Plaza del Consejo, 1910
En 1910, año marcado por el paso mágico del cometa Halley junto a la Tierra, el mundo de la cultura tendría que lamentar la muerte de los escritores León Tolstoi y Mark Twain, además de la del excéntrico pintor francés Henri Rousseau "el aduanero". A un nivel más local, los comentarios políticos giraban en torno a la caída del gobierno liberal y el nombramiento como nuevo presidente del ejecutivo del reformista José Canalejas, ratificado por el rey Alfonso XIII en el mes de febrero. Una medida tomada al poco de nombrarse el nuevo gobierno nos da la medida de sus renovadoras y revolucionarias ideas, puesto que el 23 de marzo se autorizó nada menos que la libre circulación de vehículos durante el Jueves y Viernes Santo. Toma ya. España ya no es lo que era, que diría alguno...
La fotografía, obtenida desde las puertas del recientemente renovado palacio de los Guendulain, muestra la Plaza del Consejo (¡ojo, es "Consejo", no "Concejo"!), en primer plano, y la Plaza de San Francisco al fondo. Dos niños juegan con el agua de la fuente de Neptuno, mientras que otro, con menos suerte, acarrea unas maderas en dirección a la calle Zapatería. A la derecha, la valla de madera señala el futuro emplazamiento del edificio de Seguros La Agrícola, que se proyectaba levantar ese mismo año en aquel solar.
HOY EN DÍA la plaza sigue, en esencia, igual que hace 100 años. Va todavía presidida por la fuente de Neptuno, una de las cinco que diseñó el escultor Luis de Paret hacia 1788. Estaba, como sus hermanas, destinada a dar salida pública a la traída de aguas a Pamplona desde el manantial de Subiza, vía acueducto de Noáin, que se inauguraría en 1790. El edificio que la flanquea por la izquierda permanece casi igual, aunque con una evidente reforma, que ha mantenido la disposición de los huecos, las cornisas que marcan el nivel de los forjados y las cadenas de sillar que simulan pilastras, pero que, en cambio, ha eliminado los "espejos" de inspiración tardobarroca que decoraban y aligeraban los paños.
Detrás podemos apreciar la Plaza de San Francisco, espacio público notablemente agrandado con el derribo de la antigua cárcel, con alguna casa que ha permanecido prácticamente inalterada. A la derecha vemos ya el edificio levantado entre 1910 y 1913 por el arquitecto donostiarra Francisco Urcola, que posteriormente sería habilitado como sede del elegante Grand Hotel, y que desde 1972 sería sede de la Biblioteca General de Navarra. Varias generaciones de estudiantes y lectores en general hemos tenido que padecer las estrecheces, los agobios de espacio y las incomodidades de su emplazamiento en tan reducido espacio.
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