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La carta del día

Mikel Urabaien

Foráneos y prioridades

Foráneos y prioridadesJavier Bergasa

“Pues sí que parece más grande en la tele”, les oí ayer a unos turistas en la plaza del Ayuntamiento de Pamplona. Ese tópico se escucha ahí en infinidad de ocasiones, pero ha sido curioso que precisamente ayer esa persona se quitara el auricular, se diera la vuelta, levantara la cabeza y decidiera destacar justamente eso sobre todo lo que estaba ocurriendo en la plaza.

Porque la imagen que se veía a su alrededor no solo era curiosa, sino también el resultado de una injusticia. Todo comenzó a las seis de la mañana, cuando la Policía Municipal se presentó sin previo aviso en el antiguo convento de Agustinas de Aranzadi y expulsó a las personas sin hogar que dormían en su interior.

Enfadados y seguramente condicionados por el desequilibrio mental derivado de su situación vital, dos jóvenes empezaron a autolesionarse con un cúter. Uno de ellos empezó a hacerse cortes en los brazos y, cuando los tenía ensangrentados, los municipales le esposaron a la valla del convento. Uno de los jóvenes que se acercó a mostrar solidaridad con los migrantes fue quien llamó al 112. Según ha contado, le contestaron que “no hacía falta ninguna ambulancia porque los agentes municipales ya estaban ahí para atenderlo”. Atándolo mientras sangraba, parece ser.

La plataforma Negu Gorriak, dedicada a ayudar a personas sin hogar en Pamplona, ha cifrado en 140 el número total de quienes pernoctan o almacenan sus pertenencias en el convento en ruinas. Durante la redada, la Policía ha identificado a 75. Algunos de ellos han denunciado que los agentes les han requisado documentación a cambio de inscribirse en una lista para recibir ayuda. De esta lista sólo 51 personas han sido derivadas al comedor On Egin del Ayuntamiento y a la oficina municipal contra la alta exclusión. Allí les han ofrecido pasar tres noches en determinados lugares –y alguno que otro también le han dado un billete de autobús–.

Durante el camino, los jóvenes han pasado por la plaza Consistorial y se han quedado mirando al Ayuntamiento, detrás del grupo de turistas, medio protestando, medio desesperados. En el interior estaban dando una rueda de prensa los concejales Joxe Abaurrea (EH Bildu) y Txema Mauleón (Contigo-Zurekin). Allí han explicado que durante la mañana se han acercado a “informar sobre el inminente inicio de las obras”. Es decir, a desalojar por la fuerza.

Los políticos han pedido “la implicación de otros ayuntamientos y del Gobierno de Navarra” para abordar este fenómeno. Además, han señalado que “más que una cuestión de sinhogarismo, se trata de un asunto de extranjería”, o sea, de la Ley de Extranjería. Recuerdan también el esfuerzo realizado hasta ahora por el Consistorio, que ha triplicado las plazas estables de viviendas y albergues para personas en situación de exclusión respecto a la pasada legislatura, entre otras cosas.

Hay que reconocer que todo esto es cierto, pero a partir de ahí las prioridades del Ayuntamiento de Pamplona son su propia responsabilidad. Por ejemplo, se anuncia la construcción de una nueva residencia de mayores. El sitio elegido: las ruinas que son techo para un montón de magrebíes. El momento elegido: cuando se estaban haciendo llamamientos de auzolan para dignificar el espacio. Los desalojos masivos son desalojos masivos desde Badalona a Pamplona, aunque en el primer caso nos lo presenten con racismo y, en el segundo, con eufemismos.

La imagen de ayer en la plaza Consistorial no le hace ningún favor al Ayuntamiento de Pamplona en los tiempos de la gentrificación: un nutrido grupo de turistas –quizá demasiado grande– frente al Ayuntamiento. Tras este, en una segunda fila, decenas de migrantes con otras tantas maletas, mochilas y bolsas. Turistas mirando la plaza, pero sin ser conscientes de lo que está pasando en ella. Migrantes mirando al Ayuntamiento, esperando una respuesta.