Sin bajarse del autobús
NO me gustó nada que Jose Mourinho asumiera como si tal cosa, casi como un accidente de trabajo en una profesión de riesgo, que el Barcelona le ridiculizara en el Camp Nou. Tampoco me gusta que el resto de partidos de los blaugrana en la liga española, la mayoría de ellos al menos, se tomen, una vez ventilados, casi a título de expediente. Quiero decir que perder contra el Barça cada vez cuenta menos, que se da por hecho y que anula cualquier otro tipo de lecturas que no vayan más allá del elogio y el asombro que provoca el ganador. Hay que reconocer que la diferencia entre el cuadro de Guardiola y el resto de rivales no es abismal sino simplemente inmensurable. Hay diferentes maneras de interpretar el fútbol y luego está lo que hace este Barcelona que cualquier día llega al campo cambiado de casa, calienta, juega, gana y regresa sin abrir la boca. Casi casi como ayer. Partiendo de esta premisa, los aficionados acuden al estadio con pocas expectativas de asistir a un milagro y la mayoría de los rivales sabe que su cuota de sorpresa no va más allá del empate. Como el año pasado Osasuna. Sin embargo, si el discurso de Mourinho no es de recibo cuando el vapuleado es un club grande, tampoco se puede dejar pasar este partido, de Liga, con el Barcelona sin dar pie a alguna reflexión o crítica. Quiero decir, que Messi y Pedro pueden ser más rápidos que su sombra, pero quizás ayer Nelson y los centrales también cometieron errores (caminar hacia atrás en lugar de hacia delante, por ejemplo) en alguno de los goles. Se puede aplaudir la capacidad técnica y estratégica de los medios azulgrana, pero habrá que exigir a los pivotes rojillos algo más de presencia en el control de balón y no limitarse sólo a tapar y vigilar sus zonas de influencia como autómatas. Porque Camuñas, mientras estuvo al cien por cien agobió con su presión sobre los defensas, dificultó mucho la salida de balón y dejó en evidencia que a Puyol y Valdés el viaje les había sentado mal. O sea, que había partido al margen del guión. Incluso Soriano se encontró ante Valdés con la ocasión de su vida, pero a este futbolista se le fichó como centrocampista y se le exige como delantero. Con todo, y dejando sentado que no se discute ni el esfuerzo ni la honradez ni el compromiso de estos futbolistas, en este tipo de partidos tan desequilibrados por el lado técnico e individual, se echa en falta aquella vieja agresividad de Osasuna. La fortaleza en la disputa del balón, el contacto cuerpo a cuerpo, el recordar al rival que a su espalda va a aparecer uno de rojo con algo de mala leche, está por encima de las alineaciones. Y ayer, Osasuna fue, una vez más, un equipo blandito. No quiere ser esto un alegato a favor del juego duro, sólo el recordatorio de que cada equipo tiene sus armas y Osasuna, no sé bien por qué aunque lo intuyo, a veces decide prescindir de las suyas. Y si además el árbitro también cree que este es terreno conquistado y puede dejar impune un claro penalti, de la derrota no nos libran ni los controladores aéreos, ni el mal tiempo, ni la subida del peaje.