una veintena de niños de diversas edades llega al punto de la mañana al local de la Hermandad de la Pasión para vestirse de romanos. Es Domingo de Ramos y ellos forman parte del coro infantil que encabeza la primera procesión de Semana Santa.
Así empezaba ayer el día en la calle Dormitalería, donde cientos de trajes, túnicas, accesorios y demás complementos reposan en las taquillas, esperando a ser utilizados por centenares de figurantes. Personas que durante esta semana representarán por las calles de Pamplona diferentes escenas del Antiguo y Nuevo Testamento.
TRAJES NUEVOS Pero las principales culpables de que las aproximadamente 400 personas que van a participar en las procesiones tengan su traje impoluto son Mª Mar Ganuza y Mª Luisa Sala. Ellas, junto a otras cuatro hermanas, Isabel Chocarro, Mª Paz..., Lucía Gómez e Inés Ganuza, han sido las principales responsables este año de remendar todo tipo de trajes y accesorios, de crear túnicas nuevas y de organizar a los hermanos que también han querido colaborar reparando los complementos de cada personaje.
"Era mucho el trabajo. Hasta ahora siempre se había encargado una comisión de la Hermandad, pero este año se nos ocurrió la idea de hacer un taller. Dicho taller comenzó en enero y ha continuado hasta ahora", cuenta Ganuza. "Solíamos quedar un día a la semana para reparar y coser. Hemos tenido la colaboración de varios hermanos que de forma esporádica se han dedicado más a restaurar elementos como el arpa de David, los gorros de los pajes, han construido varias cruces de madera e incluso las perchas especiales para guardar las pesadas loricas romanas (corazas)", añade Sala.
Ambas, han sido parte de un equipo de mujeres que han quitado horas a su tiempo libre para ayudar en la buena marcha de las procesiones. "Han sido bastantes horas de trabajo pero estamos muy contentas. Mientras cosíamos charlábamos, y se nos hacía más ameno. Luego quien no podía venir de continuo colaboraba cuando podía de otras formas como pintando, plastificando trajes, reconstruyendo elementos, etc", apunta Ganuza, quien insiste en recalcar que siguen necesitando manos que quieran ayudar. "Nuestro trabajo es la restauración de accesorios de menor nivel, porque los pasos (los grupos escultóricos y las andas) tienen ya planificados los trabajos periódicos de conservación y remodelación, que se encomiendan a profesionales", cuenta la costurera.
ILUSIÓN Mucho trabajo concentrado para la utilización de los trajes sólo unos pocos días al año. No obstante, ellas lo tienen claro, las caras de felicidad de grandes y mayores al poder estrenar los trajes lo valen. "Para nosotros es una ilusión ver que todo el trabajo merece la pena. Tenemos que agradecer la ayuda aportada desinteresadamente por mucha gente y esperamos que el taller se siga llevando a cabo todos los años. Probablemente a medio plazo se haga cargo de él la Comisión de Hermanas de la Soledad. Mientras tanto, nuestro objetivo más próximo es crear una base de datos con las habilidades que poseen los hermanos y personas externas que deseen colaborar. De esta forma será más fácil distribuir el trabajo", apuntan.