El día 21 de junio se cumplen 5 años de la legalización de la eutanasia. Esta es la carta de motivación de Clari a la comisión de garantías de la eutanasia mientras se tramitaba su solicitud. Murió mediante eutanasia el día 24 de abril y el día 26 salió una entrevista en este periódico realizada unos días antes.
Ruego se adjunte a la documentación oficial de mi solicitud de ayuda para morir, según Ley de Eutanasia, presentada por primera vez el 18 de marzo de 2026.
Este escrito ha sido realizado por mi hermano Mikel tras nuestras conversaciones habituales durante años mientras paseábamos y, más en concreto, gracias a sus preguntas del 25 de marzo (grabadas con el móvil) y que yo fui contestando, breve y claro, con el corazón, antes del paseo de los miércoles.
He tenido mucho tiempo para ir pensando en irme de este mundo. Lo pienso desde que me vine aquí a la residencia después del hospital. Porque me quedé paralítica y ya no puedo hacer nada. Y después de 4 años, no creo que haya ninguna posibilidad de curación, ni siquiera una mejoría constatable, porque en vez de mejoría estoy yendo para atrás.
Mi familia y amistades saben de mi decisión, de la decisión que he tomado, pero no todo el mundo. A la familia no se lo he dicho a todos, pero ya voy diciendo. Y se lo están tomando bien cuando les explico el porqué. Me entienden. El ambiente de la residencia no es un obstáculo para cumplir mi deseo, mi decisión. Me cuidan muy bien, pero no quiero vivir así.
Tengo los informes clínicos en orden y todo completo. Tengo hecho el testamento y el documento de voluntades anticipadas. Ya había anotado que quería la eutanasia hace dos años, no creo que pusiera representantes pero no creo que me haga falta en este momento porque me valgo.
De momento no he pensado en los miedos, imagino que vendrán después. No tengo miedo a los compañeros de la residencia, ni a la familia, ni a las noches en blanco. Porque paso muchas noches en blanco, pero no es por miedo a morir ni por pedir la eutanasia, sino por otras razones físicas, médicas.
Me preguntas si hay algo que se pueda hacer para cambiar mi idea de pedir la eutanasia, y creo que no hay nada. Estoy convencidísima.
Lo que más me molesta del día a día es que no puedo hacer nada de nada yo sola. Lo que más echo de menos de la vida de antes es todo: la libertad. La libertad de hacer lo que quieras, sin depender de nadie, sin tener que esperar todo el día a que vengan, a llamar. Ahora me tienen que acostar, me tienen que levantar, me tienen que hacer todo. No es plato de placer.
Lo que me ha movido a desear morir, estar muerta y, ahora, a adelantar la muerte, es que esto no es vida. Esto es habitar, no es vivir: eso es. Estoy esperando a que me digan que sí.
No lo tengo planificado cómo será todo. Pero si he pensado dónde. Quiero que sea aquí en esta casa. Y no creo que me falte nada más que pensar, creo que lo tengo todo controlado.
Me preguntas si hay algo de lo que no hemos hablado y de lo que querría decir algo para que figure en esta carta de motivación y valores. Creo que nada. Creo que ya lo tengo todo claro, no tengo dudas; es una decisión consciente, totalmente.