La huerta comunitaria de Mendillorri ya echa raíces
La juventud del barrio celebra con su Baranza Festa el inicio de la huerta a la espera del visto bueno definitivo del Ayuntamiento a su emplazamiento
Quieren seguir haciendo barrio. Y si es de color verde, mejor. Mediante esta nueva iniciativa, el vecindario de Mendillorri trata de impulsar una huerta comunitaria con el objetivo de cultivar alimentos tradicionales, compartir experiencias entre distintas generaciones y reforzar los lazos entre vecinos al aire libre.
Su origen está en el proyecto Auzoa Ereiten - Sembrar huerta, cultivar barrio, que fue seleccionado en los Presupuestos Participativos del Instituto Navarro del Gobierno de Navarra. Detrás de él se encuentran el centro comunitario Antzara, sospechoso habitual en este tipo de iniciativas, y los jóvenes de @lamultihuerta. En su cuenta de Instagram, Aitor García, Eider Etxebarría e Irene Seminario, naturales de Mendillorri, suben contenido relacionado con la ecología en su propia huerta. Hasta que hace un tiempo vieron que su barrio, especialmente la juventud, expresaba el reclamo de tener la oportunidad de acercarse a la naturaleza. “Lo diferencial respecto a otras huertas , en las que predominan las personas mayores, es que esta se ha visto impulsada por la juventud”, afirmó García.
El proyecto se promocionó con cartelería y se llevó a cabo una primera Asamblea en la que se reunieron 150 vecinos . El reto al que están haciendo frente durante este tiempo es el de mantener la motivación e ilusión hasta el esperado día en el que la huerta tenga su espacio.
Y qué mejor manera de cultivar y sembrar el ánimo que una jornada de fiesta y concienciación como la que se llevó ayer a cabo, la Baranza Festa. Mientras continúan las conversaciones con el Ayuntamiento de Pamplona para que la huerta se haga realidad, ayer se puso la primera piedra, o más bien las primeras raíces. A las 17.00 horas se construyeron en auzolan los dos primeros bancales, un huerto vertical y se plantaron las primeras verduras. Un arranque simbólico con el objetivo de enseñar a todo el barrio lo que se pretende conseguir con esta iniciativa. “La gente ya tenía ganas de mancharse las manos”, reconoció García.
Lo diferencial respecto a otras huertas, en las que predominan las personas mayores, es que esta se ha visto impulsada por la juventud
Antes de eso, durante la mañana se fue caldeando el ambiente con diferentes actividades. Los vecinos disfrutaron de un mercado de producto local y ecológico, intercambio de semillas y el sorteo de una cesta con productos de cercanía. Uno de los momentos centrales de la jornada fue la mesa redonda que se celebró a las 12.30 horas y en la que participaron Alba Arista, cuarta generación de Baso-Beltz baserria y productora de fruta y verdura de temporada, Alba Rípodas, bióloga, ganadera y pastora, Xabier Sabalza, ganadero vizcaíno vinculado a modelos agroecológicos y cooperativos, Haritu Elkarlaguntza, red que impulsa proyectos de solidaridad frente a la precarización, y el Huerto de Mendebaldea, referente de agricultura comunitaria urbana.
A esta mesa formativa le siguió una comida popular organizada junto a Haritu. Por la tarde no se detuvieron las actividades. Hubo BaratzaBingo, con cesta incluida para los participantes, actividades para los más txikis como el cuentacuentos y el concierto del grupo Zaunka, que supuso el final de la jornada festiva.
El Huerto de todo un barrio
Una iniciativa con aspiraciones tan importantes también requiere de una organización a la altura. Al principio, reconoció García, no todo el mundo entendió cuál iba a ser el funcionamiento de la huerta: “La gente pensaba que cada uno iba a tener su parcelita”. Sin embargo, como se recordó ayer, la huerta no es más que otra excusa para permitir seguir haciendo comunidad en torno a un barrio: “Aquí lo que se plantea es un huerto para todos, con una organización asamblearia donde haya turnos, se reparta lo que se coseche y que parte de esta sea destinada a la gente más vulnerable o con necesidades”.
Por otro lado, el huerto comunitario de Mendillorri no pretende ser solo una conexión intergeneracional, también busca ser un espacio en el que poder volver a conectar con la naturaleza. “La gente que vive en barrios o ciudades ha perdido esa conexión, desconoce de dónde vienen las cosas, cómo se cultiva, lo que cuesta...”, expuso García. Una oportunidad de recuperar el vínculo con la tierra, crear un espacio estable ligado a la agroecología y transmitir los saberes tradicionales. De momento, reconocieron que ya ha atraído a mucha gente que no conocían y que ahora se interesan por esta realidad.
La jornada de ayer evidenció que la juventud de Mendillorri tenía ganas de un proyecto como este. La agricultura, representada en este caso por la huerta, no les es ajena. Ahora queda ir regando la semilla de la ilusión para amenizar una espera con aroma a sabor tradicional.