La alegría de una gran familia
La Medalla de Oro al Orfeón es una buena noticia para la cultura navarra, aunque el sector no pudo ser partícipe de la celebración. Tal y como marcaba el protocolo, los políticos coparon el acto, en el que el auténtico protagonista fue la agrupación coral.
El Orfeón fue ayer prácticamente el único invitado del mundo de la cultura navarra a su propia fiesta. De las 400 personas a las que se invitó al acto, la inmensa mayoría -y los únicos rostros conocidos- fueron políticos. La rigidez de un acto protocolario de estas características impidió que la celebración fuera compartida por el sector de la cultura. De hecho, el propio Orfeón tuvo que ajustarse a las limitaciones de espacio, que marcaban que como máximo podía invitar a 80 representantes. "Nos ha dado pena tener que prescindir de gente a la que le hubiera gustado mucho asistir, así como de familiares de los propios orfeonistas, pero entendemos que por cuestiones de espacio tenga que ser así", señalaron desde el departamento de comunicación de la agrupación coral.
Para hacer el reconocimiento extensivo a toda la gran familia que conforma el Orfeón, se invitó a representantes de distintas áreas de la entidad y de las diferentes épocas que han marcado los más de 145 años de historia de la agrupación. Entre los asistentes, en los que el gesto unánime era de sonrisa, no pudieron faltar cuatro de los ex presidentes que ha tenido el coro, que se reunieron para la ocasión con el actual, Javier Orella.
los orfeonistas
Transmisores de la pasión por la música coral
Cada orfeonista es un transmisor de la pasión por la música coral. La prueba de ello es que generación tras generación han logrado mantener viva esa llama. Tal y como dijo ayer en su discurso el presidente del Orfeón, Javier Orella, la misma inquietud con la que se reunían los primeros fundadores de la agrupación es la que hace hoy que haya cantera y que ésta pueda llegar a ser, a su vez, el público del futuro. "El público es el alimento del arte", afirma Orella.
Una cadena en la que cada eslabón es igual de importante, como lo pusieron de manifiesto ayer las diversas generaciones que compartieron la alegría por el premio. Una de las más jóvenes era Begoña Garaikoetxea Díaz, de 9 años y miembro del coro infantil. "Me gusta tanto cantar que me enfadaría mucho si no me dejaran hacerlo", dice la joven, quien reconoce que su canción preferida es La princesa negra. Y es que si hay alguien que conoce a fondo la agrupación es ella, ya que en su familia hay hasta tres generaciones de coralistas. La más veterana es su abuela Sagrario Aramburu Olasagarre, socia de honor con más de 60 años de carrera en el Orfeón, donde comenzó a los 14. "Tenía una hermana mayor que empezó a cantar antes que yo, y por eso en casa también me dieron permiso a mí para ir. Ella fue la que me abrió camino", recuerda la orfeonista. "Llegué a ser solista, empecé siéndolo cuando aún no había cumplido los 15. Tuve la oportunidad entonces de cantar el solo contralto de la misa de Beethoven de la Novena Sinfonía", relata.
Posteriormente sus hijos Sagrario y Patxi siguieron sus pasos y entraron a formar parte del coro navarro, hace 30 y 26 años respectivamente. Los dos se mostraban encantados con el galardón que recibió ayer el Orfeón, que para ellos es como un regalo de familia, aunque Patxi opinaba que "es un reconocimiento un poco tardío, porque el Orfeón lleva muchos años haciendo esta labor. Pero bueno, más vale tarde que nunca".
Junto a esta familia, el más veterano de los orfeonistas invitados ayer, Fermín Urtasun, no tenía palabras para describir su emoción por la Medalla de Oro: "Qué voy a decir... Me parece estupendo este reconocimiento". Este socio honorario de 88 años entró al coro cuando todavía no podían cantar mujeres y hacía la voz de contralto -el timbre femenino más grave-. "Luego entraron las chicas y ya no hacíamos falta, así que nos botaron. Yo me fui a la mili y cuando volví entré otra vez al Orfeón y seguí como tenor", cuenta Urtasun, quien añade que la música le ha dado "alegría, bienestar y a mi mujer, porque a ella la conocí en el coro". Se llama Consuelo Úriz y hoy en día también es socia honoraria del Orfeón.
Más en Sociedad
-
Con discapacidad, al volante y en marcha
-
Se entrega un hombre acusado de maltrato atrincherado en una casa en Alicante
-
La Fiscalía pide archivar la causa contra los profesionales del comité que autorizó la eutanasia a Noelia
-
Las víctimas de pederastia en la Iglesia navarra esperan que el acuerdo con el Estado se base en criterios objetivos y una reparación integral