Hemos pasado ya el ecuador de la legislatura y en la calle se palpa un cierto consenso al calificar como ciertamente lamentable la acción municipal dominada por la inacción, la incapacidad y la implementación de políticas dedicadas a dejar en manos privadas servicios públicos esenciales. Inacción e incapacidad en la gestión de una positiva iniciativa urbanística, las casas de Nasuvinsa, finalizadas y no habitadas por incapacidad y mala gestión municipales.

Políticas urbanísticas que contribuirían a rodear nuestro pueblo de hormigón, todavía más, como la afortunadamente fracasada operación en Elizpea.

Pero hay un aspecto de la política municipal que nos afecta a una parte importante de la ciudadanía, es la que se refiere a la política con los mayores, política que afecta directamente a un 26% de la población ya mayor de 65 años y a otra parte en vías de llegar a esa edad. La política hacia los mayores roza ya el desprecio. Recientemente hasta el Defensor del Pueblo ha tenido que recordar a la alcaldesa la obligación de convocar periódicamente el Consejo de las Personas Mayores.

Tenemos un centro de día que se ha finalizado tras cinco largos y tortuosos años; pues bien, hasta hace un mes no pareció recordar nuestra alcaldesa que había que dotarlo de mobiliario, por lo que su apertura se va a retrasar varios meses más.

En Navarra tenemos un sistema de residencias de mayores gestionadas por la iniciativa privada y por ello con ánimo de lucro, únicamente el 11% de las plazas son de gestión pública, 12 de 81 centros en total. Residencias que se lucran con las aportaciones del Gobierno y con los bajísimos salarios y malas condiciones de las mayoritariamente mujeres que en ellas trabajan.

Pues bien, en Barañáin tenemos una oportunidad que no podemos desaprovechar, se trata, ya se ha escrito sobre ello, de los miles de metros cuadrados de las Misioneras Dominicas, que parece van a convertir ese edificio en un centro de mayores privado. Cuando una fuerza política ha presentado una propuesta para que el Ayuntamiento impulse una mesa tripartita con Dominicas, Gobierno de Navarra y Ayuntamiento, la repuesta ha sido negativa.

Estos terrenos están situados en el centro de Barañáin, y las Dominicas ya han venido sacando beneficios del desarrollo urbanístico del pueblo sin contribuir a ello. Obtuvieron un buen beneficio al vender lo que hoy es plaza de Caimito y durante 57 años no han pagado, como hacemos los demás, el Impuesto de Bienes Inmuebles. Algo nos deben.

Sin embargo, otro ayuntamiento es posible, en Barañáin venimos sufriendo desde el año 2008 una anomalía democrática. La mayoría social de Barañáin votamos a fuerzas que se reivindican de izquierdas y sin embargo, nos gobierna una derecha en minoría. Únicamente en la legislatura de 2015-2019 se constituyó un gobierno progresista y ello porque para agrupar una mayoría no fue necesario el concurso del PSOE, un PSOE apoyo imprescindible y que incluso ha protagonizado el bochorno de acordar con UPN una liberación jugosamente pagada para una concejala y que fue parada por el PSN.

Los próximos meses se va a decidir si la gestión del centro de día va a ser pública o privada y la alcaldesa ya ha anunciado que la decisión no depende del pleno sino de alcaldía, obviando las movilizaciones que todos los últimos jueves de mes realizamos un amplio grupo de personas mayores.

Las Dominicas ya han comenzado a hacer gestiones, paradas por ahora in extremis por una mayoría municipal. Hay, por tanto, sobre la mesa decisiones que próximas corporaciones no van a poder revertir.

Es hora, pues, en mi opinión, de que se tomen decisiones sin esperar al verano de 2027. Las fuerzas que se reivindican de izquierdas, Bildu, PSOE y Contigo Zurekin, disponen de una mayoría de 9 concejalías sobre 17.

¿A qué esperamos? ¿Por qué en Barañáin no es posible un acuerdo que sí fue posible en Iruña? Debemos superar discrepancias y enfrentamientos y afrontar esta anomalía democrática. Creo que la ciudadanía nos merecemos una respuesta.

El autor es profesor jubilado de Historia