“El estigma nos dice que los viejos no somos felices, pero sin base científica”, sentencia sonriente el doctor Luis Rojas Marcos. Piensa que su libro, El regalo de los años puede ser de utilidad para quienes, en lugar de poner su esperanza en el destino o la suerte, prefieran tomar el timón y prepararse para afrontar los retos de la longevidad, como el desgaste de las capacidades físicas y cognitivas, la jubilación, las despedidas y separaciones de seres queridos, el aislamiento y la soledad.

Quién es

Luis Rojas Marcos (Sevilla, 1943) es doctor en Medicina. En 1968 emigró a Nueva York donde se especializó en Psiquiatría. En 1992 fue responsable de los Servicios de Salud Mental y después director del sistema de Salud y Hospitales Públicos neoyorquinos. Es profesor de Psiquiatría de la Universidad de Nueva York, Doctor Honoris Causa por las universidades de Ramón Lull, del País Vasco y Burgos. Armoniza sus tareas docentes con la práctica psiquiátrica y la colaboración con instituciones dedicadas a temas sociales y de salud pública. Entre sus obras destacan Las semillas de la violencia, La autoestima, Superar la adversidad, Somos lo que hablamos, Optimismo y salud.

Ante el aumento de la esperanza de vida en España, ¿nos estamos preparando adecuadamente tanto individual como comunitariamente?

La esperanza de vida se ha alargado en todo el mundo y España es uno de los países donde más. Ya hay 18.000 personas centenarias, de ellas el 80% mujeres, y más de diez millones mayores de 65 años. El primer paso es ser conscientes de este envejecimiento; lo digo porque de esto no se suele hablar. Quizá porque todavía el envejecimiento está marcado con un estigma de connotaciones negativas. Al hablar de viejo lo hacemos en negativo, así que lo primero es enfocar bien el envejecimiento, para después ver qué podemos hacer para aceptar esta realidad y otra realidad en la que no reparamos.

“El estigma dice que los viejos no somos felices, pero eso no está basado en la evidencia”

¿Cuál?

Que los estudios sobre personas de más de 65 años consideran que tienen bienestar. Llama la atención que un viejo puede ser feliz y que la idea de que no pueda serlo sea por falta de información. Así que hay que prepararse para tener una tercera etapa de bienestar físico, psicológico y social.

En su libro habla de los años, pero la vejez es mucho más que el DNI. Relaciones, salud, seguir aprendiendo, despedidas… ¿Cuáles son los factores clave de la vejez?

El envejecimiento es un proceso que está en nuestros genes. Tener canas y arrugas es normal, no es enfermedad ni maldición, sino lo que nuestros genes piden. En esa normalidad entra que unos viven más que otros. Por esto debemos informarnos bien de lo que se espera con el envejecimiento y sus cambios a todos los niveles, pero no verlo como una enfermedad, sino como normalidad y realidad. Realidad que incluye a un cerebro humano que evoluciona asimilando los aspectos positivos de la vida asimilándolos mejor que los negativos. Por esto, a partir de los 65 años, tendemos a la positividad. Si mostramos fotografías agradables y desagradables a personas de 40 años y dos horas después les pedimos de cuales se acuerdan, responden que de las dos, igual.

La portada de su nuevo libro.

La portada de su nuevo libro. R.O.

Algunos científicos hablan de poder vivir 120 años o más. ¿Vale la pena si no acompaña la salud o si tus seres queridos van desapareciendo?

Valer la pena es algo subjetivo y personal; tiene que ver con nuestro estado de ánimo y forma de pensar. A la gran mayoría nos vale la pena vivir; la alternativa de morir por elección personal es estadísticamente minoritaria. Al 90% de las personas, independientemente de la edad, nos vale la pena seguir viviendo porque entendemos lo que es la vida. La muerte es un paso difícil para casi todos, porque el otro mundo es un misterio, lo que explica que la mayoría, al margen de edad y situación, prefiramos estar vivos.

Ante el dejarse y perder el interés usted interpela a cada uno a coger el timón de su propia longevidad. ¿Es fácil?

Lo hacen la mayoría, pero no hablamos de ello. El 70% de las personas de más de 65 años se organizan para llevar una vida gratificante y la naturaleza de su cerebro va a ayudar a esto. Con la edad hay mayor desgaste de la zona cerebral que procesa estímulos negativos, y tendencia a mantener los recuerdos beatos, lo que llamamos la experiencia. Además, las personas mayores tendemos a valorar la vida en su conjunto. Ponemos el guion a nuestra vida, tendiendo a decir que nos ha ido bien, en general. Ver el conjunto favorece los recuerdos positivos, y aunque no olvidemos los negativos, en general damos un tinte positivo a los sucesos.

El nivel socioeconómico es muy variable en nuestro país. Sus propuestas son muy factibles para ciertas clases sociales. ¿Pero en clases bajas?

Sí, porque son independientes de la posición económica y del estado físico, aunque el dolor sea un importante enemigo de la vida. El consejo de conócete a ti mismo, un apartado importante del libro, y de la vida misma, identifica tus necesidades y ayuda a organizarte para fomentar lo que te gratifica. Antiguamente la felicidad venía de filosofías de la vida, pero cada vez más buscamos el bienestar en lo que nos gusta, en lo que disfrutamos y eso es lo importante, tomar el timón de nuestra vida. Si yo conozco lo positivo y negativo de la vida y mi entorno, podré organizarme para fortificar todo aquello que me gratifica y planear como actuar. Frente a ello está la reacción de quienes dicen “Que sea lo que Dios quiera”, o “Esto es cuestión de suerte”. Es el enfoque que ofrezco en El regalo de los años, porque es más útil y porque incluye pedir ayuda, algo que también supone tomar el control de nuestra vida.

“Muchos se preguntan cómo un viejo puede ser feliz”

La salud es clave. Si el regalo es controlar o cronificar enfermedades como el cáncer, patologías neurológicas o cardiovasculares, ¿los años también serán un regalo?

El regalo de los años va en el sentido de que el cerebro de la persona con la edad tiende de forma normal y natural a ver lo positivo. Al hablar de enfermedad, a mí me ayuda mucho concebir mi vida siguiendo la concepción de la salud como un estado de completo bienestar físico, psicológico y social. Está bien enfocar el dolor y las enfermedades físicas, pero no olvidemos el estado de ánimo, la parte mental, las emociones ni tampoco la necesidad humana de socializar. Evidentemente el dolor afecta a la parte física, pero, además, te hace sentir desanimado y triste; por eso, hay personas que con dolor evitan relacionarse, se aíslan. En mi vida profesional en la Sanidad de Nueva York, a la persona con dolor le pregunto dónde le duele, cuánto y desde cuándo, para después saber cómo le afecta ese dolor a su estado emocional y a su relación. Porque el aislamiento es uno de los grandes peligros, a cualquier edad, pero más en las personas mayores.

Usted habla de tomar el propio timón, ¿también ante la soledad no deseada que cita?

Hay personas que se sienten solas y están rodeadas de gente; hay quienes se sienten solas viviendo en casa con la familia o en centros comunales. Esas personas no tienen posibilidades de salir por sí solas del aislamiento, y si son de edad a veces necesitan ayuda, porque la soledad hay que tratarla.

Con la edad suele aparecer la apatía y la falta de interés; se fueron los hijos, murieron seres queridos. ¿Cómo crear interés por algo?

Estadísticamente no es cierta la idea de que con la edad se pierde la positividad o el interés, es un estigma que marca a las personas mayores. Con la edad seguimos disfrutando al hablar con los vecinos, con amigos o familiares, incluso en sociedades donde la pobreza es un problema. Por otra parte, hay quienes tienen una intensa vida interior y no sienten soledad, aunque vivan solas. Por eso, si queremos ayudar a alguien, hay que preguntarle en qué situación se siente solo y ver cómo solucionarlo, rompiendo el estigma de que la persona que vive sola se siente sola.

La necesaria autoestima. Pero si solo veo arrugas, canas frente a gente joven, guapa y lista... ¿Hay camino para mantener la autoestima a los 80 años?

En primer lugar, prepararse; no negar el envejecimiento. Si alguien de 70 piensa que está como con 30 o 40 años es que no ha captado la realidad de la vida, los cambios normales. Claro, ahí está la sociedad que lo fomenta por motivos económicos. No estoy en contra de las cremas, si te va bien, perfecto. El ejercicio físico ayuda mucho, pero no quiere decir que evite que envejezcas ni te adentres en un mundo de arrugas. Al hablar del envejecimiento normal, si alguien saca el miedo a envejecer quizá sea porque su autoestima esté basada en su físico y tenga miedo a perder esa cualidad. Y quizá sea más importante basar la autoestima en respetarnos y querernos que en el parecido.

"El pedir ayuda también entra en el tomar el control de tu vida”

Dieta, ejercicio y sueño reparador son el trípode de la salud. ¿Sería suficiente para sostener el asiento de la vida?

Hay que cuidar el funcionamiento del ser humano, del cuerpo y de la mente al unísono. La falta de sueño no solo te afecta a tu estado físico, sino también al mental y a tus relaciones. La dieta saludable es necesaria para que nuestro metabolismo funcione. Lo del ejercicio es relativamente nuevo; el primer estudio que demuestra que el ejercicio regular es bueno para la salud es de la década de los noventa. El ejercicio ayuda al cuerpo físico, pero también mentalmente y socialmente, porque haces relaciones con otras personas. Y esto es clave para los mayores.

Todos queremos vivir más años y mejor. ¿Pero a quién dedicaría en especial su libro para envejecer más felices? ¿Más a mujeres que a hombres?

El negativismo y el estigma marcan el envejecimiento humano; las connotaciones negativas se aplican a todos los grupos, ricos, pobres, altos, hombres o mujeres. Habrá quien haya prestado más atención a envejecer mejor que otras, pero la idea es que el envejecimiento es algo natural y debe aceptarse para poder alargar la vida y el bienestar. España es un ejemplo de esperanza de vida, donde debemos aprender de la mujer, que vive más que el hombre por muchos motivos. Uno de ellos es que en general hablan más, y sabemos que la extroversión se correlaciona con la edad; otro es que son menos impulsivas en momentos de crisis. Conocernos cómo somos y saber más sobre el envejecimiento nos ayudará a tomar decisiones que se adapten mejor a nuestra forma de ser, de vivir y a nuestro entorno.