Cuenta Fernando Ibiltzieta Olleta (nacido en Sada el 9 de junio de 1944) que se hizo socio de la peña Irrintzi para llevar los palos. “Y eso que pesaban un huevo y la yema del otro. Ahora son de aluminio, creo”, recuerda.

Hoy, prácticamente retirado de los Sanfermines, disfruta otra Pamplona, la de los paseos largos a diario por “la mejor ciudad de Europa”. En su recuerdo tiene bien nítida la década de 1960, año en el que se hizo socio –el número 52– en el antiguo local del Bayón de la calle San Agustín; y terminó como presidente de la peña.

En esos años, recuerda almuerzos, tardes de toros, meriendas en el patio de caballos y muchas actividades de “la peña más activa de la ciudad”: los equipos de balonmano, fútbol y ciclismo, la subversiva sección de montaña, llena de nacionalistas, o los retos con apuestas. Pero sobre todo dos proyectos que llevaron su impronta. La torre Irrintzi, promovida por él y otros dos socios para paliar un poco el problema de escasez de vivienda –96 pisos a 200.000 pts cada vivienda– de entonces; y las verbenas del Jito-Alai, con las que sacaron “cantidad de dinero” para financiar a la peña.