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El Barcelona ya no es bienvenido

Las tres horas en las que estuvieron los culés en el Reyno de Navarra fueron acompañadas por los silbidos de la grada rojilla desde que llegaron hasta que se fueron.

Eran las 22.50 horas cuando el colegiado Teixeira Vitienes señalaba el final del partido. Atrás quedaban tres horas en las que el Barcelona, otrora bien recibido en Pamplona, no fue bienvenido en el Reyno de Navarra.

A las 16.00 horas el Barcelona tomaba de urgencia un AVE camino a Zaragoza. La expedición blaugrana partía por fin después de todo el lío. A las 17.47 llegaban a la estación de tren de Zaragoza donde les esperaba una ferviente multitud. Trece minutos después cogían el autobús oficial del Barcelona, que, por cierto, pocas horas antes se encontraba en un hotel de Pamplona.

Después de un viaje de dos horas por la carretera, los culés llegaban al Reyno de Navarra a las 19.50. Llegaban pero no entraban, por que el autobús se metió por un lugar por el que no cabía. Así pues, tuvieron que dar la vuelta al estadio. Esto produjo un problema y es que el cordón policial estaba preparado por el otro lado, así que mucha se agolpó en el bus cuando dio la vuelta al estadio. La policía se hizo hueco a empujones, lo que produjo varios altercados entre los agentes y los aficionados que allí estaban.

Ya por fin, a las 20.00 horas, el autobús aparcó en la puerta del Reyno de Navarra. El primero en bajarse fue Pep Guardiola. El entrenador culé se bajó con varios segundos de antelación sobre sus jugadores y en su cara se atisbaba un enfado mayúsculo. La zona mixta, vacía antes de los encuentros, le recibía llena de periodistas que esperaban la llegada blaugrana.

Cuando empezaron a bajar los jugadores, la pitada que les brindaron los aficionados fue mayúscula. Todos, sin hacer gesto alguno, bajaron rápidamente del autobús. Los últimos Xavi y Alves. Al centrocampista catalán fue al único que se le vio algo más relajado.

Una vez los jugadores ya se encontraban en los vestuarios, los utilleros empezaron a bajar los utensilios de juego a toda prisa. Además, la imagen curiosa fue que, ante las prisas por meter todo en el vestuario, el propio Zubizarreta, director técnico del club, y Manel Estiarte, jefe de relaciones externas del Barcelona, pusieron de su parte bajando maletas y bolsas.

Con el estadio lleno, los cánticos contra el Barcelona se repetían una y otra vez. A las 20.14 saltaron los árbitros y Osasuna a calentar. Los aficionados navarros se volcaron con su equipo. En ese instante se anunció que el encuentro comenzaría a las 20.45, es decir, tres cuartos de hora después de lo anunciado lo cual provocó otra pitada monumental. Además, según el reglamento, a partir de los 30 minutos después de la hora fijada, se considera incomparecencia. Pero ayer fue un caso excepcional. Según el acta, los dos delegados y el colegiado acordaron empezar a jugar a esa hora.

Los catalanes salieron a calentar a las 20.28, Víctor Valdés, y dos minutos más tarde sus compañeros, acompañados de nuevo de una gran pitada. Estaba claro que la incomprensible actuación blaugrana durante el día de ayer había molestado mucho a toda la grada rojilla.

Con gritos de "diles que se vayan", los catalanes abandonaron el campo a las 20.37, con escasos 7 minutos de calentamiento y con la enésima pitada del día.

En el túnel de vestuario algunos jugadores se saludaron amigablemente, pero cuando saltaron los dos equipos al campo, a las 20.45, el abucheo fue menor, pero porque también saltaba Osasuna. A los pocos segundos, volvió la sinfonía de silbidos cuando desde la megafonía se anunció la alineación del Barcelona. Especialmente intensos fueron cuando se dijo el nombre de Pep Guardiola, al que la afición culpó de todo lo acontecido en el día de ayer.

En el partido, la grada gritó, animó y estuvo con los rojillos desde el minuto 1 y siguieron pese a que llegaron los tres goles. El Barcelona consiguió los tres puntos del Reyno, pero también se llevó la sensación de que en el estadio navarro ya no era bienvenido.