Ese eterno rival
qUE la grada también juega se demostró ayer con el intercambio de cantos y frases dedicados a los vecinos maños y de éstos a la afición rojilla. Es un tipo de encuentro al que la afición rojilla va preparada, como siguiendo un manual básico, forjado por la experiencia, y destinado a poner toda la energía en el duelo, declarado de alto riesgo. Así, el primer punto que la hinchada rojilla tuvo que cumplir fue el cacheo. Superada la prueba, llegó el turno de afinar la voz durante el calentamiento. Acordarse de Lafita, de lo mal que nos quedábamos si Juanfran se iba y de que el encuentro había que ganarlo apelando a lo que un navarro siempre apela. Aunque al enemigo ni agua, se hizo una excepción con el Vasco Aguirre, que se llevó un tímido aplauso. Ahora sí, comenzó el partido y llegó el momento de desplegar el cantoral maño, que cogió fuerza con la entrada de los Ligallo, medio centenar, y los córners a favor de Osasuna. El partido se jugaba más en la grada que en el césped, pero el árbitro Mateu Lahoz se encargó de que la afición rojilla se centrara en el encuentro y sacara a relucir cualquier elemento blanco que tuviese a mano. A eso se le llama poder de convocatoria. La afición pidió a Juanfran que se quedase y durante los diez minutos restantes se esperó que el último partido de 2010 finalizara con un gol rojillo. No fue así, y los osasunistas nos despedimos deseándonos unas felices fiestas. No volveremos a vernos hasta el año que viene.