Circo e impotencia
OSASUNA vivió ayer una jornada de circo y de mucha impotencia deportiva. Ganó en los despachos, pero perdió lo más importante: el partido y los puntos.
Para el aficionado osasunista no fue un día de fútbol, fue más una jornada de incertidumbre, de nervios y crispación, sellada al final con una derrota justa a la que no se puede poner excusas a pesar del penalti hurtado a Juanfran con el empate a cero en el marcador.
El Barcelona se pasó de listo y ayer se buscó una enemistad gratuita en uno de los estadios en los que siempre había funcionado cierta hermandad y simpatía entre ambos clubes. Se pasó de frenada por el capricho de viajar el mismo día del partido, haciendo partícipe de su desafortunada decisión y de su falta de previsión (la huelga de los controladores) a un Osasuna que había dejado inmaculado en tiempo récord un terreno de juego afectado por la tormenta de nieve del viernes. El club, en defensa de sus aficionados que casi llenaron el campo, no aceptó lógicamente el cambio de fechas del partido propuesto unilateralmente por Federación y Barcelona y se mostró firme en no participar en el circo que le proponían desde la Ciudad Condal. No había razón alguna para que ese partido no se celebrase ayer. Todos los demás equipos de Primera, con viajes más largos y pesados que el del Barça, fueron más previsores, menos señoritos y más solidarios y viajaron por el medio necesario y oportuno para llegar a sus lugares de destino.
Sin embargo, ese intenso y urgente viaje del rival rojillo, no sirvió para que el Barcelona no se comportase como un auténtico líder en el terreno de juego. A ninguno de sus jugadores se le notó exhausto o abotargado por el desafortunado desplazamiento. Muy al contrario. Parecían que habían estado días enteros descansando, porque se les vio frescos, dominadores, superiores, demostrando que en apenas siete horas pueden comer en Barcelona, recorrer 500 kilómetros en tren y autobús, jugar casi dos horas de partido, ganar con solvencia y volver a cenar a la capital catalana. Es decir, como quien sale una tarde de paseo y hace todos los deberes.
Osasuna sólo pudo hacer frente a este equipo de otra galaxia durante los primeros 20 minutos. En esa fase le presionó bien y le quitó los espacios al rival, pero no la posesión del balón. También le faltó más remate y finalización, así como que el árbitro no le hurtase un claro penalti de Pedro a Juanfran con el marcador a cero (El posterior penalti de Sergio y Messi fue en una jugada calcada, pero en el área rival y el colegiado no dudó ni medio segundo en señalarla). Todo pudo haber sido diferente con ese hipotético 1-0, pero igual tampoco, porque el Barcelona se fue haciendo poco a poco con las riendas del partido a través de sus enormes jugadores: Messi, Pedro, Iniesta... A Osasuna le faltó agresividad, constancia y regularidad en su trabajo, más intensidad y más garra para haber tenido alguna opción de lograr un resultado positivo. El Barcelona se comportó ayer como un equipo muy superior, mientras que Osasuna asumió como lógica y normal su inferioridad, mostrando una impotencia y un conformismo desesperante. Más vale que sólo hay un Barcelona y que la mayoría de los equipos de Primera juegan a otra Liga.