8-M: juntas, en pie y por un futuro en igualdad
Las mujeres sabemos mejor que nadie lo difícil que resulta conseguir que un determinado derecho se refleje en una ley o una norma. Años y años de lucha preceden a la aprobación de cualquiera de esos derechos conseguidos, derecho al voto, al divorcio, a la propiedad, al aborto, a la igualdad de salario, a no ser violentadas ni agredidas, a la protección y defensa jurídica, a la presencia igualitaria en política, y en la administración de empresas, así como en la investigación de enfermedades y nuevas terapias. Y estos se han logrado solo en nuestro entorno inmediato, de lo que se llaman países desarrollados, constatando que la situación de las niñas y las mujeres en gran parte del mundo sigue necesitando de luchas por conseguir estos derechos básicos.
Sabemos también que los derechos reconocidos no garantizan en absoluto su cumplimiento y asistimos a una ola creciente de agresividad manifiesta que quiere negarnos muchos de los derechos conquistados, con discursos explícitos en boca de la ultraderecha envalentonada. Se utilizan las redes sociales y el marketing publicitario para fomentar imágenes trasnochadas de mujeres cuya máxima realización personal está en el reducido entorno del hogar, como esposa y madre abnegada. Se suma a ello la terrible difusión del porno más violento que llega sin control a los móviles de menores sin acceso a otro tipo de formación emocional y de relaciones en igualdad.
Las jóvenes y mujeres de hoy muestran logros educativos muy superiores, con menor tasa de abandono escolar y mayor porcentaje con educación superior incluso que la media europea. Participan más en ciclos de formación adulta. Y sin embargo, esa situación se refleja contradictoriamente en una menor tasa de empleo de las mujeres graduadas.
Hay más mujeres ocupadas, pero se ocupan más en jornadas parciales, sufren más paro, cobran menos en todos los niveles profesionales, tienen mayor riesgo de pobreza relativa en todas las edades y clases sociales.
Las mujeres tienen mayor esperanza de vida, pero en peores condiciones de salud que los hombres. Sufren mayores tasas de discapacidad. Su estado de salud percibido es peor en todas las edades y clases sociales.
Las mujeres dedican el doble de horas semanales al trabajo no remunerado que los hombres, el doble a cuidados de familiares, personas dependientes y labores domésticas.
El porcentaje de mujeres presentes en las diferentes instituciones, cámaras legislativas, órganos decisorios administrativos o consejos de administración de empresas en ningún caso llega al 50%, pero el porcentaje es mucho más bajo en las numerosas Reales Academias, siendo la de Medicina la de menor representación, con un 9,1% de mujeres.
Todos estos datos reflejan una brecha de género en todos los ámbitos sociales que no se reduce como sería deseable para alcanzar el objetivo irrenunciable de la igualdad.
La muestra más trágica de esta situación de desigualdad sigue estando en las inadmisibles cifras de la violencia de género. El número de mujeres y de hijos/as asesinados por sus parejas o exparejas habla de una sociedad en la que seguimos ocupando un imaginario de propiedad privada de los hombres y por tanto carentes de autonomía y de derechos fundamentales.
Las denuncias siguen aumentando y se interpretan como una mayor conciencia y empoderamiento de las mujeres, pero muchas de las asesinadas no habían denunciado y muchas de las que denuncian no quieren ir a juicio para evitar la terrible exposición pública a la que se ven sometidas, porque en muchos casos el sistema judicial no es capaz de protegerlas de las filtraciones interesadas e ilegales. Como consecuencia, se están produciendo cada vez más acuerdos judiciales con penas muy inferiores a las previstas en la ley para los agresores confesos.
Las mujeres somos la mitad de la población y sin embargo, todos estos hechos se agravan cuando se añaden factores aún más discriminatorios como la clase social, la etnia, la edad, la diversidad de género, la condición migratoria o la diversidad funcional.
Apelamos a que los hombres hagan su parte de concienciación, de formación, de comportamientos en igualdad y de repulsa a todo comportamiento machista en sus entornos, denunciando actitudes y comportamientos machistas en los grupos y redes sociales de sus iguales.
Los retos para este año siguen siendo tan inmensos como nuestras ganas de conseguir mejoras y por fin la plena igualdad en todos los ámbitos.
¡En las calles nos vemos al grito de igualdad!
Firman este artículo: Edurne Eguino, Raquel del Pozo, Julia Munárriz y Ana Arillo