Barja pone el sello de la casa

Séptima victoria consecutiva en El Sadar | Osasuna se impone con autoridad al Mallorca con el canterano protagonizando el juego de ataque de su equipo con un gol y la jugada del otro

08.02.2020 | 15:49
Torres y Villar se abrazan a Kike Barja tras el gol mientras el resto de jugadores se acerca para celebrarlo.

Osasuna se impone con autoridad al Mallorca con el canterano protagonizando el juego de ataque de su equipo.

pamplona - Kike Barja fue el mejor carburador de este Osasuna que sigue ofreciendo una imagen excelente como local y que con la autoridad de equipo poderoso liquidó el partido ante el Mallorca sin apuros. El futbolista de la cantera encarnó algunas de las características del conjunto rojillo y fue combativo, atrevido y ambicioso en las dos acciones de los goles, en la primera, aprovechándose de un error del portero, y en la segunda, haciendo de un despeje blandengue una flecha remitida al centro del área que remató Roberto Torres.

Kike Barja puso el sello de la casa de este Osasuna intratable en su estadio. Solidario y combativo, potente y jugando de memoria, así se presenta este equipo reconstruido por Jagoba Arrasate en el que se nota compromiso, confianza e ilusión. Aunque en este campeonato larguísimo y de mucho físico a cada jornada espera una trampa y de aquí a junio cabe todavía un mundo, ahora mismo los rojillos se presentan como uno de los conjuntos más en forma, en clara progresión, muy cerca de encaramarse en lo más alto, en los puestos de ascenso directo.

Los estrechos márgenes de mejora por los que se deberá mover Osasuna como local, hecho advertido por Arrasate durante los días pasados por el fantástico comportamiento en forma de racha de resultados positivos, quizás se ejemplifiquen en encuentros como el de ayer. El equipo continúa sumando de tres en tres en su estadio, pero tal vez comience a barnizar las victorias con el plus de la solvencia. Frente al Mallorca no se pasaron los apuros de otros encuentros con final feliz y el aplomo de los rojillos como grupo imprime a los partidos en El Sadar un espeso ambiente, un ahogo previo que anuncia que no va a pasar nada bueno. Para los que vienen.

Tras la derrota en Las Palmas y la magnitud del rapapolvos, Osasuna llegaba con un estímulo y una autoexigencia mayores a la cita en El Sadar. Todo salió rodado porque antes de los cinco minutos los rojillos ya mandaban en el marcador y no iban a permitir interferencias.

El gol de Barja a los cuatro minutos no alteró al Mallorca, que se mostró como un equipo con personalidad, dispuesto a manejar el balón desde la profundidad del campo propio, asumiendo riesgos. El tanto del canterano fue producto de una cantada monumental del portero del Mallorca. Reina no acertó a blocar un centro y en el barullo por la acometida del atacante perdió la pelota y brindó la puerta vacía. Un fallo mayúsculo en el que nadie reclamó falta al meta. Una concesión excesiva para sacar algo bueno.

A Osasuna tampoco le sentó mal jugar pronto con el marcador a favor. Con pausa con la pelota y voluntad de proyección por las bandas, el equipo de Arrasate ofreció una magnífica imagen con el balón, con un sensato juego de apoyos y centros desde los costados, y también con brío y temple para defenderse. No abundaron las ocasiones, casi ninguna para el Mallorca pese a sus buenas intenciones y la acumulación de efectivos en las jugadas de ataque, pero en la estadística de Osasuna se apuntaron las acciones más interesantes y peligrosas: varios centros sin rematador o con mala puntería final y también una oportunidad para Juan Villar que detuvo Reina.

Con más alardes que hechos, el Mallorca dejó sus mejores minutos en El Sadar en los diez siguientes a la reanudación. Ahí dispuso de una ocasión clara, cuando Rubén, el meta de Osasuna, supo enmendar con una buena intervención un despeje que se había convertido en un peligro. Osasuna consintió en el dominio porque tampoco se notó agobiado, aunque tampoco fueron sus instantes de más chispa.

Kike Barja emergió entonces para reclamar el protagonismo en la jugada del segundo gol. El extremo se lanzó a por una pelota mal despejada y se fabricó una acción de ataque en la que barrió la banda, parte del área y al defensa que le seguía. Roberto Torres colocó el segundo gol en el marcador y el partido terminó. Barja siguió a lo suyo, firmando una actuación excelente, multiplicándose también en las labores de defensa, una delicia para el entrenador. Un ejemplo de este Osasuna.

Los rojillos fueron gestionando sosegadamente los minutos finales, Xisco estuvo a punto de firmar el tercer gol en el primer balón que tocó y David Rodríguez, otro de los que salió del banco, también armó una contra que se mereció el premio. Rubén tuvo tiempo para el lucimiento con un paradón en un lanzamiento de falta de Salva Sevilla. En El Sadar todo parece controlado.