Miguel Javier Urmeneta nació en Pamplona el 26 de noviembre de 1915, y fue el mayor de los 12 hijos habidos del matrimonio formado por los pamploneses Ataúlfo Urmeneta Cidriain y María Ajarnaute Arratibel. La familia Urmeneta provenía de Etxarri-Aranatz, aunque llevaba asentada en Pamplona desde la primera mitad del siglo XIX, mientras que la familia materna, los Ajarnaute, provenían de la localidad de Azagra, donde residían al menos desde 1693. Hemos encontrado datos que nos permiten saber que, a principios del siglo XX, el padre Ataúlfo había dado clases de Aritmética en el colegio Huarte de la calle Mayor, antes de abrir la academia de Matemáticas “Urmeneta Hermanos”, en la calle Zapatería. Con el tiempo llegaría a dirigir la Caja de Ahorros de Pamplona, dotando a la familia de una posición económica desahogada. En otro orden de cosas, diremos que los Urmeneta fueron una familia de filiación nacionalista, y que tanto el padre Ataúlfo como el propio Miguel Javier y sus hermanos estuvieron en la órbita del PNV. Él mismo hizo campaña a favor del Estatuto Vasco y fue líder de la Asociación de Estudiantes Vascos. La revista nacionalista Amayur recoge, en su número del 18 de julio de 1931, una lista de los benefactores del joven abertzale Federico Ugarriza, que había quedado ciego tras un ataque de la derecha. Y entre quienes donan dinero para él figuran algunos nacionalistas pamploneses, como el fundador de Osasuna Eladio Cilveti, posteriormente fusilado, y el propio Miguel Javier Urmeneta.

Guerra Civil y División Azul

El golpe del 18 de julio de 1936 le sorprendió en Salamanca, cuando tan solo le faltaba una asignatura para terminar la carrera de Derecho. Y es entonces cuando se produce uno de sus inesperados giros vitales puesto que, con 21 años, y a pesar de la tradición nacionalista de su familia, deja los estudios y se alista en el carlista Tercio del Rey. No fue ni mucho menos el único caso de nacionalista alistado en el requeté en Navarra, y la razón más plausible es que lo hizo para salvar a su familia de las represalias. Según el mejor biógrafo de Urmeneta, Roldán Jimeno Aranguren, Miguel Javier sabía de que iban a fusilar a su padre, lo cual hubiera dejado a su madre viuda y embarazada de su duodécimo hijo. Sea como fuere, Urmeneta dejó inmediatamente constancia de su valía en el frente, y al finalizar la guerra vuelve con los galones de capitán.

Tras el fin de la guerra termina la carrera de Derecho, pero las circunstancias familiares le obligan a tomar otra difícil decisión. Según Roldán Jimeno, la situación extrema de su familia le obligó a alistarse en la División Azul, puesto que su padre y sus tíos tenían abiertos procesos de responsabilidades políticas a manos del Régimen de Franco. Entre 1941 y 1942 Urmeneta luchará en las estepas rusas, encuadrado en el ejército alemán o Wehrmacht, combatiendo en el frente de Nóvgorod y soportando las gélidas temperaturas del invierno ruso, para finalmente regresar como héroe de guerra y portador de la Cruz de Hierro, la célebre condecoración alemana. Ascendido a comandante, completó su formación militar en Fort Leavenworth (USA).

En uniforme de comandante y portando la “Cruz de Hierro” de la Wehrmacht alemana.

En uniforme de comandante y portando la “Cruz de Hierro” de la Wehrmacht alemana. Archivo familiar

Regreso a Pamplona

La muerte de su padre en 1953 marcará el retorno de Miguel Javier a Pamplona. Obtiene el puesto de Ataúlfo como director de Caja de Ahorros de Pamplona, y esta circunstancia será el pivote en torno al que basculará su futura vida en Iruñea. En 1957 se casó con la también pamplonesa Conchita Ochoa Goyeneche, una mujer de gran personalidad, con la que tendría seis hijos, María, Maitena, Luisa, David, y los conocidísimos artistas Mikel y Asisko Urmeneta, que es nuestro interlocutor de hoy. Mientras contempla el antiguo despacho de su aita, Asisko nos dice que, como padre, Miguel Javier fue abierto, tolerante y con una paciencia infinita. Fue además metódico y profundamente creyente, y todos los días iba a misa de ocho. Nunca hablaba de la guerra, aunque les consta que tuvo vivencias terribles, incluyendo la muerte de algún amigo que se desangró en sus brazos. Y cuando le preguntaban por su época en Rusia, contestaba inventándose cuentos infantiles, que contaba en tercera persona.

Entre 1958 y 1964 fue alcalde de Pamplona, cargo que ostentaría de manera personalista, demostrando carisma y personalidad. Para el recuerdo queda aquel 12 de julio de 1958, cuando se presentó en el tendido de sol para disfrutar de los toros como un mozo más de las peñas, algo inusitado en aquella época. Y hay un dato curioso que refleja el carácter poliédrico de Urmeneta: en 1960 era presidente de honor, al mismo tiempo, de la peña Armonía Txantreana y de la Hermandad de la División Azul. Nada menos. Anotamos también que, bajo su fecundísima alcaldía, se dio impulso al denominado Tercer Ensanche pamplonés, se construyeron numerosas viviendas sociales, se ejecutó el sistema de abastecimiento de agua desde el pantano de Eugi, se abrió el polígono industrial de Landaben, y se firmó el hermanamiento con la ciudad de Baiona. Como la alcaldía de un personaje tan complejo como él no podía transcurrir sin controversias, en su tiempo también se regalaron al Opus Dei los terrenos para la construcción de la Universidad de Navarra, y se negoció la devolución a la ciudad de la Ciudadela y los terrenos de los antiguos cuarteles militares, a cambio de un jugoso dispendio económico. Tras su etapa como alcalde fue diputado foral (1964-1971), y ya en la Transición rehusó aceptar una oferta de Adolfo Suárez para convertirse en “supergobernador” civil de las cuatro provincias vascas del sur. La razón para rechazar el puesto fue la negativa del ministro Martín Villa a aceptar sus condiciones, por ejemplo la concesión de una amnistía o la legalización de la ikurriña. Ya en la etapa democrática, Urmeneta quiso sacar adelante su propio partido, el Frente Navarro Independiente (FNI), pero no obtuvo representación en las elecciones generales de 1977.

Nombramiento de Urmeneta como alcalde de Pamplona. Acta Municipal del 2-2-1958 Cedida

El “otro” Urmeneta

Como hemos dicho más arriba, Urmeneta conservó de su juventud nacionalista un cariño muy grande por la cultura vasca. Aprendió euskara, aunque según Patxi Zabaleta, que lo trató personalmente, nunca consiguió hablarlo con total fluidez. Fue impulsor de las primeras ikastolas de Pamplona, San Fermin y Paz de Ziganda, así como de Euskal Herria Irratia, la primera radio que emitió íntegramente en euskara en Iruñea, y escribió varios libros sobre los Sanfermines, además de sus propias memorias. Fue nombrado miembro de honor de Euskaltzaindia y de Eusko Ikaskuntza, y fue, por formación y por vocación, todo un humanista, declarándose “campioniano” por la admiración que sentía hacia la figura política e intelectual de Arturo Campión. Tuvo además una importante veta artística, que arranca cuando en su juventud se matriculó en la Escuela de Artes y Oficios de Pamplona. Fue, en gran medida, un artista vocacional y autodidacta, practicando sobre todo el dibujo y la acuarela. Realizó exposiciones en Pamplona, Baiona, Donostia y Madrid, así como en las portuguesas Tavira, Portimao y Lagos, aunque, según nos dice Asisko, su obra se encuentra hoy muy dispersa. Y no podemos dejar de mencionar que en 1955, durante su mandato al frente de la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona, se abrió la Sala de Exposiciones de García Castañón, donde los mejores artistas navarros de la época encontraron la oportunidad de exponer y dar a conocer su obra.

En el año 1984, y cuando contaba 69 años, Urmeneta sufrió un grave accidente, al resbalar y golpearse la cabeza en las escaleras de los baños subterráneos del paseo de Sarasate. Hubo de someterse a una arriesgadísima intervención quirúrgica, de la que consiguió salir, aunque según asegura Asisko perdió algo de su antigua agilidad mental. Poco tiempo después le fue diagnosticada una leucemia, de la que finalmente fallecería en 1988, cuando todavía le quedaban muchas cosas por decir y contar. En 2014 el Gobierno de Navarra le concedió, a título póstumo, la Medalla de Oro de Navarra.