Gargantas cascadas
la afonía se propagó por todo Graderío Sur: el frío helador junto a la incertidumbre de si se jugaba o no el partido desde primeras horas de la mañana, la visita del Barça de la manita a los blancos y la esperanza de que los rojos pudieran ganar a ese líder lleno de estrellas fueron la combinación perfecta para que los aficionados de esta parte encadenáramos un cántico tras otro durante más de 90 minutos. Y cuando el árbitro pitó, esas mismas voces despedimos a los rojillos entre aplausos, y con un ¡¡Oooosasuna, Oooosasuna!! Hacía meses que no veía una grada tan, pero tan motivada. Lo dimos todo, a pesar de los tres... La visita de todo un líder, y en las condiciones en que se produjo, fue la inyección para despertar del letargo. Txapi, el primo de David, estaba encantado -el viernes se trasladó desde Ávila hasta Burgos en coche para coger el tren y venir hasta Pamplona donde quería ver, vestido con su camiseta de Osasuna, al Barça-. Él no dudó ni un segundo en coger el tren, como tampoco lo hicieron otros culés, que a las seis y media en el Txoko, ya estaban animando a su Barça, y eso que llevaban en Pamplona desde el mediodía -ellos fueron más previsores que su Dream Team-. Y en éstas, Irantzu ganó su postre navideño, el que se había jugado con un compañero de trabajo si el Barça ganaba o empataba. "¡Ojalá hubiera perdido!", repetía. Aunque sea, disfrutará el día 10 del dulce que le otorgó la amarga pero cantada y cascada derrota.