Castillejo: “Cuando Jagoba se va, se tenía que haber apostado por mí”
El ya exentrenador de Osasuna Promesas hace un balance positivo de sus ocho años en el filial, pero se va con la espina de no haber tenido la oportunidad de dirigir al primer equipo
Santi Castillejo (Valtierra, 5/9/1971) ha dejado de ser el entrenador de Osasuna Promesas después de ocho años en el cargo, una etapa muy productiva en la que ha acumulado un par de ascensos, varias permanencias en la antigua Segunda B y en la actual Primera RFEF, la promoción de un buen puñado de jugadores y también alguna que otra frustración, como el reciente descenso a Segunda RFEF con el que se despide y el no haber tenido la oportunidad de dirigir al primer equipo de Osasuna.
Relacionadas
Después de ochos años en el cargo, deja el banquillo de Osasuna Promesas. El final de una era.
–Todo comienza y todo termina. Parecía que iba a ser el último año después de tanto tiempo y creo que era el momento de terminar. Una pena no haber terminado manteniéndonos en Primera RFEF, pero era el momento y nada que objetar. Estas cosas hay que asumirlas como vienen. Han sido ocho años muy buenos, pero tenía que llegar el final y era el momento.
¿Cuál es el motivo de su salida?
–Ya desde el principio de temporada se habló de que posiblemente el Fútbol Base cogía el Promesas este año y que iba a haber cambios, que luego no sé si se producirán o no, aunque parece que sí. Asumimos que era el último año pasara lo que pasara y es una cosa normal. El problema es que terminas con el descenso y es un final que no es bonito, pero independientemente de mantenernos o no era el momento de cambiar y de que venga otro a dar nuevos aires al Promesas.
¿Ha sido una salida pactada?
–Es una cosa que ya estaba, no digo hablada, pero que más o menos se veía venir. A veces no hay que decir las cosas para saber cómo vienen.
“Han sido ocho años muy buenos, pero es una pena no haber acabado quedándonos en Primera RFEF”
¿Le hubiera gustado seguir?
–No se daba la situación porque ya eran muchos años. Al final es un desgaste tanto para mí como para el equipo. Era el momento de decir adiós.
¿Qué balance hace de estos ochos años en el filial de Osasuna?
–En términos generales, muy positivo, pero ojalá hubiera dejado al equipo en Primera RFEF y que el que venga pudiera disfrutar de la categoría y los chavales. Pero no hay nada que objetar a estos ocho años. Hemos trabajado muy a gusto y muy bien, consiguiendo cosas importantes, tanto a nivel de resultados como a nivel de que los jugadores llegaran al primer equipo, que era lo más importante, incluso este año pasando a Osambela y Arguibide.
¿Con qué se queda?
–Como entrenador, con los objetivos de conseguir dos ascensos, que es muy importante. Como formador, con que hay muchos jugadores que han mejorado muchísimo. Unos han llegado al primer equipo y otros no, pero todos han tenido una mejora importante. Eso es lo que más me satisface. Y luego ver jugadores que han estado conmigo tres o cuatro años, que llegan a Primera División y prácticamente desde el primer día son productivos, se asientan perfectamente y no les tiembla el pulso por jugar en la máxima categoría. Eso quiere decir que estábamos haciendo las cosas más o menos bien.
“Como entrenador, me quedo con los dos ascensos; como formador, con la mejora de los jugadores”
¿Cómo valora que en las dos últimas Ligas no haya debutado con el primer equipo ningún futbolista formado en Tajonar?
–Hay que diferenciar entre debutar y asentarse en el primer equipo. Es verdad que Osambela y Arguibide ya habían debutado, pero todavía no se habían asentado en la primera plantilla, y este año sí que lo han hecho. Debutar es fácil. Jugar un partido porque sí, para mí no tiene importancia. Tiene que tener importancia que el jugador que suba sea capaz de quedarse en el primer equipo, asentarse por lo menos tres o cuatro años, como ha sucedido ahora o como ha sucedido en el pasado con Javi Martínez, Pablo Ibáñez, Barbero... Por lo menos que estén tres o cuatro años asentados en el primer equipo en la Primera División. Es a lo que tenemos que aspirar, porque debutar por debutar muchas veces es engañar, y eso no es bueno. Lo verdaderamente importante es que el jugador pueda permanecer muchos años, como es el caso de los siete canteranos que hay ahora mismo en el primer equipo o como Adama, que no llegó a debutar, pero que fue traspasado al Athletic por dos millones de euros.
¿Entiende la preocupación de la afición por este motivo?
–Sí. Es normal que la gente se preocupe, porque la gente lo que quiere es tener jugadores de la cantera, de Navarra, de la zona. Es normal que haya una preocupación, pero lo que no podemos hacer es subir jugadores que no hayan tirado las puertas. Yo siempre digo que el futbolista tiene que demostrar que puede jugar en Primera División y eso es muy difícil. Para eso, lo primero que tiene que hacer es ser el mejor en el Promesas y dar pasos. Cuando ha pasado esto, no le ha temblado el pulso al club para subirlos.
Braulio Vázquez, director deportivo de Osasuna, dijo hace poco que no ve a ningún nuevo canterano en el primer equipo hasta dentro de dos o tres años. ¿Lo comparte?
–No lo sé. Es que hablar de tiempos es muy difícil. Los jugadores pueden variar de un año a otro con mucha facilidad, sobre todo cuando son tan jóvenes. Lo que sí es verdad es que no hay que precipitarse y no hay que obligar a que sea un ascenso a Primera División sin verdaderamente merecerlo, que no nos pueda esa presión del entorno porque así lo único que haces es engañar a la gente y engañar al jugador.
También ha habido críticas por la excesiva cantidad de fichajes para el Promesas. ¿Qué opina?
–Siempre digo una cosa que siempre defenderé. Tan importante como los jugadores que han subido al primer equipo es que los que han salido del Promesas, canteranos y no canteranos, y no han jugado habitualmente en el Promesas, ninguno de ellos está en el fútbol profesional. Ni siquiera en Primera RFEF. No nos hemos equivocado con ningún jugador que no ha jugado habitualmente con nosotros en estos ocho años y eso es muy importante para un club de cantera.
¿Ha sufrido o sentido injerencias en su trabajo durante estos ocho años?
–No ha habido ninguna imposición. Simplemente creíamos que, para la mejora del equipo y la mejora de la formación de aquellos jugadores interesantes para nosotros, era bueno rodearles de jugadores de la categoría. Lo importante es el nivel de los entrenamientos. Hacemos unos 210 entrenamientos al año y sólo se juegan 38 partidos. Si en esos 210 entrenamientos no hay nivel, el futbolista no va a mejorar. Y si no mejora, en el partido, que es el examen, va a suspender. Lo verdaderamente importante es entrenar bien y, para entrenar bien, hay que tener el nivel de los jugadores. Entonces, si no los tienes en casa, hay que traer tres o cuatro o cinco de fuera que te den ese nivel y que hagan que los tuyos, los que verdaderamente un día pueden llegar al primer equipo, mejoren. Si no, no lo van a hacer.
De la plantilla que deja, aunque ya se han conocido varias bajas, ¿a quién ve llegando al primer equipo?
–Todos sabemos los nombres de los jugadores que están en la lista de marcados para llegar a Primera División, pero es muy difícil. Y lo es más asentarse. Por eso, vamos a dejar a los chavales que poco a poco vayan evolucionando, que lo demuestren y que no tengan una presión extra, porque eso no es bueno.
¿Si le digo los nombres?
–No hace falta. Es que puedo decir nombres, pero tienen que evolucionar mucho. Todos sabemos que hay jugadores que están marcados, tipo Anai Morales, tipo Bonel, tipo Alykall, tipo Mauro, tipo Álex o tipo Rafa (el portero). Pueden ser ellos, pero tienen que dar pasos y tienen que demostrarlo aún.
“Anai Morales, Bonel, Alykall, Mauro, Álex o Rafa pueden llegar, pero todavía tienen que dar pasos”
¿Cómo ha sido su relación con los entrenadores del primer equipo?
–Perfecta. Naturalmente, con Jagoba (Arrasate) había más confianza porque fueron seis años y el tipo de fútbol que veíamos era muy similar, pero con Vicente (Moreno) también fue una relación muy buena el año que estuvo; y con Alessio (Lisci), igual.
¿Se arrepiente de algo?
–Seguramente habré sido, no injusto, porque siempre lo he hecho con un nivel de profesionalidad, pero habrá jugadores que no han jugado lo que ellos quisieran. Me hubiera gustado que todos hubieran participado mucho más, pero en el fútbol profesional las cosas son así. No puedes mirar atrás. Simplemente tomas decisiones. Así que no es que me arrepienta, sino que me hubiera gustado tener más partidos.
En estos ocho años en el Promesas, ¿ha disfrutado más de lo que ha sufrido, o viceversa?
–He disfrutado más porque los años han sido muy buenos. Es verdad que los dos últimos años en Primera RFEF hemos sufrido mucho, porque andábamos justos, pero aun así también me ha dado mucha satisfacción. Sobre todo este final de campaña, que el equipo parecía que iba a bajar tres meses ante del final de la competición, pero se ha agarrado, ha ido a por todas, ha creído, ha luchado y por un penalti a falta de dos partidos… Creo que nos hubiéramos salvado si metemos ese penalti (el que falló Dani González en Ferrol, en un duelo que acabó 0-0 el día que se consumó el descenso del Promesas a Segunda RFEF). También estoy orgulloso de eso, de que los chavales hayan creído.
¿Cómo cree que va a afectar el descenso al equipo y al club?
–Está claro que la Segunda RFEF no tiene nada que ver con la Primera RFEF. Habrá jugadores que lo van a hacer relativamente bien, pero hay que mirar las cosas con perspectiva. Hacer las cosas bien en Segunda RFEF es más fácil que en Primera RFEF. Entiendo que va a haber una presión social de que, si hay un jugador que en Segunda RFEF lo está haciendo muy bien, tiene que subir al primer equipo. Por eso hay que tener cuidado, tomar las cosas con mucha perspectiva y con mucha calma. Que los jugadores crezcan y, naturalmente, si se lo merecen, pues arriba. La dirección deportiva también quiere que suban jugadores. Es mucho mejor para Braulio y Cata, tanto social como económicamente. De eso no hay duda.
¿Se ha sentido alguna vez cerca del banquillo del primer equipo?
–Hubo un momento en el que, cuando se va Jagoba (Arrasate), creo que era mi momento. Era el momento que se tenía que haber apostado por mí, no se apostó y ya está. No tengo nada más que decir. Creo que era el momento porque llevábamos dos ascensos, habíamos mantenido dos veces al equipo y creo que era el momento justo para haber tenido la oportunidad, sobre todo porque los entrenadores del Promesas que históricamente han subido al primer equipo habían hecho todos los méritos, y nosotros no habíamos hecho menos méritos que ellos. Creo que era nuestra oportunidad. No se dio, porque no se decidió así, y nada que objetar. Esto es fútbol, entiendo todo y renové dos años más sabiendo que ya no iba a subir nunca al primer equipo. Estaba claro.
¿Habló alguien del club con usted del tema o se postuló usted de alguna manera?
–Yo estuve ahí en esa quinela y lo sé porque me lo dijeron, pero no se decidió por mí. Ya está. No tengo nada más que decir al respecto.
¿Pero habló alguien del club con usted?
–Yo estaba en la quinela y se decidió por otra cosa. Ya está. Esto es fútbol. Entrenadores hay muchos, posibilidades hay muchas, no se apostó por mí y ya está. No le quiero dar más vueltas.
¿Es una espina clavada?
–Claro que es una espina. Claro que me hubiera gustado entrenar al primer equipo, más que todo porque creo que merecimos la oportunidad. Otra cosa es que…. No sé cómo es la palabra…
Asumir el riesgo, atreverse...
–Tomar el riesgo, o lo no vieron apropiado, o se quiso apostar por otra gente. Ya está. Son decisiones que tiene que tomar otra gente que no dependen de mí. Yo, y naturalmente mi cuerpo técnico, hicimos todo durante seis años para que se abriera esa puerta. ¿No se abrió? Pues ya está. Llevo toda la vida en el fútbol y entiendo todo.
¿Y ahora qué?
–Ahora a esperar, intentar buscar un proyecto que me guste e intentar acertar, porque en esto del fútbol hay que acertar también. Muchas veces conviene no precipitarse, pero, aunque esperes y elijas bien, te puedes equivocar, porque esto no es como las matemáticas. La idea es intentar ir a un sitio donde se pueda trabajar bien y seguir en la pelea.
¿Se pone algún límite?
–Ninguno. Lo que pasa es que cuando terminas con un descenso es más difícil. No lo vamos a negar. Mucha gente ve lo último que has hecho, que es descender. Entiendo que los directores deportivos saben tu trayectoria, pero también tienen que dar la cara ante su gente. Es decir, ¿cómo voy a llevar a un entrenador que acaba de descender? Pero no tengo prisa.
