Seis de la tarde del 6 de julio. Pese a las altas temperaturas miles personas se agolpan en la Plaza Consistorial. Algunos aún con las manchas de sangría y otros vestidos de punta en blanco. Las miradas se concentran en el centro de la plaza, donde en unos instantes, La Pamplonesa y la charanga de la Peña Mutilzarra pondrán música al recorrido.
Las agrupaciones se abren paso desde la plaza Consistorial hasta la iglesia de San Lorenzo, donde más tarde se celebraron las solemnes vísperas de San Fermín.
Este acto se originó a inicios del siglo pasado, con un carácter de protesta a la autoridad. Los mozos impedían el paso de la corporación y de las autoridades. Al inicio, el recorrido de tres calles duraba una hora, aunque con los años la marcha se fue haciendo más lenta hasta el punto de suspenderse en los años 90. En la actualidad, el acto, como en origen, dura una hora aproximadamente. Mikel, uno de los asistentes, confiesa: “Mi abuelo me contaba en qué consistía y todos los embrollos políticos. Llevo unos años viniendo sobre todo por él y el ambiente es increíble”.
Aunque entre los mayores se conoce más la tradición, el acto reúne a jóvenes y adultos que cantan al unísono el Vals de Astráin o Riua Riau. Su ritmo crea un clima inigualable: los mozos bailan alrededor de las agrupaciones y ralentizan su paso, buscando alargar más la fiesta. La letra pegadiza y el famoso grito ‘Riau Riau’ invita a locales y extranjeros a unirse a la celebración.