Osasuna ha puesto el foco en la velocidad para potenciar su ataque. El fichaje de Raúl Moro se suma a la presencia de Víctor Muñoz, dos jugadores que se caracterizan por su velocidad y desborde en bandas. Las intenciones de Alessio Lisci son claras, quiere extremos profundos, eléctricos y capaces de romper partidos en transición.

Moro, de 23 años, ha firmado en este mercado de invierno por Osasuna hasta junio de 2031 tras su experiencia en el Ajax y un paso destacado por el Real Valladolid con cuatro goles y cinco asistencia en LaLiga, donde alcanzó una velocidad máxima de 35,3 km/h desde la banda izquierda.

En competiciones de UEFA Champions League con el Ajax, su velocidad máxima media ha sido de 30,69 km/h, con registros consistentes de aceleración hacia zonas ofensivas que le permiten romper líneas rivales. No es solo un jugador rápido en línea recta; es un extremo que interpreta cuándo correr y cómo hacerlo, que fija al lateral y castiga al rival a campo abierto.

En ese perfil también encaja también Víctor Muñoz. El extremo rojillo, de 22 años, se ha consolidado como uno de los jugadores más rápidos de LaLiga esta temporada. Datos oficiales sitúan su velocidad punta por encima de 35 km/h, con cifras que rondan los 36 km/h en competición doméstica e incluso picos cercanos a 37 km/h en sus años con el Real Madrid Castilla. Su explosividad en situaciones de uno contra uno y su insistencia para buscar profundidad le han situado como una de las apuestas de futuro del club.

Velocidad en ataque

La combinación de ambos perfiles da a Lisci opciones tácticas muy claras. Moro aporta ritmo, desborde y capacidad para atacar el espacio desde la izquierda, mientras que Muñoz —más explosivo en línea recta y reiterativo en esfuerzos rápidos— ofrece presencia constante en transición y amenaza en el uno contra uno. Juntos, configuran un frente de ataque capaz de estirar al rival y convertir cada recuperación en una oportunidad para avanzar a gran velocidad.

El técnico italiano ha dejado claro en sus primeras apariciones que pretende un equipo dinámico, con presión alta y transiciones rápidas. Su idea pasa por recuperar y salir disparado, por convertir el robo en ventaja antes de que el adversario se reorganice.

En ese contexto, la velocidad en banda no es un complemento, sino una pieza estructural. Sin extremos que amenacen al espacio, el modelo pierde filo. La apuesta de Lisci por la verticalidad no es casual. El entrenador rojillo busca que su equipo sea capaz de presionar alto, volver a conseguir la pelota y ponerla en campo contrario con rapidez.

Infografía sobre la velocidad de Raúl Moro y Víctor Muñoz. NotebookLM

Tener extremos capaces de alcanzar altas puntas de velocidad se convierte en una ventaja frente al rival y la diferencia de ritmo en carrera puede ser la llave para desnivelar defensas cerradas o provocar desajustes en los repliegues adversarios.

Ese modelo resultó atractivo durante la etapa del técnico italiano en el Mirandés, y una seña de identidad que gustó en la dirección deportiva rojilla con su fichaje. Si Lisci consigue articular esa mezcla de rigor defensivo y verticalidad ofensiva, el impacto de Muñoz y Moro podría será clave para las aspiraciones rojillas en Liga.