesta por un modelo de desarrollo humano integral que no sacrifica a unos trabajadores en nombre de un progreso mal entendido. El pasado 18 de mayo de 2025 celebrábamos el Jubileo de los agricultores y ganaderos en la Catedral de Pamplona y les decía en la homilía: “El agricultor necesita apoyo, cercanía y comprensión, y, como Iglesia, hoy, día del Jubileo de los agricultores, queremos deciros que la Iglesia está con vosotros”.
Como Iglesia hago un llamamiento respetuoso, pero a la vez firme, a las instituciones europeas, nacionales y forales para que revisen las condiciones de estos acuerdos ya firmados, donde se busque la igualdad de exigencias, donde todos juguemos con las mismas cartas y se trabaje por la protección del trabajo de nuestros agricultores y ganaderos. A la vez que animo a toda la Iglesia de Navarra y a toda la comunidad foral a comprender y apoyar a nuestros agricultores y ganaderos navarros.
El autor es arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela