Los más txikis pintan de ilusión la semana en Amavir
El centro de Sarriguren celebra esta semana la cuarta edición de ‘Acampada con mis abuelos’, en la que los usuarios disfrutan en compañía joven
“¡Qué contento está el abuelo!”. La expresión de júbilo de José Antonio Lería Bazo mientras su nieto Aimar le ha ayudado a pintar indicaba que no era un día normal en el centro Amavir de Sarriguren. Las residencias de mayores de Amavir están celebrando esta semana la Acampada con mis abuelos, unos días donde los más txikis pasan la mañana en el centro con los usuarios y llevan a cabo diferentes actividades juntos. Una experiencia intergeneracional para que puedan compartir ideas y vivencias.
Las puertas de uno de los salones se han abierto dando paso a la infantil vitalidad de los niños, que ha llenado todos los rincones de la sala. A partir de ese instante, el único momento de calma que se ha podido apreciar ha sido el de la explicación de la actividad. Este martes ha tocado taller científico. Pintar usando una mezcla de productos para hacer pegatinas. Aunque le ha quedado mucho más claro a los más jóvenes. “Primero la cola, el jabón y luego la pintura de colores”, le ha explicado Nahia Zamora a Ana Mardaras. Lleva tres años en el centro y valora de forma muy positiva el programa, en el que los usuarios desconectan de la rutina y comparten tiempo en compañía: “Estoy muy contenta con los críos, me gustan mucho”.
A Mardaras le encantaba pintar cuando era joven: “Hacía cuadros en óleos de paisajes”. Ahora, como de tantas otras, ya no puede disfrutar de esta actividad como antes. Con la edad ha perdido la vista por completo. Pero a veces el cariño y la ayuda llegan más lejos que los sentidos, y con la guía del pequeño brazo de Zamora, Mardaras ha podido pintar un caballito de mar y un cangrejo. Y aunque no disfrutara el resultado, su diagnóstico sobre Zamora lo tiene claro: “Eres una artista”. Está cumpliendo a rajatabla el consejo que la residente le ha dado para su vida: “Sé buena y trabajadora”.
Tiempo con los nietos
La mañana ha transcurrido entre mezclas de pintura, pinceles y manchas de colores que salían del dibujo y se afanaban en quitar. Algunos residentes tuvieron suerte por partida doble. Están disfrutando de la semana con sus nietos, que forman parte del programa. Es el caso de Maribel Mayayo y su nieta Iris. A la usuaria se le ha hecho la mañana cuesta arriba cuando ha visto la actividad: “Qué complicado es ser abuela...” Aunque a Iris le gusta pintar más que a ella, está disfrutando del tiempo con su única nieta, que exprimiría hasta el último segundo de su abuela si fuera posible: “Hasta quiere quedarse a dormir conmigo”.
Lería también tuvo la suerte de llevar a cabo la actividad con su nieto, Aimar Olázar Lería. Con la sabiduría de quien lo ha vivido todo, le aconsejó a Olázar, ante sus preguntas, que era mejor empezar pintando la concha. Estos Sanfermines va a cumplir su primer año en el centro de Amavir, pero esta semana ha sido la mejor hasta el momento: “Llevan desde el lunes y lo pasamos de maravilla. Estoy muy contento con él”. También su nieto, que tiene claro que pasar tiempo con sus abuelos es “mucho mejor que estar en el cole”. Partía con ventaja. Le encanta la pintura y la semana pasada estuvo dibujando las murallas de Pamplona. Gracias a su ayuda, Lería ha podido ser partícipe de la actividad pese a que también ha perdido la vista.
Hasta que los trabajadores han retirado los dibujos, los distintos grupos han terminado de perfeccionar lo que este miércoles esperan que sean pegatinas para decorar las ventanas del salón. Una actividad como otra de las de estos días con las que los más txikis han coloreado de ilusión la semana de los usuarios del centro Amavir de Mutilva.
Una experiencia compartida
Mientras termina de dar color a su estrella de mar, Iris García Burgos tiene claro que lo que más le gusta de esta semana es “pasar tiempo con los abuelos”. Y aunque lo disfrute más que el colegio, Concha Elorz, la usuaria con la que ha pintado, le aconseja que sea una buena estudiante: “Tienen que aplicarse en el colegio y hacer caso a lo que sus padres les dicen”.
Precisamente uno de los objetivos de Acampada con mis abuelos es que dos generaciones de edad tan diferente pueda compartir tiempo y aprender del otro. “Es una manera de acercar a la gente y la residencia sea familia”, ha expuesto María Ibáñez Araiz, una de las responsables de la dirección del centro. De las actividades participan este año 13 txikis que son hijos de los trabajadores o nietos de los residentes, ayudando de esta manera también a la conciliación familiar la primera semana que no hay colegio.
Ibáñez ha indicado que los principales beneficiados son los usuarios, que disfrutan de una semana distinta para ellos y que les aleja de la monotonía del día a día: “Gusta mucho. Es una semana peculiar porque hay mucha alegría y ruido”. Y además, como algunos residentes “solo soportan el alboroto un rato”, sus horarios y rutinas no se ven modificados para no sufrir alteraciones.
De 9.00 a 17.00 horas, realizan actividades de todo tipo. “Intentamos que sean visuales para que aquellos que tengan capacidades más limitadas puedan participar y disfrutar con los niños”, ha expresado Andrea Pérez Serrano, una de las terapeutas ocupacionales que se están encargando de organizar la semana. Por otro lado, también se pretende que suponga un reto para los pequeños y que colabore en su desarrollo: “El objetivo es que sean también algo educativas”.
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