pamplona. Las 848 butacas del Teatro Gayarre de Pamplona se ocuparon ayer para presenciar el Festival de las Naciones. El acceso, gratuito previa retirada de invitación en las taquillas, congregó a las 12.30 a un público multicultural.

El espectáculo, que comenzó con un ligero retraso de diez minutos, entretuvo al público asistente durante la hora y media que duró el acto. Tomando el viaje, la cultura, la identidad y el encuentro como hilo conductor, las asociaciones de los siete países representados en el escenario ofrecieron a los asistentes una pequeña muestra de sus culturas.

puesta en escena Tras una presentación conjunta en la que un miembro de cada asociación hilaba una historia común hablando en su lengua natal, Camerún abrió la representación. Los alegres ritmos africanos contagiaron a los asistentes que acompañaron la actuación con palmas. El turno pasó a los colombianos que comenzaron con una canción de orgullo patrio, para luego animarse con un baile pegadizo al ritmo de Pasito. La sensual danza nicaragüense dio calidez a la gélida mañana pamplonesa. La interpretación corrió a cargo de su cuerpo de baile, formado por cinco chicas y un joven, que arrancaron numerosos aplausos.

Mediado el acto, llegó el turno de los más pequeños. Desde el hall del teatro hasta el escenario, una treintena de chavales recorrió el pasillo central de la sala. Eran niños de Rusia y Bulgaria que se encargaron de presentar el alfabeto lírico, al tiempo que despertaron la ternura de los asistentes. Los rusos tomaron el testigo de sus pequeños e interpretaron una pequeña recopilación de canciones eslavas.

A parir de ahí llegó la actuación más espectacular. Miembros de la Asociación Perú Arte iniciaron su repertorio con un poema en una de las más de 60 lenguas que aún se hablan en Perú. Posteriormente, su grupo de baile escenificó con encanto una cacería en la que participaban hombres, mujeres y niños, y que obtuvo como premio más de una sonrisa del público.

Partiendo, al igual que los niños, desde el fondo de la sala, Dimitri Azebaze, contador de cuentos, hizo aparición. Mientras caminaba lentamente por el patio de butacas, se encargó de relatar la preciosa Historia de la resurrección del papagayo. Ataviados con trajes regionales, los búlgaros mostraron el folclore de su tierra mediante cantos y bailes.

ritmo nigeriano Para poner punto y final, los nigerianos tomaron sus instrumentos de percusión y viento. Sus ritmos constantes y pegadizos animaron la estancia mientras algunos de ellos bailaban al son de la música. Finalmente, todos los grupos salieron de nuevo para recibir el calor de los presentes. Pero, cuando parecía que el festival había llegado a su fin, los nigerianos retomaron sus ritmos. Mientras la gente abandonaba sus butacas se encargaron de dejar buen sabor de boca a los asistentes.