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El 5 de julio que dio paso a una de las épocas más duras de la historia de Osasuna

El conjunto rojillo no remontó la eliminatoria ante el Hércules y cayó a Tercera División, una derrota que acabaría marcando el inicio de la reconstrucción del club

El 5 de julio que dio paso a una de las épocas más duras de la historia de OsasunaX. @sotogorri

Hay fechas que se recuerdan por las victorias. Otras, por las derrotas que terminan definiendo la historia de una institución. Para Osasuna, el 5 de julio de 1970 pertenece a ese segundo grupo. Pamplona vivía las últimas horas previas antes de San Fermín. La ciudad se preparaba para la fiesta mientras el equipo rojillo afrontaba uno de los partidos más dramáticos de su historia. Aquella tarde, El Sadar se llenó para intentar una remontada imposible ante el Hércules que no llegó y terminó con los rojillos descendiendo a Tercera, una derrota que, no obstante, acabaría marcando el inicio de la reconstrucción del club.

Era domingo. Faltaban apenas unas horas para que Pamplona se transformara con el estallido del Chupinazo. Las calles ya respiraban ambiente festivo, pero en El Sadar la preocupación pesaba mucho más que la cercanía de San Fermín. Osasuna se jugaba la permanencia en Segunda División frente al Hércules, aunque el desafío parecía inalcanzable. La semana anterior, el conjunto alicantino había castigado con un contundente 4-0 a los navarros en el estadio de La Viña. Aquella goleada obligaba a Osasuna a tratar de protagonizar una de las mayores remontadas que se recordaban entonces en el fútbol español.

Un Sadar lleno de fe

Pese al resultado de la ida, la afición respondió. El Sadar estuvo "casi por completo" lleno, reflejo de una ciudad que no quiso abandonar a su equipo cuando más lo necesitaba. Era una imagen singular: miles de pamploneses acudían al estadio con la ropa blanca preparada para las fiestas, pero con la cabeza puesta en un partido que podía cambiar el futuro del club. Desde el primer minuto, Osasuna atacó con decisión. La obligación era marcar cuatro goles para igualar la eliminatoria. Sin embargo, delante apareció un Hércules sólido, ordenado y consciente de la enorme ventaja conseguida en Alicante.

El gol que llegó demasiado tarde

La insistencia local tuvo premio a diez minutos del final. En el minuto 80, Osaba, que había entrado desde el banquillo, marcó el único tanto del partido. El Sadar todavía soñó durante unos instantes con un desenlace épico, pero el tiempo ya no daba para más. El árbitro señaló el final con el marcador de 1-0. Una victoria insuficiente. El resultado global de 4-1 clasificaba al Hércules, que lograba el ascenso a Segunda División, mientras Osasuna consumaba uno de los descensos más dolorosos de su historia reciente. Al término del encuentro, los jugadores del Hércules sacaron a hombros a su entrenador, César, mientras un grupo de aficionados alicantinos celebraba el ascenso sobre el césped de El Sadar.

La imagen que quedó para siempre

Con los años, aquel partido quedó ligado a una escena que ha pasado a formar parte de la memoria sentimental del osasunismo. Numerosos testimonios recuerdan que Humberto, histórico masajista del club, abandonó el césped de rodillas tras consumarse el descenso, incapaz de contener el dolor. Aunque ese episodio no aparece recogido en las crónicas oficiales consultadas, la imagen ha sido transmitida durante décadas por jugadores, empleados y aficionados, convirtiéndose en uno de los símbolos emocionales de la historia rojilla.

El principio de una nueva historia

Aquel descenso no fue el final, fue el punto de partida de una profunda transformación. La década de los setenta comenzó con enormes dificultades deportivas y económicas para Osasuna, pero también sentó las bases de la recuperación. Bajo la presidencia de Fermín Ezcurra y con una nueva estructura deportiva, el club inició una reconstrucción que culminaría el1 de junio de 1980, cuando regresó a Primera División tras diecisiete años de ausencia.

Quizá por eso el 5 de julio de 1970 sigue ocupando un lugar tan especial en la memoria rojilla. Porque aquella tarde, mientras Pamplona esperaba el comienzo de San Fermín, Osasuna tocó fondo. Y desde ese fondo empezó, sin saberlo, el camino hacia una de las etapas más brillantes de su historia.