El profesor y sociólogo José Antonio Jáuregui, al tratar de identificar a los navarros con el tótem más destacado, escoge estas tres especies de tótem: el escudo, el nombre y el himno de las Cortes. Es decir, un tótem objeto, un tótem nominal y un tótem musical. Y sigue reafirmándose el desaparecido profesor: "Cada vez que un navarro ve el escudo de Navarra, su cerebro archiva esta imagen, aunque él no tenga conciencia de esta operación etnopsíquica. Cada una de estas grabaciones cerebrales es un acto de navarrización". ¿Acertaba el profesor en su diagnóstico o en el retrato caracterológico y espiritual del navarro? Sin duda; pero a mí se me ocurre, caso de ser interrogado por la esencialidad y aún la identidad más marcadas del navarro y de su navarrismo, dirigirme por la vía foral, por considerarlo el símbolo del autogobierno foral.

La foralidad de Navarra es un caso singular de la realidad socio-política española y, aún más, un caso único. El Fuero confiere a los navarros el derecho a decidir sobre todo aquello que les afecta directamente, con el límite del respeto a la unidad constitucional. Pero lo verdaderamente curioso y hasta, en cierto sentido, original del Fuero General de Navarra o Fuero Antiguo, redactado en 1237, es que fuera una norma que limitaba las atribuciones del rey en el Reyno de Navarra y que se garantizaran muchos derechos públicos y privados aun políticos de los súbditos. Redactado en lengua romance, no se conocen versiones ni en euskera ni en francés, el texto primero de los Fueros constituye un hito histórico, la primera piedra de los derechos fundamentales.

Era el pueblo navarro quien alzaba como tal al rey y con la obligación de jurar los Fueros antes de ser proclamado rey. Cuando uno lee con admiración en el frontis del Palacio del Gobierno de Navarra la divisa de los Infanzones de Obanos: "Pro libertate patria gens libera state" que, traducida, significa: "En pie los hombre libres por la libertad de la patria", se da cuenta que relacionaban la libertad individual con la pública. He aquí el principio fundamental del Fuero navarro. Los fueros son fruto del pacto mantenido con lealtad y firmeza entre Navarra y la instancia que, en cada momento, ejerce el poder soberano del Estado. Los Fueros de Navarra, que han sido siempre para los ciudadanos más queridos que conocidos, mantienen plena vigencia y son pieza fundamental para avanzar hacia un futuro de progreso, bienestar y libertad. En el devenir de la legalidad y el respeto hacia esos derechos, más que privilegios, de los navarros con sus preciados fueros, histórica y políticamente se llega al año 1841, en que se estableció la Ley Paccionada de 1841, que instaura lo que se denomina "régimen foral" renunciando a la condición de reino a cambio de obtener una amplia autonomía. En 26 artículos, la Ley Paccionada se ocupa del gobierno político y militar, de la administración de justicia, de los ayuntamientos, montes y las cuestiones de Hacienda.

Esta Comunidad Foral, admirada y hasta envidiada por otras comunidades, sin que hayan faltado los agravios comparativos, sobre todos en las competencias de los impuestos y la distribución de la riqueza, que queda más en casa que en la contribución al erario público, ha ido desarrollando sus Fueros con el "amejoramiento" del Fuero General establecido en un histórico año 1330. Dicho "amejoramiento" sigue su parábola de retoques y de modernización en las responsabilidades de los gobernantes y economistas, de los magistrados y los jueces. En todos los implicados con el ordenamiento jurídico y políticos de un régimen foral perfeccionable.

Digamos como resumen que los fueros son un generador de navarridad, sin duda mucho más que el propio nombre de Navarra, como señala el profesor Jáuregui en su libro La tribu navarra. Otro aspecto señalizador de la identidad navarra y, quizá más, de su singularidad es la del conocido eslogan Navarra, tierra de diversidad. Cuantos han abordado y tratado el tema Navarra, desde Arturo Campión hasta este José Antonio Jáuregui, sin olvidar al polifacético Jiménez Jurío, han podido comprobar lo de la diversidad navarra, no sólo en cuanto a sus zonas (alta o de montaña, media y ribera), sino en cuanto a una característica esencial o diferencial: el bilingüismo. Navarra es una comunidad bilingüe y tan navarros y apreciados como tales son los hablantes en español como en euskera. Pero no ha sido siempre así el trato y la estima que se ha dado a unos y otros. El euskaldun de los valles y montañas del norte de Navarra, como los de la Burunda, ha sido postergado o considerado navarro de otra escala, a otro nivel. Los partidarios de recuperar la "Ribera de Navarra" y volverla a su lugar originario" saben que su causa ha de ser una cruzada cultural o una lucha. Y se apoyan y recurren "a la historia".