23 de mayo de 2027. Esa es la fecha marcada en el calendario para que los partidos políticos rindan cuentas ante la ciudadanía navarra. Con la legislatura encarrilada hacia su final natural y descartado un adelanto electoral, la política foral entra en la cuenta atrás hacia unos comicios abiertos y competitivos, condicionados por un equilibrio de fuerzas que ha demostrado ser resistente. A falta de menos de un año para que finalice la XIª legislatura con la disolución del Parlamento de Navarra, solo dos partidos –UPN y PSN– han confirmado públicamente a sus candidatas a presidir el Ejecutivo foral.

A día de hoy, el bloque progresista mantiene una posición de ventaja con 30 escaños frente a los 20 que suma la derecha, una correlación de fuerzas que, sobre el papel, ofrece margen suficiente para revalidar el control institucional. Sin embargo, la prolongada permanencia en el poder –más de una década, aunque bajo distintas fórmulas de coalición– introduce un factor de desgaste que puede traducirse en una pérdida parcial de apoyo en las urnas. La distancia entre bloques, sin embargo, sigue siendo lo suficientemente amplia como para dificultar un vuelco, incluso si la derecha lograra arañar algún escaño.

La ejecutiva de UPN aplaude a Cristina Ibarrola, recién elegida candidata. Iñaki Porto

UPN: La urgencia de volver a palacio

A un año de que vuelvan a abrirse las urnas, en UPN se respira más prisa que rumbo. La designación de Cristina Ibarrola como candidata fue una maniobra acelerada, pensada para cerrar filas cuanto antes ante las presiones del sector ribero y evitar que el desgaste interno haga mella en unas siglas que llevan demasiado tiempo buscando su sitio. El regionalismo navarro acumula ya tres legislaturas consecutivas en la oposición y eso pesa. Pesa en el discurso, en las formas y, sobre todo, en la estrategia. Hay una necesidad evidente de volver al Palacio de Navarra, pero también la sensación de que el camino no termina de estar claro.

La apuesta pasa por el enfrentamiento directo y por el señalamiento constante. Casos como Belate se han convertido en el pilar discursivo de UPN, una última carta con la que intentar erosionar la estabilidad de María Chivite. Pero esa estrategia corre el riesgo de quedarse corta si, como parece, los tribunales no hallan delito alguno y si no va acompañada de un proyecto reconocible. Porque más allá del ruido político, la aritmética sigue siendo la que es y la derecha difícilmente sumará mayoría para investir a la efímera alcaldesa de Pamplona como presidenta. Los apoyos no aparecen y los puentes, lejos de reconstruirse, continúan dinamitados. UPN permanece anclado en la idea del “gobierno robado”, un relato que refuerza la cohesión interna pero que apenas encuentra eco fuera de su espacio natural.

María Chivite promete el cargo de presidenta del Gobierno de Navarra por segunda vez. Javier Bergasa

PSN: A por la tercera de Chivite

En el PSN no ha habido debate sobre el cartel electoral: María Chivite volverá a ser la candidata en 2027 y optará a un tercer mandato. El partido ha cerrado filas en torno a su liderazgo, reforzando una imagen de unidad y estabilidad que, sin embargo, se ha visto sacudida por la irrupción del caso Cerdán, un episodio que nadie tenía en el guion y que ha obligado a reaccionar sobre la marcha. La salida de quien era uno de los principales referentes del partido y las investigaciones sobre posibles irregularidades en obra pública, con los túneles de Belate como telón de fondo, pese a no estar oficialmente en ningún proceso judicial, han abierto una grieta difícil de cerrar.

Chivite ha intentado atajarla desde el inicio, marcando distancias y desvinculando tanto al Ejecutivo foral como al partido de cualquier práctica irregular. La estrategia pasa por contener el impacto, pero la incertidumbre sobre un posible castigo en las urnas no se disipará. El argumentario socialista apunta directamente a una cortina de humo de la derecha, de una ofensiva interesada para erosionar a un Ejecutivo que ofrece estabilidad a Navarra en un contexto global de gran incertidumbre, y con buenas cifras macroeconómicas. Es una línea de defensa previsible, pero no exenta de riesgos, porque el desgaste asociado a la corrupción, incluso cuando no hay responsabilidades directas acreditadas, puede llegar en cualquier momento.

Laura Aznal, con una kufiya palestina, durante un acto político de EH Bildu. Unai Beroiz

EH Bildu: Consolidarse como alternativa

EH Bildu juega una partida distinta al resto. La formación soberanista mantiene abierto el proceso de designación de candidato y, con ello, introduce un elemento de incertidumbre que no parece inquietar en exceso a una organización acostumbrada a medir los tiempos con precisión, con la duda sobre si Laura Aznal repetirá como cabeza de lista. La ausencia temporal de Aznal, una portavoz solvente, de baja por una rotura de peroné, ha servido para poner en primer plano a otros perfiles. Mikel Zabaleta ha asumido el papel de portavoz sustituto, mientras que Irati Jiménez ha ido consolidando su proyección. Su trabajo al frente de la comisión de investigación sobre obra pública y su visibilidad en actos de partido, donde ocupa posiciones destacadas, no parecen casuales. Más bien apuntan a un proceso de acumulación de capital político que podría tener recorrido en el medio plazo.

Todo ello se produce, además, en un contexto especialmente favorable. Las expectativas electorales son especialmente halagüeñas y EH Bildu aspira a la segunda plaza y a disputar el liderazgo del espacio progresista al PSN, un objetivo que hace pocas legislaturas parecía lejano pero que ahora no lo es tanto, gracias a un crecimiento sostenido y una base electoral cada vez más fiel. Además, su influencia ya es determinante en la gobernabilidad y se extiende a numerosos municipios, donde ha demostrado capacidad de gestión y de articular mayorías.

Pablo Azcona interviene en el Parlamento foral. Javier Bergasa

Geroa Bai: El valor del espacio propio

Geroa Bai encara el ciclo preelectoral tras más de una década marcada por el liderazgo indiscutible de Uxue Barkos, con la incógnita de su continuidad aún abierta. Esa espera condiciona la estrategia de la coalición, cuyo reto no es solo mantener la representación en el Parlamento, sino demostrar que el proyecto tiene identidad propia más allá de su figura aglutinadora. La coalición deberá demostrar en 2027 si es una estructura sólida con cuadros capaces de asumir el mando o si, por el contrario, el espacio político corre el riesgo de erosionarse sin el liderazgo que lo vio nacer.

El portavoz parlamentario y sucesor de Barkos al frente de Socialverdes, Pablo Azcona, mantiene un peso orgánico relevante, aunque el equilibrio interno pasa por un momento sensible en el que las dos almas de Geroa Bai miden su capacidad de influencia. En el PNV, conscientes de que el escenario post-Barkos —en caso de confirmarse— abriría una ventana de oportunidad para reclamar mayor protagonismo, parecen decididos a situar a un jeltzale al frente de la lista. En las quinielas destaca Mikel Irujo, cuyo perfil como consejero de Industria y Transición Ecológica se alinea con la apuesta por exhibir solvencia económica. El principal objetivo de Geroa Bai es evitar quedar desdibujada ante un PSN que acapara el foco institucional y una EH Bildu que ejerce de socio externo determinante. El Departamento de Irujo se ha convertido en un activo electoral tras la llegada de inversiones estratégicas y el impulso a la movilidad eléctrica, además de los buenos datos de empleo.

Javier García interviene durante un acto de campaña del PP. Patxi Cascante

PP: Mantener la marca o unirse a UPN

El PP de Navarra vuelve a asomarse al abismo de la irrelevancia, atrapado en el papel de actor secundario dentro de una derecha que no suma. El líder del partido, Javier García, encaraba el nuevo ciclo con su credibilidad erosionada tras la polémica de su currículum, un episodio que dejó un silencio incómodo en sus filas y una opacidad difícil de revertir. A este desgaste se suma su relación con UPN. Con una Cristina Ibarrola ungida como candidata de la fuerza hegemónica de la derecha navarra, el PP se enfrenta a un dilema existencial: aceptar el papel de comparsa bajo los regionalistas o lanzarse a una competencia fratricida que amenaza con mantener fragmentado el voto de un mismo caladero.

La insistencia de los populares en reclamar elecciones anticipadas a María Chivite contrasta con una realidad menos favorable: un PP estancado, incapaz de capitalizar el desgaste del Gobierno y atrapado entre una ultraderecha que presiona y un regionalismo que sigue dominando su espacio natural. En ese contexto, la supuesta candidatura de García parece más una solución de continuidad que un revulsivo real, en un proyecto que aún no ha demostrado capacidad de consolidarse a nivel territorial.

Begoña Alfaro, en la sala de prensa del Palacio de Navarra. Iban Aguinaga

Contigo-Zurekin: Unidad como supervivencia

Contigo-Zurekin ha entrado en una fase de recomposición en la que conviven la voluntad de reeditar la coalición y la incertidumbre sobre su liderazgo. Las fuerzas que integran este espacio han intensificado los contactos para repetir la confluencia en 2027, en un clima que apunta a un compromiso compartido por mantener el proyecto unitario. Sin embargo, la incógnita sobre quién encabezará la lista sigue abierta. La figura de Begoña Alfaro sigue sonando con fuerza, pero su salida de la dirección de Podemos Navarra añade incertidumbre en un espacio donde los equilibrios internos resultan decisivos. La coalición ha asumido esa indefinición como parte del proceso y ha fijado el horizonte de San Fermín como fecha límite para presentar liderazgo y proyecto político. Su principal activo continúa siendo la apuesta por la unidad de la izquierda alternativa, una fórmula que ha garantizado la representación conjunta de morados, IU, Batzarre e independientes.

Más allá de las incógnitas orgánicas, la coalición ha tratado de marcar perfil programático en los últimos meses, aunque la principal clave será su gestión del Departamento de Vivienda, uno de los asuntos más sensibles para la ciudadanía. La izquierda alternativa ya no se limita a proponer desde la oposición, sino que participa activamente en el Gobierno con una cartera de peso, lo que desplaza el foco desde el discurso hacia la capacidad de gestión.

Emilio Jiménez interviene desde su escaño durante un pleno del Parlamento de Navarra. Iñaki Porto

Vox: el impacto de la ola reaccionaria

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Tras una primera legislatura de ruptura interna, desorientación estratégica y escasa incidencia política, Vox aspira a capitalizar el descontento. La fractura de su grupo parlamentario ha sido el golpe más visible. La salida de la parlamentaria Maite Nosti, hoy no adscrita, ha dejado a Vox dividido en dos, debilitando su capacidad de intervención y proyectando una sensación de inestabilidad que contrasta con el discurso de firmeza que intenta trasladar. A esa división se suma un problema de fondo: la incapacidad para marcar agenda. Vox ha quedado relegado a un papel marginal en el Parlamento, con intervenciones que en demasiadas ocasiones han rozado lo estrambótico e incluso el ridículo, pero sin traducción efectiva en el debate político real.

Este vacío estratégico contrasta con un contexto internacional que podría favorecerle. El auge global de la ultraderecha ofrece a Vox una ola sobre la que intentar crecer electoralmente, pese a que, a día de hoy, no se sabe quién encabezará su candidatura en 2027. No parece que Emilio Jiménez vaya a asumir ese papel en un partido que no ha logrado consolidar cuadros ni estructura territorial. Pese a todo, la ultraderecha aspira a aumentar su representación.