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Iruña se pone a punto para San Fermín

Una legión de reponedores, turistas y feriantes ultimando los detalles anticipan la llegada de las fiestas

Fotos de los preparativos a dos días del inicio de San Fermín

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Pamplona vive ya su más que típico frenesí presanferminero. A falta de un par de días para que dé comienzo la explosión festiva que se dilatará 9 días, el centro de la capital Navarra era territorio de legiones de repartidores, vendedores de ropa blanca y roja, y turistas curiosos que vagaban de un lado al otro de la ciudad reconociendo el terreno. El parque de la Runa se encontraba plagado de feriantes ultimando los preparativos en sus puestos a escasas horas para su apertura. 

El tudelano Luismi Calavia se guarecía del sol mientras miraba satisfecho su puesto de churros ya montado. “Yo vengo de una familia de feriantes; yo soy la cuarta generación de churreros, mis bisabuelos empezaron con esto”, apuntaba. Calavia, que ya lleva varias ferias encima, admitía que “la cosa ha bajado mucho desde antes”. “Cuando estábamos en Yanguas y Miranda la gente venía muchísimo más que ahora, les pillaba más a mano”, apuntaba. Pese a que la afluencia sea menor que en otros años, Calavia seguirá abriendo su barraca para “alimentar a la gente”. “Vengo de Irún y después voy a Santander, en esas dos ferias se factura más que en San Fermín, antes era impensable”, sentenciaba. 

También comenzaron a verse los turistas más tempraneros que vienen a disfrutar de la fiesta. Entre ellos estaba Margarita Garbayo, chilena de 90 años pero con alma navarra de nacimiento, vivirá sus primeros Sanfermines. “Tengo planeado ir a los fuegos y también al encierro del día 7”, expresaba Garbayo a la vez que se mostraba “emocionada” por volver a su tierra. Una tierra que jamás abandonó del todo pese a los kilómetros de distancia:“En Chile todos los años nos despertamos a las cinco de la mañana para ver el Chupinazo”, describía. 

Durante las jornadas que pase en Pamplona se alojará en casa de su sobrina. Garbayo recalcaba con cierta sorna que aguantará hasta que “la sobrina me deje”. Con un ritmo fuerte e incansable trabajan desde hace una semana y hasta que finalicen las fiestas los reponedores de bebida. El suyo es uno de los trabajos indispensables para que la actividad durante nueve días no decaiga; Carlos Vilches, reponedor originario de Ecuador lo sabe. 

“Este es el quinto día que llevo bebida a bares de Lo Viejo, nosotros no paramos en todas las fiestas y tampoco se nos reconoce tanto”, reivindicaba Vilches mientras llevaba al hombro un bidón de cerveza a un bar de la calle del Carmen. 

Sobre las consecuencias que podría tener la crisis en el consumo durante estas fiestas, Vilches admitía no notarlo:“Que la gente gaste más o menos no sé, los bares sí que nos han pedido lo mismo de todos los años”. Los Sanfermines siguen siendo una mina de oro para los repartidores de la Comarca de Pamplona: “Decir que medio año lo hacemos en San Fermín no sería ninguna locura”. En la Estafeta, uno de los puntos neurálgicos de Pamplona, Hans Beckett y Mariona, dos alemanes que visitan Pamplona durante San Fermín por primera vez reconocían el recorrido del encierro. 

De Alemania a Pamplona

“Si estás en el sitio es más increíble creer que por aquí corran toros sueltos”, reconocía. Ellos serán uno de los muchos turistas que verán la carrera desde un balcón alquilado, una fórmula para ver el acto cada vez más extendida, buena prueba de ellos es que el pasado viernes los balcones de alquiler estaban al 97% de ocupación. 

Con precios que se podrían calificar en algunos casos como prohibitivos, la pareja alemana admitía haber pagado “cientos de euros” por varios días de alquiler. Sin embargo, reconocían que “por una vez en la vida, el precio y el dinero importaba menos”. 

Atraídos por el encierro, Hans y Mariona también verán otros actos menos conocidos de las fiestas. Los visitantes que pisan la capital navarra encuentran en las tiendas de ropa abiertas en el Casco Antiguo para la ocasión su lugar para hacerse con sus prendas de blanco y rojo.  

De todos los establecimientos, Kukuxumusu es el más reconocido. “Los presanfermines son un no parar”, expresaba Alejandro Alcalde, uno de los encargados de la mítica tienda que lleva en su fachada el reloj que marca la cuenta atrás para el inicio de las fiestas. “La prenda que más se vende de largo es la camiseta con la versión Kukuxumusu del cartel”, matizaba Alcalde. Una actividad frenética que no disminuye durante los 9 días de fiesta en Pamplona.