Policías infiltrados y negociaciones con el 'fraile Urralburu': la etapa al frente de las ikastolas que curtió a Garaikoetxea
El primer lehendakari de la actual democracia presidió la San Fermin Ikastola antes de dar el salto a la política. Fueron tiempos duros, donde superaron la precariedad gracias a "la vitalidad de la gente"
Contaba Carlos Garaikoetxea Urriza (Pamplona, 2 de junio de 1938 - 4 de mayo de 2026) al periodista Fermín Erbiti que si un día decidió dar el salto a la política fue porque le preocupaba la pérdida del euskera y la conciencia vasca. Y eso lo vivió en primera persona cuando, junto con otros precursores, puso en marcha la red de ikastolas de Navarra en los años sesenta.
De la forma más precaria, con escasísimos medios, pero con toda la ilusión por delante. Eran los tiempos del euskera proscrito, del portazo de las instituciones (salvo la colaboración puntual de algún diputado sensible), de colocar gelas donde se pudiera, de recorrer Navarra para concienciar a padres, de las escuchas. Garaiko cuenta en el libro La realidad de un sueño que junto con Jose Mari Satrustegi dio varias charlas en Lesaka y Bera donde en primera fila estaba sentada la misma pareja de policías de siempre, "desde luego, sin intención de matricular a sus hijos allí".
Lehendakari Garaikoetxea
La negociación con el 'fraile Urralburu'
El lehendakari cuenta también que cogió el testigo del primer presidente de la ikastola San Fermin, Ramón Urmeneta, que pasaba por ser una persona "respetable" para políticos de la época como Miguel Javier Urmeneta o Estanis Aranzadi. "En mi época se iniciaron las negociaciones para comprar las instalaciones del Verbo Divino, donde San Fermin Ikastola estaba alquilada. Recuerdo que esa negociación la hice con el entonces fraile Gabriel Urralburu, por aquel entonces fraile del Verbo Divino, en la cocina del convento. Aquella negociación la culminó el siguiente presidente, Javier Barcos".
Aquella experiencia como presidente de la ikastola, unida a su trayectoria como gerente en una época de muchísimas huelgas, le dio aplomo para la negociación política, concedía él mismo en La realidad de un sueño. "Fueron tiempos de debate interno permanente entre tendencias, siempre con trasfondos ideológicos. Debates en torno al supuesto elitismo del centro o el tratamiento de la religión, que se daban tanto entre los profesionales como entre los miembros de las juntas. Aunque mi vida política me ha hecho participar en infinidad de debates, y algunos muy complicados, pocos recuerdo como aquellos de mi época de presidente de San Fermin Ikastola", recordaba, con reuniones hasta la madrugada y debates tensos propios "de tiempos convulsos, de la vitalidad de la gente y el carácter participativo de las ikastolas".
No solo existían debates a nivel interno. La comisión de Euskera de Príncipe de Viana, donde Garaikoetxea consiguió tener presencia, tuvo que lidiar con una Diputación que no siempre tuvo simpatías por los planes de estudio en euskera. Garaikoetxea tuvo que discutir más de una vez con el director de enseñanza de la época y su estrategia fue conseguir el favor de al menos cuatro de los siete diputados forales. "Miguel Javier Urmeneta era uno de nuestros apoyos, también Ezponda e Irazoki eran accesibles en ese sentido. Y el mismo vicepresidente, Amadeo Marco, siempre decía: "El que honra al euskera honra a sus padres y a sus ancestros". Era una cierta sensibilidad a favor de nuestro idioma que, desgraciadamente, no han tenido los posteriores responsables de la Administración foral en época democrática". "Ahí estuvimos peleando Jose Miguel Oreja, Marcelino Garde y yo, con tensiones con el director de enseñanza de la época, tratando de regularizar la precaria situación de las ikastolas". "Se fue mejorando la situación, aumentando las subvenciones, regularizando la Seguridad Social de los empleados y, de alguna forma, desde ese patronato se superó la situación mendicante de los primeros años".
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