la Comisión Antiviolencia había decretado el partido de alto riesgo. Y riesgo no sé, pero la rivalidad entre ambos equipos, en especial, entre Indar Gorri y los Ligallos, se dejó sentir desde el minuto 1. El Reyno fue otra vez El Sadar y explotó con el pitido inicial. Osasuna, también. Casi sin tiempo para ponernos cómodas y abrir la clásica bolsa de pipas Plis Plas, que nos acompaña fielmente, los rojillos nos hicieron pegar tres brincos, uno por cada ocasión que tuvieron Soriano, Sergio y Nekounan. Tras el subidón abrimos las pipas e iniciamos otro ritual: entablar con los chavalillos que nos visitan cada domingo. En esta ocasión venían de Orkoien, en concreto, del Kirol Sport. "¿Por qué quieren echar a Camacho?", preguntó uno. "Pues porque sólo se esfuerza cuando juega contra el Barça y el Madrid", le aclaró su amigo, quien después de que la grada pidiese a Juanfran que se quedara, vaticinó que el de Crevillente se irá en 2012. "Eso he oído", se justificó. Mientras los críos debatían, Osasuna seguía asediando sin éxito e Indar Gorri buscaban la mirada de los Ligallos increpando a la Virgen del Pilar, cántico que una vez más no gustó a la mayor parte de la grada. Tras el descanso, el folleto sirvió para que unos diseñaran aviones de papel y otros mostrasen su desacuerdo con el árbitro, que se llevó la primera gran bolsada. El Reyno rugió contra Competición y los chavales buscaron otro oficio a Mateu: "¡Dedícate al parchís!".