En los últimos años el debate sobre la energía nuclear se ha reabierto y asistimos en un vano intento de reinventarla, redefinirla, o simplemente considerarla como un mal menor imprescindible. Se nos viene a decir, entre otras cosas, que la energía nuclear ha superado el cierto bajón que tuvo después del accidente de la central nuclear de Fukushima en 2011, que es segura, que es competitiva, o también nos hablan de las supuestas maravillas de los pequeños reactores modulares o SMR. ¿Estamos ante un renacimiento nuclear?

Ante el debate sobre la energía nuclear, conviene repasar la historia. En los años 70, durante la primera crisis del petróleo, el precio del crudo se multiplicó por cuatro y algunos países se interesaron por la energía nuclear, incipiente en aquellos momentos. En apenas dos décadas se construyeron numerosos reactores nucleares. En la década de los 90 la construcción de reactores se redujo. Tanto es así que en el año 1996 la energía nuclear generó un 17,5% de la electricidad en todo el mundo mientras que los 422 reactores actualmente en operación en un total de 33 países producen alrededor del 10,5% de la electricidad mundial, según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Cabe decir que la energía nuclear está en declive. Desde el accidente de Fukushima en 2011, un total de 37 centrales nucleares han sido clausuradas en Europa, y hay 43 unidades en construcción en países como China, India, Corea del Sur, Rusia y Turquía. No hay ninguna central nuclear en construcción en los países occidentales. ¿A qué se debe?

La energía nuclear no es rentable. La rentabilidad de la energía nuclear guarda relación con el tipo de energía producida: la electricidad. La realidad es que en las sociedades industrializadas el consumo de energía eléctrica supone alrededor del 20% del total de la energía final. Por tanto, producir solamente electricidad es un impedimento importante para las nucleares, porque su energía no es apta para muchos usos necesarios y eso limita el interés y el desarrollo de la energía nuclear.

Otra cuestión muy importante son sus altos costes de inversión. Una central nuclear es una instalación muy compleja en la que es absolutamente necesario implementar numerosos sistemas y protocolos de seguridad. La construcción de centrales nucleares recibe en muchos casos subvenciones estatales, porque los costes de construcción son muy grandes.

Mientras que la energía nuclear ha experimentado un aumento en sus costes, la energía solar ha disminuido su precio en un 85% y la eólica en un 50% en la última década. Como resultado, en 2025 en el Estado español se instaló cerca de 10 GW de nueva potencia renovable (principalmente solar fotovoltaica, con 8,8-9 GW), superando ampliamente las adiciones de cualquier otra tecnología. El total renovable (95,6 GW) ya supera a la suma de fósiles y nuclear.

Por si los costes no hablaran con suficiente elocuencia de lo desafortunado de invertir en la nuclear, aún queda uno de los argumentos más decisivos para descartarla: sus largos tiempos de implantación comparados con las demás tecnologías.

Según datos del IPCC, el tiempo de construcción de energías eólica y solar oscila entre varios meses y 2-3 años, mientras que en el caso de un reactor nuclear supone 9 años, que aumentan a unos 18 años o más si se tiene en cuenta no solo la etapa de construcción, sino todo el proceso necesario para conectar un reactor nuclear que incluye revisiones de seguridad, permisos, licencias y puesta en marcha.

Pero, además, las centrales nucleares reúnen un conjunto de problemas, algunos de carácter tan grave, que las hace totalmente desaconsejables. Uno de ellos es que todavía no hay una solución satisfactoria para los residuos radiactivos que siguen siendo radiactivos durante miles y miles de años.

En cuanto a los minirreactores nucleares modulares (SMR), se trata de pequeños reactores nucleares, de 300 megavatios de potencia eléctrica o menos, un tercio de la capacidad de los reactores nucleares convencionales.

Hoy en día, la mayoría de los SMR son aún prototipos. Estados Unidos, China, Rusia, Canadá y el Reino Unido lideran el desarrollo de esta tecnología, y tendrá que demostrarse toda una serie de atribuciones que la industria nuclear les adjudica. Otra cuestión importante es su coste económico, que se ha desorbitado.

El BWRX-300 de GE Hitachi desarrollado junto a la Autoridad del Valle del Tennessee (TVA), un SMR de 300 Mw, refleja el estado actual de la energía nuclear de nueva generación, con costes de capital extremadamente altos. Su presupuesto es de 18.000 dólares por Kw, coste que aumentará seguramente según avance la construcción. Ese coste es 30 veces más caro que un Kw solar (600) o 18 veces más caro que una Kw eólico terrestre. (1000). Por ser, es incluso más caro que las nuevas centrales nucleares estándar, que andan en torno a los 16.000 dólares por Kw. Incluso teniendo en cuenta que hace falta en torno a 3,5 kw solares para producir anualmente lo mismo que un kw nuclear, la comparación resulta escandalosa.

En lo que respecta a la seguridad, recordemos que el riesgo de un accidente (nuclear en este caso) se define como el producto de la probabilidad de que ocurra y la gravedad de los impactos que tengan lugar. Los accidentes nucleares graves son poco probables, pero su impacto es de una gran magnitud.

No solo se trata de muertes debidas al propio accidente, sino a las consecuencias posteriores a largo plazo sobre las personas y el medio ambiente. Resulta tan ilustrativo como aterrador que, tras el accidente de Chernobyl, cuyo 40 aniversario se celebrará en 26 de abril, más de 6 millones de personas tomaron, durante 20 años, leche contaminada con isotopos radiactivos.

El autor es presidente de la Fundación Clima y Premio Nacional de Medio Ambiente