Pamplona ha amanecido este domingo con esos nervios de una ciudad consciente de que durante los próximos días va a ser el foco de miles de miradas. En sus calles se ha percibido una apariencia de normalidad, pero todo el mundo estaba al tanto de lo poco que quedaba, ahora sí, para el 6 de julio a las 12.00 horas.
Y uno de los aspectos característicos de estos días es que ciudadanos de todos los rincones del mundo se acercan a la capital navarra para vivir de primera mano qué tienen de especial estas fiestas.
La estación de autobuses de Pamplona ha sido la calma antes de la tormenta. La vestimenta de los caminantes que paseaban o corrían bajo un tórrido sol de mediodía, calentamiento para unos inicios de San Fermín sofocantes, aún lucía de colores que resultará casi imposible ver en los atuendos de estos días.
La explanada ubicada detrás de la estación, con aspecto atípico al de todos los años, ha mostrado también sus complementos preparados: cubos de basura y contenedores dispuestos para que esta ubicación sea el lugar predilecto para ver los fuegos artificiales.
“En fiestas el mejor plan sigue siendo el respeto”, reza el cartel que dio y va a dar la bienvenida a los pasajeros que vayan llegando a cuentagotas durante las jornadas festivas. La mañana ha ido caldeándose poco a poco. Un nutrido grupo de visitantes venidos de Polonia, alrededor de 40, ha sido el encargado de empezar a poner color a los múltiples acentos que alberga Pamplona en San Fermín. Vestidos de impoluto blanco –los hay que vienen ya más que preparados– han destacado por los pinganillos que llevaban pegados a la oreja, dispuestos a no perderse ni una orden o explicación. Eso sí, aún con el pañuelico guardado en la maleta, como manda la tradición. “Hemos venido desde Polonia en avión a Barcelona. Desde ahí a Pamplona en autobús”. Unas conexiones de lugares y transportes que merecen la pena para vivir estas fiestas.
No han sido los únicos extranjeros con la estación de autobuses como lugar de llegada. Deandre es estadounidense, aunque vive en Madrid, y Matthew es australiano. Vienen “casi todos los años” y se juntan con el resto de americanos a disfrutar de las fiestas: “Nos conocemos ya de otros Sanfermines”.
Aunque están encantados con la locura de las fiestas y se suman a todos los planes, sí que tienen una gran queja: las entradas de reventa. “Buscan que los extranjeros paguemos dinerales por las corridas de toros. Deberían hacer algo”, ha denunciado Deandre. Ellos son personas experimentadas en las fiestas, pero lamentan que otros tengan que sufrir está situación y las autoridades “miren para otro lado”.
La mañana ha transcurrido tranquila en una estación de autobuses que espera ser lugar de paso, sobre todo durante el fin de semana, de miles de personas que no desaprovechan la oportunidad de venir a San Fermín.
“Vengo porque me gusta mucho la tauromaquia y desde hace unos años a la Feria del Toro con mis amigos”
Unos trenes con muchos acentos
Como si de el cohete que avisa a los pamploneses que los toros están en la calle durante el encierro, la metálica voz de la megafonía de la estación de trenes de Pamplona ha anunciado la llegada a las calles pamplonesas de un tren proveniente de Barcelona con visitantes ávidos de fiesta. Entre el reguero de turistas que se apresuraba a montarse en un taxi se encontraba la cuadrilla de Mateo, Alberto y Joaquín;unos jóvenes del Yucatán (México), que esperaban pasar en Pamplona los próximos tres días de fiesta. “Es el primer año que venimos aquí, pero en nuestro país los Sanfermines tienen mucha fama”, ha apuntado uno de ellos, que también portaba la camiseta de su selección. “Animaremos a México hoy aunque lleguemos al día 6 habiendo dormido un poco menos”, ha bromeado sobre el decisivo partido de la selección mexicana de esta madrugada ante Inglaterra.
Otro mexicano que también ha llegado a Pamplona mediante el tren fue Alberto, con 25 años a sus espaldas no son estos los primeras fiesta que vive: “Vengo porque me gusta mucho la tauromaquia y desde hace unos años a la Feria del Toro con mis amigos”, ha apuntado este joven de México D.C. Unos Sanfermines donde resuenan con fuerza y pasión las canciones y melodías de las rancheras del país centroamericano.
Al norte de México, desde Texas (EEUU) han desembarcado cargados de maletas y aún con las almohadas de viaje al cuello, Rufus y Justine. La pareja de jubilados ha venido a la capital navarra atraída por “los encierros y la gente por las calles”. “En nuestro país es una fiesta que aparece a veces en la tele y se conoce algo”, ha afirmado Rufus sin perder la sonrisa, pese a las horas de vuelo y de tren que llevaba encima.
Tal era la curiosidad que le despertaron los encierros a Kenneth Ridley, que en cuanto pudo ahorrar unos dólares no dudó en recorrer los más de 8.000 kilómetros que separan Pamplona y Oregón para verlos in situ. “Estaré el 6 y el 7 en Pamplona, lo justo para ver un encierro”, ha dicho con cierta emoción el estadounidense. Una carrera en la que no tiene pensado participar porque la parece una “bonita locura”.
Ya sin un océano de por medio el “maestro” Moisés, de Málaga, daba la nota de color en la salida de la estación. Con su traje de torero color rojo sangre, ha venido acompañado con sus “mozos de cuadrilla”. “Estos me han traído aquí de despedida de soltero”, ha dicho señalándoles entre risas. Sobre la “faena” que tendrá que hacer frente en Sanfermines, para él es una incógnita: “Me han traído aquí y no sé cuántos días me quedaré”. Lo que pasa en Pamplona, se queda en Pamplona.
De Barcelona venían Montse y Carlos, una pareja veterana en su visita a Pamplona por fiestas. “Nosotros nos ahorramos la estancia; tenemos familia que nos acoge”, ha mencionado la pareja, que este año va por su 17ª San Fermín.
Como cada año, la fiesta no distinguirá acentos, razas y religiones para disfrutar de ella. En total, se espera que visiten en algún momento Pamplona más de 116.000 personas. Conforme se acerca la fiesta, muchos ya comenzaron a llegar.