"El Barcelona pecó de ingenuo y pardillo"
El presidente de Osasuna, Patxi Izco, fue uno de los principales protagonistas del partido ante el Barça, ya que su firmeza ante la Federación y el club catalán permitió que el encuentro se jugara el sábado. Ayer explicó a este diario la jornada tan intensa que vivió.
El presidente de Osasuna, Patxi Izco, fue uno de los principales protagonistas de la jornada futbolística del sábado. Se mostró firme en su defensa de los intereses del club rojillo y evitó el aplazamiento del partido Osasuna-Barcelona al domingo por la tarde, tal y como el club catalán intentó conseguir por todos los medios a pesar de no haber una causa suficientemente importante que avalase su petición. El dirigente rojillo se ganó, por ello, la admiración de la gran mayoría de los medios de comunicación y el respeto de buena parte de los responsables del fútbol español. Sin embargo, Izco reconoció que la jornada del sábado no fue agradable, aunque luchó hasta el final convencido al estimar que la razón le asistía.
La clave de que el partido se jugase el sábado fue que usted se mantuvo firme en la defensa de los intereses del club navarro.
Entre las 11.00 y 11.30 horas del sábado hablé con Sandro Rosell y me puse muy fuerte. Tuve una bronca con él porque no podía entender mi postura. Yo le dije que el problema es que no querían venir. Ellos confiaban en lo que les decía Aena y ahí demostraron tener mucha ingenuidad. Lo que menos se puede decir de ellos es que cometieron una imprudencia temeraria en dejar todo para última hora. No se puede estar pensando en viajar a Pamplona en diciembre y confiarlo todo en el avión. Es cuando menos imprudente por parte de ellos. Durante la conversación le dije que a esa hora aún tenían medios y tiempo suficiente para coger un autobús o el AVE, y presentarse en cuatro horas en Pamplona. Por ello, también le dejé claro que íbamos a ir hasta las últimas consecuencias. Me dijo que no esperaba eso de mí, pero yo le contesté que no podía dejar tirados a mis 18.000 aficionados que se iban a presentar en el campo. No hubiese tenido ninguna justificación ante ellos, porque no había ningún motivo real y justo para el aplazamiento.
También se puso fuerte ante la Federación Española.
Luego llamé a la Federación y les comenté que si estaban barajando la posibilidad de jugar el partido el domingo a las 17.00 no lo iba a aceptar. En el Reglamento pone bien claro que el rival tiene que estar en el campo con antelación suficiente salvo que haya una causa mayor y se deba jugar al día siguiente. Les dije que hiciesen lo que quisieran pero que Osasuna no iba a presentarse para jugar el partido el domingo. Les eché un órdago. No sé qué hubiésemos hecho si nos hubiesen enviado un fax exigiéndonos jugar el domingo, pero de momento dijimos que no. Todo eso generó una incertidumbre enorme: el equipo estaba concentrado; el jefe de seguridad me decía que iba a desmontar el operativo; los medios publicaban que el partido se iba a jugar el domingo; y los jugadores del Barcelona estaban en su casa. Sin embargo, nosotros oficialmente no sabíamos nada.
¿Cómo se resolvió?
A las 14.00 horas llamé a la Federación y a la Liga y a esa hora no me cogían el teléfono. El míster me llamaba y yo le dije que teníamos que pensar que íbamos a jugar a las 20.00 horas. Le dije que no hiciese caso a nadie más. Me fui a comer a las 14.30 horas y a las 15.00 horas me llamó el presidente de la LFP, Astiazarán, y me confirmó que el partido se disputaba a las 20.00 horas. Le llamé a Camacho al hotel para decírselo. Luego me llamó el secretario de la Federación, Jorge Pérez, para informarme de que el Barcelona ya había recibido instrucciones de que tenía que jugar el partido a la hora fijada, las 20.00 horas, y que si no se presentaban en Pamplona, perdían el partido. Me dijo que podían llegar a las 20.00 horas o un poco más tarde. No me importó porque no era cuestión de ponerse intransigente. El árbitro ya había estado en el estadio por la mañana y había dicho que el que no venía a Pamplona era porque no quería. Más claro que el agua.
El partido se jugó tres cuartos de hora más tarde. ¿Lo van a impugnar?
No vamos a impugnar nada. Osasuna es un club señor y queremos ganar los puntos en el campo, no en los despachos. Nos pidieron jugar con un poco de retraso y dijimos que sí. Lo hablamos con el árbitro y dijo que iba a hablar con los dos preparadores para que le dijesen el tiempo que necesitaban para calentar y fijar la hora del partido. Y así fue.
Guardiola habla de presiones para no aplazar el partido.
Puede decir misa, porque la razón le ampara a Osasuna. ¿Nos van a perjudicar y hacer jugar el domingo sin tener ni arte ni parte en todo el problema generado? Nosotros nos movimos y teníamos el apoyo de todo el mundo. Yo actué como debía.
¿Cree que este problema afectará a las buenas relaciones existentes entre Osasuna y Barcelona?
Las relaciones entre ambos clubes siempre han sido buenas y seguirán siéndolas. Nuestras relaciones son buenas con todos los equipos españoles, sin ninguna excepción. Luego puede haber momentos puntuales con ciertos roces. Es algo normal, pero se pasan. Es normal que el Barcelona esté cabreado. Ellos se sentían con la razón, pero creo que desmontamos sus argumentos y la prueba está en que a las 4 de la tarde se pudieron en marcha y a las 8 estaban en Pamplona, demostrándose que a la mañana podían haber hecho el viaje perfectamente. Si no vinieron fue porque no quisieron.
Guardiola culpó a la Federación.
No tengo ni idea de lo que Guardiola o el Barcelona habló con la Federación. A mí me pidieron la opción de jugar el partido el domingo y Osasuna en todo momento dijo que no.
No estuvo Rosell en el palco.
No vino, pero no estaba previsto que viniese a Pamplona
Rosell asumió ayer su culpa.
Reconoce que se equivocó. Fue una pardillada por su parte por confiarse. Más vale para ellos que al final ganaron el partido, porque pudieron haber perdido o que la Federación les hubiese quitado los tres puntos. Si hubiese sido así, Rosell habría tenido un gran lío en Barcelona.