pamplona. Recibió trece navajazos hace cincuenta días, algunos de los cuales le afectaron órganos vitales. Las cuchilladas que Juan José A.E., de 36 años, sufrió a manos de otro vecino de Arístregui también le llevaron unos días a prisión, supuestamente por haber iniciado la reyerta, extremo que él niega. Y es que asegura que la agresión pudo ser premeditada, porque el resto de los vecinos "querían quitarme de en medio para tapar las irregularidades que hay en las cuentas del pueblo".
El ex presidente de este pequeño concejo, con un censo de apenas veinte vecinos, se instaló en él en 2005, tras heredar la casa de su tío. "Somos de Arístregui de toda la vida. Mi madre siempre ha vivido aquí y nunca ha tenido ningún problema", explica su hermana Rosa, que también ha sido procesada por los hechos ocurridos el 11 de octubre. Todo cambió cuando Juan José decidió optar a presidir el concejo. "Por mi tío sabíamos que había irregularidades en las cuentas y queríamos quitar a la gente que había en el poder, porque había gastos imprevistos sin factura, simplemente papeles escritos a mano", recuerda.
Ya elegido presidente, sus antecesores "me pusieron todos los impedimentos para ver la contabilidad del concejo. Cuando lo conseguí, encontramos gastos sin justificar. Además, todas las construcciones que se habían hecho carecían de permisos de obra. Vimos que había algo raro y entonces empezó el enfrentamiento por parte de los demás vecinos. Todo les parecía mal: que regáramos, que saliéramos a la calle, que subiéramos al monte, que los críos jugaran en la calle... Empezaron las habladurías y el acoso continuo. Te miraban mal, te señalaban, se reían, pasaban por la puerta de casa y escupían... Al principio pensamos que ya se cansarían, pero no se cansaron".
Pasaron los meses y ya en 2009, Juan José acudió al Ayuntamiento de Marcaláin para comunicar que "habíamos detectado que las cuentas no estaban correctas, que había irregularidades urbanísticas. Pasó el tiempo y nadie hizo nada". Mientras tanto, "el resto de los vecinos decidieron disolver el concejo en una reunión en la que nosotros no estuvimos presentes,. Querían tapar lo que habíamos descubierto", sostienen Juan José y su hermana Rosa.
La convivencia se enrareció aún más, apunta ella. "Todo lo que pasaba en el pueblo lo hacíamos nosotros, según ellos. Yo he escuchado a vecinos del pueblo decir que nos tenían que echar y, si hacía falta, se inventarían algo. Y yo me pregunto que hay que hacer para ser vecino de Arístregui. El agresor de mi hermano ni siquiera es vecino del pueblo. Lo que sí tiene es un sobrino en el Ayuntamiento de Marcaláin. ¿Es que para ser vecino de Arístregui necesitas un familiar en el Ayuntamiento?".
Al no tener noticias sobre las cuentas, Juan José se dirigió al Tribunal Administrativo de Navarra, que el 1 de octubre les comunicó que había solicitado esa documentación al Ayuntamiento de Marcaláin. "Les daban un mes de plazo y a los pocos días los vecinos se reúnen y a continuación me apuñalan. ¿Qué se habló en esa reunión? ¿Qué se decidió? Está claro que ese hombre iba a por mí, a matarme, que iba a quitarme de en medio, y creemos que era para tapar las irregularidades en el pueblo", asevera Juan José. Su hermana le apoya. "Ha habido una conspiración para echarnos del pueblo, pero no van a poder. Cuando mi hermano cogió las cuentas del concejo no había ni un céntimo. Cuando las dejó, 120.000 euros", cuantifica Rosa.
la reyerta El 11 de octubre, día de la agresión, Juan José "iba a buscar sus cabras" cuando se topó con Fidel Francisco U.T. y su hijo Martín. "Le llamé la atención porque unos días antes le vimos azuzar a nuestro ganado con una vara. Le dije a ver quién era él para asustarlo. Entonces él me acusó de romper la alambrada y empezamos a discutir. Entre el padre y el hijo me agarraron y empezaron a apuñalarme. Mi padre, que venía por detrás, llegó y empezó a repartir leña porque si no, allí me quedó y no lo cuento", relata.
Juan José niega que él fuera quien iniciara la pelea. "Yo no di ningún golpe. En todo caso le habría pegado mi padre. Parece que nuestra palabra tiene menos valor que la de ellos. Así nos están tratando. Se supone que la Justicia es imparcial y el trato que estamos recibiendo no lo es. La Policía Foral sólo nos vigila a nosotros", se queja la víctima del apuñalamiento, a quien le extraña que se utilice "una navaja para arreglar una alambrada. Normalmente se llevan tenazas, un martillo, pero navaja no".
A su juicio, el encarcelamiento, por el supuesto golpe que propinó al hijo de su agresor es "desproporcionado e injusto". "Por una brecha de 2 centímetros, aunque le hubiera pegado yo, no es para entrar en la cárcel. Cuando me lo dijeron, se me cayó el mundo a los pies. La cárcel es mala, pero pensar que no lo contaba, sentir que me iba a matar, es lo peor. Estoy vivo por poco".
Aunque Juan José está obligado a residir fuera de Arístregui por mandato judicial (ahora vive en Pamplona), sus padres y el resto de su familia continúan haciéndolo. "Tenemos miedo, porque pienso que en las reuniones de vecinos traman algo. Como nosotros para ellos no somos vecinos, se nos excluye. Lo mismo que le ha pasado a mi hermano, me puede pasar a mí", teme Rosa, quien asevera que "tenemos tanto derecho como ellos a estar en el pueblo y no vamos a cambiar nuestra forma de vida por ellos. Somos del pueblo y no sabemos por qué tenemos que irnos", concluye.